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Fran Vega
Domingo, 14 de agosto de 2016
clarinete, dos violines, viola y violonchelo

El quinteto de Brahms

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Noticia clasificada en: Música clásica

Hablemos de Brahms, del compositor menos romántico de entre los románticos, del más clásico cuando los clásicos ya no estaban y del más moderno cuando los modernos no habían aparecido todavía.

 

Nacido en Hamburgo en 1833, y aventajado pianista desde su infancia, Johannes Brahms comenzó a componer en la adolescencia y pronto mostró su predilección por los clásicos, especialmente por Haydn y Mozart, y por Beethoven, afinidad que mantendría durante toda su vida. Hacia 1853 conoció a Robert Schumann, con cuya esposa Clara, también pianista y compositora, estableció un vínculo de amistad que se prolongó durante más de cuarenta años y que determinó la trayectoria artística y personal del músico.

 

Schumann murió en 1856, cuando Brahms apenas había compuesto algunas piezas para piano. Seis años después decidió instalarse en Viena, aunque para entonces ya había escrito el concierto para piano n.º 1 en re menor y el sexteto de cuerda n.º 1 en si bemol mayor y había comenzado los cuartetos para piano n.º 1 en sol menor y n.º 2 en la mayor.

 

Fue en Viena, ciudad en la que permaneció durante el resto de su vida, donde Brahms desarrolló su principal actividad compositiva y donde logró su primer reconocimiento importante con Ein deutsches requiem op. 45, escrito para soprano, barítono, coro y orquesta y estrenado en la catedral de Bremen en 1868. Al réquiem alemán siguió la finalización de la rapsodia para contralto, coro masculino y orquesta op. 53 (1869) y la sinfonía n.º 1 en do menor op. 68 (1876), cuya composición se prolongó durante catorce años.

 

En los años inmediatamente posteriores escribió la sinfonía n.º 2 en re mayor (1877) y el concierto para violín en re mayor op. 77 (1878), un perfecto homenaje a Beethoven y al concierto que en 1806 estrenó para el mismo instrumento y con la misma tonalidad.

 

Jack Brymer, uno de los mejores intérpretes de BrahmsDos sinfonías más —la tercera en fa mayor op. 90 (1883) y la cuarta en mi menor op. 98 (1885)—, el concierto para piano n. º 2 en si bemol mayor op. 83 (1881), el doble concierto para violín, violonchelo y orquesta en la menor op. 102 (1887) y diversas composiciones para voz y piano pusieron fin a esta primera y prolongada etapa creativa, pues hacia 1890 Brahms decidió que había llegado el momento de abandonar la composición.

 

Sin embargo, y hasta su muerte en 1897, el músico alemán aún escribió otras obras para voz y piano y, sobre todo, el quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda en si menor op. 115, estrenado en Berlín en diciembre de 1891.

 

Se ha asegurado en ocasiones que la música de Brahms tiene un característico tono melancólico y nostálgico propio del romanticismo, pero lo cierto es que en la época en que escribió el quinteto para clarinete estaban ya muy afianzadas en él la influencia del clasicismo y su creciente admiración por Bach. Además, si había finalizado el concierto para violín a partir del de Beethoven, compuso esta obra sin perder de vista el quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda en la mayor KV 581, escrito por Mozart en 1789.

 

Los antecedentes en el uso protagonista del clarinete en la obra de Brahms hay que situarlos en el trío para clarinete, violonchelo y piano en la menor op. 114, compuesto después de haber conocido al clarinetista alemán Richard Mühlfeld —del mismo modo que Mozart compuso el suyo tras conocer al también clarinetista Anton Stadler—, mientras que sus consecuencias hay que buscarlas en las dos sonatas para el mismo instrumento escritas en 1894 (op. 120).

 

El quinteto para clarinete, dos violines, viola y violonchelo en si menor op. 115 está dividido en cuatro movimientos (allegro, adagio, andantino y con moto). El primero comienza con una melodía ejecutada por violines antes de que aparezca el registro grave del clarinete, que da paso al violonchelo y después a la viola para conducir a la tensión del segundo tema, que se transforma en calma con frases de tres notas entre el violonchelo y el clarinete. La recapitulación del movimiento aparece con el tema del principio y con una evolución descendiente hasta el final.

 

El adagio se abre con una melodía del clarinete y una contramelodía de la viola que evoca el tema principal del movimiento anterior antes de dejar que el instrumento de viento adopte una forma improvisada de aire húngaro que finaliza con un instante de calma. Se trata de un adagio en el pleno sentido del término que los concertistas tuvieron que repetir en el día de su estreno a petición del entusiasmado público que asistió.

 

El tercer movimiento (andantino) se inicia con el papel protagonista del clarinete y las contramelodías de viola y violonchelo y concluye con una breve sección que contiene dos temas contrastantes —uno en semicorcheas y fusas y otro en ritmo sincopado— antes de que la coda reutilice el tema del principio.

 

Por último, el movimiento con moto está basado en un tema y cinco variaciones mozartianas en cuyo desarrollo es patente la polifonía de Bach. Se establece también un diálogo entre el violín I y el clarinete relacionado con el andantino para que después el viento evoque el tema inicial de la obra. A continuación el violín II y la viola desarrollan la cuarta variación para que el clarinete ejecute la quinta como una coda que retoma el inicio de la obra, un tipo de cierre con el que Brahms aportaba siempre cierto sentido de uniformidad a sus composiciones.


Los miembros del Amadeus String Quartet en 1955

 

El tono melancólico atribuido al compositor alemán tiene en esta pieza uno de sus mejores ejemplos, si bien el quinteto aparece salpicado de pasajes más briosos que recuerdan el de Mozart y otros que anuncian ya un giro importante en la música contemporánea y que muy pronto aparecerá en las partituras de autores europeos y norteamericanos.

 

Los registros de este quinteto, de unos cuarenta minutos de duración, una de las obras del compositor más grabadas junto a Ein deutsches requiem, son muy numerosos tanto en su instrumentación original como en los que la viola sustituye al clarinete. De todas las grabaciones, son especialmente interesantes las realizadas por el Allegri String Quartet y el reconocido clarinetista Jack Brymer (Decca) y por el Amadeus String Quartet y Karl Leister al frente del instrumento de viento (Deutsche Grammophon).

 

Si les gusta Bach, si les gusta Mozart y si les gusta el jazz, les gustará el quinteto para clarinete de Brahms. Y no podrán dejar de escucharlo.

 

 

 


 

 

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