Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Fran Vega
Domingo, 24 de julio de 2016
niño prodigio

El prodigio de Bellini

Guardar en Mis Noticias.
Noticia clasificada en: Ópera

De los compositores que desarrollaron el belcantismo durante la primera mitad del siglo XIX, el siciliano Vincenzo Bellini fue el más joven y el primero en morir, por lo que es también quien tiene una producción más breve frente a la de sus contemporáneos Rossini y Donizetti.

 

El compositor Vincenzo Bellini (1801-1835)Su consideración como «niño prodigio» está justificada ya que comenzó a tocar el piano a los tres años de edad y a los seis compuso su primera obra, circunstancias que inevitablemente se comparan con la infancia de Mozart, si bien nunca alcanzaría la genialidad del maestro de Salzburgo.

 

Comenzó escribiendo música sacra y obras de cámara, pero muy pronto estrenó su primera ópera, Adelson e Salvini, con la que debutó en Nápoles en 1825 y con la que llamó la atención del empresario Domenico Barbaia, que diez años antes ya había tenido el acierto de contratar a Rossini para los teatros napolitanos.

 

Desde entonces, y hasta 1831, con Rossini planificando su retiro dorado y con la competencia directa de Donizetti, que también había sido contratado por Barbaia, Bellini escribió algunas óperas que aunque no se cuentan entre las más conocidas y representadas del autor, tuvieron una clara influencia en los compositores de la época.

 

Es el caso de Il pirata, estrenada en 1827, cuyas innovaciones compositivas se reflejarían en Das Liebesverbot (1834), de Wagner, y en Lucia di Lammermoor (1835), de Donizetti. Sin embargo, con La straniera y Zaira, estrenadas en 1829, Bellini no tuvo el éxito que esperaba ante un público que estaba a punto de asistir a la última obra del venerado Rossini, Guillermo Tell.

 

El autor no se dejó vencer por este contratiempo en su carrera y al año siguiente utilizó algunos fragmentos de Zaira en I Capuleti e i Montecchi, basada en la tragedia shakesperiana Romeo y Julieta (1597), en la que destaca el aria para tenor È serbato a questo acciaro ... L’amo tanto, e m’è sì cara. Liszt y Berlioz despreciarían esta ópera, pero Bellini nuevamente logró el interés de Wagner mientras Donizetti disfrutaba de su primer gran éxito con Anna Bolena.

 

El reconocimiento musical llegó al compositor en 1831, cuando pudo estrenar en Milán La sonnambula y Norma, para las que contó con el libretista Felici Romani —con quien colaboró en siete de sus diez óperas— y con las que logró el aplauso incontestable del público milanés.

 

En La sonnambula, una ópera semiseria de ambientación pastoril, el papel de Amina está reservado a una soprano lírica con alto dominio de los trinos y una amplia coloratura que debe lucirse en arias como Ah! non credea mirarti y Come per me sereno, mientras que el de Elvino suele ser cantado por un tenor ligero con menor protagonismo que ha de aprovechar su aria Prendi, l’anel ti dono para mostrar sus cualidades vocales.

 

Norma es la ópera más conocida y representada de Bellini. Basada en el drama histórico escrito por el dramaturgo francés Alexandre Soumet, narra el amor que en tiempos del imperio romano la sacerdotisa Norma (soprano) siente por el procónsul Polión (tenor), madre de sus hijos y enamorado de Adalgisa (soprano). Y como Norma es hija del jefe de los druidas galos, luchará para que se establezca la paz y la convivencia entre ambos pueblos y no perder a su amado.

 

Ya en el primer acto el público recibe con entusiasmo la cavatina Casta diva con la que Norma dirige una plegaria a la Luna, una de las más difíciles de todo el repertorio operístico para soprano y pieza indiscutible para ganarse al auditorio desde los primeros minutos de la obra. La justificada popularidad de esta cavatina ha dejado en segundo plano las principales arias y los mejores dúos de esta ópera, considerada una de las cimas del romanticismo belcantista y cita obligada para las mejores sopranos.

 

Después de Norma llegó la que sería la última colaboración entre Bellini y Romani, Beatrice di Tenda, estrenada en Venecia en 1833 y cuya acción se desarrolla en Milán en el siglo XV a través de la relación entre Beatrice Lascaris (soprano) y Filippo Maria Visconti (barítono), enamorado de Agnese de Maino (mezzosoprano). Sin ser una de las óperas más representadas, contiene exquisitas arias para barítono, como O divina Agnese! y Ah! non poss’io, y algunas de las más exigentes y dulces para soprano, como Ah, se un’urna, Ah! la morte.

 

Maria Callas, intérprete del repertorio de Bellini

 

La carrera de Bellini, y su propia vida, llegó a su fin con I puritani, estrenada en París en 1835, unos meses antes de que el compositor falleciera con 34 años de edad. Basada en la guerra civil escocesa que enfrentó a los puritanos, partidarios de Oliver Cromwell, con los realistas, defensores de los Estuardo, es una ópera que condensa el estilo musical del compositor a través de Elvira (soprano) y Arturo (tenor) con algunos dúos que el autor introdujo por consejo de Rossini y algunas de las mejores arias belcantistas, como A te, o cara (tenor), Ah sì, son vergin vezzosa (soprano) y Credeasi, misera! (tenor), que incluye un fa sobreagudo que no todos los tenores se han atrevido a cantar.

 

Bellini no tuvo tiempo para más, pero nosotros podemos seguir disfrutando de las inconfundibles melodías que caracterizan sus óperas, especialmente compuestas para sopranos líricas y tenores ligeros.

 

Entre las muchas grabaciones de La sonnambula destacan la de Maria Callas y Cesare Valletti, dirigidos en 1955 por Leonard Bernstein al frente de la orquesta de La Scala de Milán (EMI); la de Joan Sutherland y Luciano Pavarotti, con Richard Bonynge y la National Philharmonic Orchestra, en 1980 (Decca), y la de Cecilia Bartoli y Juan Diego Flórez, dirigidos en 2008 por Alessandro De Marchi al frente de la orquesta La Scintilla (Decca). En DVD se puede encontrar la grabación de 2004 protagonizada por Eva Mei y José Bros con la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino dirigida por Daniel Oren (TDK).

 

Norma es la ópera de Bellini de la que existen más grabaciones, como la de Maria Callas, Franco Corelli, Christa Ludwig y la orquesta de La Scala, dirigidos en 1960 por Tullio Serafin (EMI); la de Montserrat Caballé, Plácido Domingo y Fiorenza Cossotto en 1972, con Carlo Felice Fillario al frente de la National Philharmonic Orchestra (RCA), y la de Joan Sutherland, Luciano Pavarotti, Montserrat Caballé y la Orquesta de la Ópera Nacional de Gales, dirigidos en 1980 por Richard Bonynge (London). En DVD se encuentra la grabación protagonizada en 2006 por Edita Gruberova, Zoran Todorovich y Sonia Ganassi, con Friedrich Haider al frente de la Das Bayerische Staatsorchester (Deutsche Grammophon).

 


La soprano eslovaca Edita Gruberova

 

Existen menos registros grabados de Beatrice di Tenda, pero pueden encontrarse el CD de Lucia Alberti, Paolo Gavanelli, Camille Capasso y la Orchester der Deutschen Opera Berlin, dirigidos por Fabio Luisi (Brilliant Classics), y el DVD protagonizado en 2001 por Edita Gruberova, Michael Volle y Stefania Kaluza, con Marcello Viotti al frente de la orquesta de la Zürich Opera House (Opernhaus Zürich).

 

La última ópera de Bellini, I puritani, cuenta también con numerosas grabaciones importantes, como la de Mirella Freni, Luciano Pavarotti y la orquesta de la RAI, dirigidos en 1969 por Riccardo Muti (Nuova Era); la de Joan Sutherland y Luciano Pavarotti, con Richard Bonynge al frente de la London Symphony Orchestra en 1973 (London), y la de Montserrat Caballé, Alfredo Kraus y la Orquesta Philharmonia, dirigidos en 1979 por Riccardo Muti (EMI). Finalmente, no puede faltar en esta breve relación la grabación realizada en 2001 en el Liceo barcelonés con Edita Gruberova y José Bros con Friedrich Haider al frente de la Orquestra Simfònica i Cor del Gran Teatre del Liceu (TDK).

 

Es muy probable que Bellini, que murió aún más joven que Mozart, nos hubiera dejado otras grandes muestras de su arte musical si la vida se lo hubiera permitido, pero lo que escribió es más que suficiente para que su nombre esté entre los grandes maestros de la ópera, un privilegio al alcance de muy pocos compositores.

   


 

 

 

 

 

Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios. Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress