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Humberto Robles
Viernes, 24 de abril de 2015
Un pueblo sin teatro es un pueblo sin conciencia

Teatro documental: Teatro útil

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Noticia clasificada en: Teatro

El llamado Teatro-documental no es un género teatral propiamente dicho, sino una variante de la dramaturgia, una mezcla de propuestas teatrales que integran al periodismo, los testimonios reales y otros recursos que utilizan hechos verdaderos para ser dramatizarlos y llevarlos a escena.


Mujeres de arena

 

UN PUEBLO SIN TEATRO ES UN PUEBLO SIN CONCIENCIA

RODOLFO USIGLI, DRAMATURGO MEXICANO

 

Las cuestiones sociales en México, principalmente el movimiento del 68 y en específico la matanza de estudiantes en Tlatelolco —un crimen de estado que permanece impune—, han sido tema de varias obras de teatro escritas por dramaturgos como Jesús González Dávila, Pilar Campesino, Emilio Carballido, Adam Guevara, Juan Tovar, José J. Vázquez, Wilebaldo López, entre otros.

 

Por su parte, el tema de los feminicidios, el asesinato sistemático que se viene cometiendo desde hace más de 22 años en Ciudad Juárez (el cual ha cobrado más de mil quinientas niñas y mujeres secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas, y un saldo de aproximadamente 700 desaparecidas), no ha pasado inadvertido a autores teatrales como Antonio Zúñiga, Alan Aguilar, Norma Barroso, Víctor Hugo Rascón Banda, entre otros, quienes han escrito obras sobre estos crímenes de lesa humanidad. Parece que estos dramaturgos sí han creído y entendido aquello que expresó el dramaturgo mexicano Rodolfo Usigli (1905-1979): “Un pueblo sin teatro es un pueblo sin conciencia”.

 

Por mi parte, en 2001, establecí contacto con varios integrantes de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, una organización de familiares y amigos de víctimas del femicidio en Ciudad Juárez, a fin de colaborar con su lucha. De aquí nació la obra de teatro-documental Mujeres de Arena – Testimonios de mujeres en Ciudad Juárez[1].

 

Esta obra cuenta con cuatro testimonios reales: el de una madre, el de una hermana, una prima y el diario de una víctima; todo esto intercalado con datos e información sobre el femicidio, así como poemas o textos de diversos autores como Antonio Cerezo Contreras, ex preso político y defensor de derechos humanos; la politóloga Denise Dresser; Malú García Andrade, cuya hermana Lilia Alejandra fue asesinada en Ciudad Juárez en 2001; la escritora María Hope; la catedrática de la Universidad de Virginia Eugenia Muñoz; Marisela Ortiz co-presidenta de Nuestras Hijas de Regreso a Casa; Servando Pineda maestro investigador de la UACJ y asesor político de NHDRC; y del actor, director y escritor Juan Ríos Cantú.

 

Mujeres de Arena se estrenó en el zócalo capitalino el 25 de noviembre de 2002, Día Internacional de la No violencia contra las mujeres y las niñas. Desde entonces a la fecha, esta obra ha sido montada por más de 140  grupos profesionales y amateurs en la Ciudad de México, en muchas otras ciudades del país, así como en Argentina, Australia, Canadá, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, República Dominicana y Uruguay. Cabe mencionar que ha sido transmitida tres veces por radio en Guadalajara, Montevideo y Sydney.

 

Por otro lado, en el 2009, la editorial Los Textos de la Capilla -Segunda Época-, dirigida por Boris Schoemann, accedió a publicar esta obra, aceptando que las ganancias obtenidas por las ventas sean destinadas íntegramente a Nuestras Hijas de Regreso a Casa y otras organizaciones en lucha y resistencia.

 

Yo he sido el primer sorprendido al ver el impacto que ha producido esta obra y la forma en la que se ha multiplicado en múltiples rincones del planeta. Es curioso que un tema aparentemente local haya cobrado tanto interés dentro y fuera de México. Me parece que este éxito se debe, en parte, a que desde un principio subí el texto a internet a fin de que cualquiera pueda descargarlo gratuitamente y montar la obra, siempre y cuando se conserven íntegramente los textos y se dé los créditos correspondientes; esto bajo la licencia de Copyleft (Creative Commons).

 

Mujeres de arena

 

Por otra parte, gracias a la sensibilidad y solidaridad de todos los autores, ninguno cobra derechos autorales por representar esta obra. De igual forma tampoco obtenemos ganancias por las ventas del libro, ni de la versión digital[2], ya que todo lo recaudado por libros y montajes lo hemos donado a organizaciones de derechos humanos no gubernamentales.

 

Durante la presentación del libro de Mujeres de Arena en la Casa Lamm, el director de teatro Boris Schoemann recordó cuando le pedí sólo unas cuantas funciones para llevar esta obra al Teatro La Capilla, y cómo al final terminamos quedándonos en cartelera por más de tres meses con teatro lleno. De ahí, estuvimos un año representándola en espacios muy diversos: desde preparatorias, plazas, pasando por festivales de resistencia y otro tipo de lugares alternativos. Reproduzco lo que dijo Boris durante la presentación del libro: “Cuando un dramaturgo habla de los verdaderos problemas de la gente, los teatros se llenan y el público responde… como lo demuestra el hecho de que esta obra se ha representado en México, Latinoamérica, Europa y Estados Unidos”.

 

Porque desde siempre el teatro ha sido un medio sumamente eficaz y contundente para mostrar nuestra realidad y causar un gran impacto en el público. La gente suele ver los periódicos o los noticieros y enterarse de que, por ejemplo, durante la gubernatura en el Estado de México, Enrique Peña Nieto –hoy presidente del país-, fueron asesinadas más de 900 mujeres en Chimalhuacán, cuyos crímenes permanecen impunes. Eso es una fría estadística, un número más en la enorme lista de asesinatos que se cometen de lunes a domingo en México. Por ello considero que, a través del teatro, se puede lograr sensibilizar y concientizar al espectador más allá de las cifras, dándole un rostro y una voz –gracias a actrices y actores comprometidos- a aquellas y aquellos que ya no están. Un testimonio real o un diálogo veraz sobre estos hechos, generalmente provoca más emociones que un artículo periodístico o una recreación ficcional de los hechos.

 

Así que la evidencia derrumba los argumentos que se empeñan en propagar las grandes compañías privadas que se dedican a maquilar teatro “comercial” y que desdeñan o ignoran por completo a los autores nacionales. El público no sólo quiere ver obras exitosas o comedias musicales importadas de Broadway o Londres, muchas veces ajenas a nuestra realidad e idiosincrasia, a lo mucho tropicalizadas a nuestro país; no espera evadirse de su realidad con obras insulsas e intrascendentes como las que abundan en la cartelera teatral; no está ávido de ver a personajillos efímeros de la televisión llevados al escenario; no busca la risa fácil, ni los desnudos gratuitos, ni una obra repleta de morcillas o chistes vulgares. Hay un público que asiste y paga su boleto para ver una obra que dista mucho de ser “divertida”, sino que refleja la cruel y cruda realidad en la que vivimos. Obras que hablan de los verdaderos problemas que nos aquejan, también pueden ser un éxito de público y de crítica.

 

A propósito de lo anterior, Jean Paul Sarte manifestó que “lo primero que hay que hacer para el auditorio popular es producir sus propias obras – obras escritas para él y que hablen de él”. Asimismo expresó que “escenificar a Racine o Don Juan está bien… pero carece de importancia”. De ahí la urgencia en que los dramaturgos aborden los temas sociales que vivimos actualmente para abrir un espacio de discusión y reflexión llevando, a la postre, una documentación teatral de los acontecimientos de nuestra época.

 

Por lo mismo, es pertinente rescatar el término “Teatro útil”, frase acuñada por Bertolt Brecht, quien afirmaba que debía existir un teatro que se ofreciera a servir “a la preocupación del momento, justo de ese momento que es nuestro […] cuanto más útil para la generalidad es la moraleja de cualquier tragedia, tanto más excelente debe ser esta obra en su género”.

 

A su vez, Ernst Fischer expresó que “en una sociedad decadente, el arte, si es veraz, debe también reflejar la decadencia. Y, a menos que quiera quebrantar la fe con su función social, el arte debe mostrar el mundo como algo en continuo movimiento. Y ayudar a cambiarlo”.

 

Sé que una obra de corte social, ni ninguna otra, cambiarán la realidad que se vive en Ciudad Juárez, ni en el resto de México, ni en el mundo; tampoco frenarán ni erradicarán la violencia de género ni el femicidio que se extiende alarmantemente a otros lugares del país; sería ambicioso y soberbio creerlo. Lo que sí sé es que este tipo de obras logran crear conciencia y sensibilizan a la gente. Ese es nuestro aporte, un granito de arena para denunciar e informar sobre los más de 22 años de asesinatos de niñas y mujeres, que permanecen en la más absoluta impunidad. Esta es una de las satisfacciones que puede darnos una obra de esta índole, hacer que un texto se convierta en herramienta de combate, solidaridad y que promueva una acción útil y directa. Dejar de ser testigos o meros cronistas, para volvernos partícipes.

 

Es por ello la importancia del teatro-documental, el teatro-testimonial, el Teatro del Oprimido, o cualquier variante del teatro social, denostado muchas veces llamándolo “panfletario”, tan necesario en estos tiempos críticos que vivimos. Cuando se evita o menosprecia cualquier creación con contenido político y social, habría que recordar las palabras de Brecht: "Cuando el arte se dice sin partido, eso significa que pertenece al partido dominante".

 

Para finalizar, comparto un fragmento del poema de Juan Ríos Cantú titulado “¿Hay un dios cerca de Juárez?”, incluido en la obra de teatro Mujeres de Arena, quien hace énfasis en la fuerza e importancia vital de la palabra:

“Juárez, qué se alce tu voz hasta curarle a la justicia la sordera.

Qué se alce también tu razón y tu cordura,

Que te regrese la calma.

Juárez, mi más sentido pésame.

Si mis manos no hacen nada

que lo haga mi palabra... “


Mujeres de arena  

 

 

 

 


 

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