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Humberto Robles
Lunes, 28 de diciembre de 2015

LA SECRETARÍA DE LA CULTURA OFICIAL

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LA SECRETARÍA DE LA CULTURA OFICIAL

 

En México 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa permanecen desaparecidos, la muerte de 49 bebés en la guardería ABC de Sonora sigue sin castigo a los responsables, en promedio siete mujeres son asesinadas al día, el narcotráfico ha permeado prácticamente todas las esferas, día con día aparecen fosas repletas de cadáveres, se practica la tortura, la corrupción es la sangre que corre por las venas de la mayoría de las autoridades y la impunidad cobija con su manto cientos de delitos y crímenes de estado. Es en este contexto que el gobierno mexicano crea la flamante Secretaría de Cultura.

 

Durante el más reciente informe de Enrique Peña Nieto, presidente de México, este anunció la creación de la Secretaría de Cultura. Lo dijo aquel que, siendo candidato a la presidencia, no supo responder cuáles habían sido los tres libros que habían marcado su vida; a duras penas alcanzó a mencionar la Biblia, y posteriormente el título de un libro... pero adjudicándoselo a otro autor. A pesar del ridículo y de la demostración de supina ignorancia, este individuo conduce los destinos de un país y propuso transformar al Conaculta (Consejo para la Cultura y las Artes) en la Secretaría de Cultura.

 

Sin haber promulgado una Ley de Cultura, las dos cámaras aprobaron la idea en fast track, el presidente la hizo por decreto y se creó dicha institución la cual también asumirá funciones que antes dependían de la SEP (Secretaría de Educación); Aurelio Nuño, el impresentable titular de esta institución, argumentó que la SEP "no tenía tiempo para atender a la cultura".


 

LA SECRETARÍA DE LA CULTURA OFICIALSe habló de un desfile de artistas que aplaudieron la propuesta —algunas vacas sagradas del oficialismo—; muchos creadores han guardado silencio al respecto, pero ha habido algunas voces críticas que cuestionan esta secretaría por el “manejo elitista y excluyente de la cultura, consustancial al modelo neoliberal y privatizador que impera en el país”. La escritora Sabina Berman expresa que “nadie ha visto de ella siquiera un perfil, o al menos la sombra furtiva de un perfil. Mucho menos un proyecto”. Ella misma se pregunta “¿para qué una Secretaría de Cultura?” y refiere que Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, “adelantó que la tal secretaria servirá para que toda la jerarquía del Conaculta suba un peldaño en la honorabilidad de los títulos de sus puestos y en el monto de sus salarios, y nada más”. Por su parte, el Dr. Gilberto López y Rivas la llamóLa secretaría de la incultura neoliberal” y el Dr. Lorenzo Meyer cuestionó: “Nueva secretaría ¿de qué, para qué?”.

 

Asimismo los trabajadores del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes) y del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) rechazaron la idea; estos últimos alertaron sobredeficiencias en la propuesta presidencial, como la estrategia de explotación “intensa” del patrimonio histórico, que abriría la puerta a la privatización”, lo cual fue respaldado por varios académicos entre los que destacan Rodolfo Stavenhagen, Pablo González Casanova, Carlos Fazio, Paulina Fernández Christlieb, Yvon Le Bot y Pablo A. Pozzi. Y a una semana de su creación, más de 800 académicos del INHA han demandado ante la ONU “la manera exprés en la que fue creada la dependencia”.

 

Seguramente —no tendría por qué ser lo contrario— la nueva secretaría cargará con los mismos lastres, vicios y corruptelas que su antecesor: decisiones verticales, ausencia de democracia, transparencia y equidad, favoritismos, opacidad en las cuentas, promoción exclusiva de artistas becarios o consentidos del sistema (al estilo stalinista los que están fuera no son tomados en cuenta, simplemente no existen ni se les visibiliza), subsidios repartidos entre unos cuantos y entre los mismos de siempre, y lo peor de todo: perpetuar la visión oficial de lo que es el arte y quienes lo realizan.

 

Igual de grave es que, desde su constitución, ni el Consejo ni esta secretaría hayan implementado como política real —salvo en el papel— la de llevar arte y cultura a todos los rincones del país, a los menos favorecidos, a las áreas marginales, a las comunidades indígenas, a los que nunca han pisado un teatro o una sala de exposiciones (sobre todo en años recientes en los que se ha roto de manera pavorosa el tejido social y donde el arte juega un papel fundamental para su reconstitución). Si esta fuera la verdadera estrategia, ganaría la comunidad y ganarían los creadores que fueran contratados para llevar sus creaciones de norte a sur y de este a oeste; y no me refiero solo a los creadores capitalinos —casi siempre los más favorecidos—, sino a los de todos los estados, generando un verdadero intercambio cultural en toda la república.

 

Pero en los hechos no es así. Desde su fundación, tanto el Conaculta como esta dependencia buscan institucionalizar las artes (irónico, cuando estas surgen de la necesidad y de la rebeldía), y seducen a los artistas como al burro con la zanahoria: por medio de becas y otras dádivas. Así han cooptado a muchos creadores, a otros que pretenden serlo, a otros que ni siquiera lo son y, a lo largo de los años, los han convertido en dependientes económicos del erario público; a estas alturas, sin becas no saben vivir ni desarrollarse. Las instituciones culturales atraen a los artistas convirtiendo a la mayoría en acérrimos defensores del subsidio, entes alejados de la crítica y la autocrítica, que poco o nada cuestionan al estado, ni sus malos manejos, ni sus pésimas políticas -muchas de ellas criminales-, y disfrutan de las mieles que este les proporciona. Como premio a su subordinación, son mantenidos beca tras beca y "fulguran" por ser las estrellas oficiales de la cultura institucional (Damas de la Beca Perpetua, como les llamo yo), inmersos en una mafia que se subdivide en pequeñas mafias. Muchos cambiaron su rebeldía artística por una cómoda mensualidad. De ahí que generalmente sus obras sean cada vez más individualistas, con una visión centrada en su ombligo, alejados de lo urgente, lo necesario y lo universal. Se hablan a sí mismos sin pensar en el público. Su modus vivendi es la beca, anhelan ser reconocidos por el régimen y obtener alguna crítica favorable para después... solicitar otra beca. Así ad eternum.

 

Cultura peñanietista

 

Por otro lado, Peña Nieto designó como titular de la nueva secretaría al último presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, quien ha presidido esta institución por doce años. Parece ser que en todo México, de 120 millones de habitantes, solo este personaje puede ser el ungido capaz de encabezar esta nueva institución. Una propuesta —un tanto "artística", aunque es más bien sarcástica— sería que aprovecharan para clonar a este sujeto, en vista de que tal parece no existir en esta nación otro funcionario competente para llevar las riendas de la cultura oficial. Y es así como, en su primera conferencia de prensa, el titular indicó que con esta nueva dependencia “se abre la posibilidad de potencializar la cultura para que llegue a todos los mexicanos; con el mismo presupuesto del Conaculta, ¿qué malabares hará esta secretaría para alcanzar dicha meta? ¿Y por qué no lo hizo el Consejo en su momento?

 

En resumen, no debe extrañarnos que años atrás Salinas de Gortari haya privatizado gran parte de los bienes nacionales y creara el Conaculta; ahora Peña Nieto terminó de desmantelar al país, implementó una serie reformas -todas ellas privatizadoras- y creó la Secretaría de Cultura. Vivimos en un neoliberalismo galopante donde todo es susceptible de ser privatizado, incluyendo los bienes culturales. De ahí que, en esta suerte de gatopardismo a la mexicana, nada cambie con esta simulación y -más bien-, se agudicen las problemáticas que se han venido generando y arrastrando. Ante este panorama, no pronostico nada benéfico para la sociedad en su conjunto ni para el grueso de los creadores nacionales, salvo para los que están enquistados en el sistema y viven de él.


 

 

 


 

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