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Antonio J. Cuevas
Lunes, 7 de diciembre de 2015
El complemento indirecto se sustituye siempre por «le» o «les»

Con el laísmo hemos topado

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Soy andaluz, pero vivo en Madrid desde hace casi treinta años. Cuando llegué tuve que escuchar más de una vez a gente de la facultad que me comentaba: debes tener muchas faltas de ortografía, ¿no?

Yo no entendía por qué lo decían, y entonces me soltaban: no, como hablas así, sin distinguir unas letras y comiéndote otras… Yo les recordé que así hablaban también Lorca, Machado, Alberti, Góngora, Aleixandre, Cernuda y un largo etcétera. Personas, todas ellas, que no pecaban de demasiadas faltas de ortografía (o a lo mejor tenían un buen corrector a sus espaldas).

 

Lo que más me molestaba de eso era que me lo reprochaba alguien que decía que a su profesora «la dijo» que le subiera la nota. ¡Horror! Pero al parecer, los pecados, cuando ocurren en la zona centro, son menos pecados. De hecho, he leído más de una novela publicada en buenas editoriales en las que se sigue escapando por ahí algún que otro laísmo.

 

Y ya que estamos en el terreno personal, debo confesar algo: cuando llegué a Madrid, los laísmos chocaban contra mis oídos como explosivos, olían a azufre desde la distancia. Ahora, tras tanto tiempo conviviendo entre ellos, ya dudo más de una y más de dos veces.

 

Seguramente los que leéis esto sabéis qué es un laísmo, pero no está de más recordarlo.

 

En verdad, el laísmo no está solo, está acompañado por su hermano el loísmo y por su primo el leísmo. Laísmo es simplemente utilizar «la» o «las» en lugar de «le» o «les» para el complemento indirecto femenino. Loísmo es utilizar «lo» o «los» en lugar de «le» o «les» para el complemento indirecto masculino.

 

Su primo, el leísmo, por el contrario es utilizar «le» o «les» para sustituir un complemento directo en que, esta vez sí, se podía utilizar «la», «las», «lo» o «los».

 

Parece un batiburrillo, pero no es muy complicado.  Si recordamos, el complemento directo solo lo pueden llevar los verbos transitivos (coger algo, sembrar algo, beber algo, arrancar algo, mover algo…), y este complemento nunca lleva preposición, a excepción de cuando es un complemento de persona, donde se añade la preposición «a» («agarré a Luisa»). Y de ahí, de esa simple preposición, viene el error.

 

El complemento directo de persona se puede sustituir por «la», «las», «lo» o «los» según sea masculino, femenino, singular o plural. El complemento indirecto se sustituye siempre por «le» o «les»: «le pegó una paliza» («paliza» sería el complemento directo; para aclarar si es hombre o mujer a quien le han pegado, habría que añadir «a él» o «a ella»).

 

En fin, no quiero seguir ahondando en esta parte teórica que se da por sabida y que resulta aburrida de leer. Me iré a algo más práctico. Desde que empecé a tener dudas, más que analizar la frase, ver si el verbo es transitivo, transformar la oración en pasiva y otras tareas gramaticales, cambio el pronombre a masculino, y si suena fatal, ya no dudo, era un laísmo. En Madrid todo el mundo dice «la dije que se fuera», pero a todos les suena mal «lo dije que se fuera». ¿No está así más claro? «La pegó una paliza» se oye a veces (por desgracia), pero no «lo pegó una paliza». La transformación del «la» en «lo» es un buen truco para ver si nos encontramos ante un laísmo.

 

La lengua, no obstante, es un organismo complicado, y no todo iba a resultar tan sencillo. Hay una serie de verbos y construcciones en los que existe vacilación entre el uso de uno u otros pronombres, e incluso en los que se aceptan ambos. No es cuestión de extenderse ahora como si esto fuera un libro de texto, baste poner un par de ejemplos (si alguien quiere profundizar puede hacerlo en la  Nueva gramática de la lengua española.

  • Existen una serie de verbos, llamados «de afección física», que indican acciones que afectan a nuestro ánimo: convencer, asustar, sorprender, molestar… Con ellos, la línea divisoria no está clara. Son verbos que admiten «la», «lo» y «le», y sus plurales. Hay que ver si el sujeto es activo o no en la oración «lo (la) asustó con su disfraz», frente a «a mi hijo(a) le asusta que apague la luz».
  • Hay otros verbos, llamados «de influencia», que son los que incitan a una persona a realizar cierta acción: mandar, obligar, prohibir… En este caso, el pronombre es complemento directo cuando los verbos van acompañados por un complemento precedido por una preposición: «la autorizó a entrar», «la obligó a sentarse», «la convenció de estudiar más duro»…

 

No se trata de llevar una aplicación en el móvil que nos diga cuándo hay que usar «la» y cuando no, pero no está de más dudar, preguntarse si lo estamos haciendo bien, y consultar la gramática de vez en cuando. Es uno de nuestros mayores tesoros.



 

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2 Comentarios
Fecha: Viernes, 4 de agosto de 2017 a las 00:32
Fernando Cudrado
En mi opinión, el laísmo y demás son "vicios" del lenguaje de alguna manera; no digo que haya que procurar utilizar correctamente los complementos pero creo que no se puede considerar una falta "grave".
Llamar analfabetos a los que han adquirido este vicio me parece del todo desproporcionado. Ignoro de qué país es usted pero estoy seguro que compadres también tienen sus defectos y yo no les descalificaría de esta manera.
Fecha: Lunes, 10 de julio de 2017 a las 23:31
EleazarOrtiz
¿En serio haban así en España? Deben ser sólo los analfabetos, me cuata creerlo.

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