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Fran Vega
Jueves, 14 de julio de 2016
sia L’inutil precauzione

El factótum de Rossini

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Noticia clasificada en: Ópera

La chispeante y genial obertura de Il barbiere se escuchó en todos los teatros de Europa debido a su tono juguetón y al reconocible estilo de su autor, con un crescendo en mi mayor que predispone al público a tres horas de comedia, música, belcanto y entretenimiento puro

 

Escribir sobre el compositor italiano nacido en Pésaro en 1792 es hacerlo sobre quien muy pronto aprendió de Haendel y Mozart dos cuestiones fundamentales: del primero, que ser un músico admirado colmaría sus aspiraciones, pero que convertirse en un músico excelente y millonario sería aún mejor; y del segundo, que el arte no debe excluir nunca el entretenimiento, pues arte y diversión son los principales objetivos de quien paga una entrada y asiste a una función.

 

Con estas dos pautas, unidas a una capacidad innata para desarrollarlas, Rossini comenzó a trabajar como clavecinista y compuso sus primeras óperas buffas, como Le cambiale di matrimonio (1810), La scala di seta (1812), L’italiana in Algeri (1813) e Il turco in Italia (1814), pero también Tancredi (1813), considerada una ópera seria.

 

En 1815 el talento musical de Rossini se unió al empresarial de Domenico Barbaia, quien le contrató para los teatros que gestionaba en Nápoles, donde en aquel momento triunfaban dos cantantes de origen español: el tenor sevillano Manuel García y la soprano madrileña Isabel Colbran, quien poco después se convirtió en la esposa del compositor.

 

Al año siguiente, el 20 de febrero de 1816, estrenó en el Teatro Argentina de Roma la que sería una de sus óperas más conocidas y representadas, Il barbiere di Siviglia, o sia L’inutil precauzione. Compuesta en tres semanas y basada en la misma farsa de Beaumarchais en la que Mozart se había inspirado treinta años antes para Le nozze di Figaro, el libretista Cesare Sterbini situó la acción en un momento anterior del argumento, cuando el conde de Almaviva trata de seducir a Rosina, personajes que en la obra mozartiana aparecen ya casados.

 

El estreno fue un rotundo fracaso debido no solo a cuestiones escénicas, sino a que el público estaba nutrido de seguidores de uno de los principales rivales de Rossini y autor de una ópera sobre el mismo tema, Giovanni Paisiello, quienes abuchearon a los cantantes y lograron arruinar la representación.

 

El factótum de RossiniSin embargo, a partir de entonces la chispeante y genial obertura de Il barbiere se escuchó en todos los teatros de Europa debido a su tono juguetón y al reconocible estilo de su autor, con un crescendo en mi mayor que predispone al público a tres horas de comedia, música, belcanto y entretenimiento puro.

 

Inmediatamente aparece en escena la trama principal de la obra: el conde de Almaviva, disfrazado del estudiante Lindoro, desea cortejar a Rosina, quien vive con su tutor y pretendiente, el doctor Bartolo. Y para ello recurre a los servicios del solícito Figaro, que surge en el escenario cantando Largo al factotum della città, conocida y exigente aria para barítono con la que se presenta ante el auditorio.

 

No tarda Figaro en aceptar la propuesta económica del conde a través del complicado y cervantino dúo All’idea di quel metallo, en el que el barítono y el tenor alaban respectivamente las excelencias del oro y del amor, antes de que aparezca Rosina con la difícil cavatina Una voce poco fa, interpretada normalmente por sopranos de coloratura pero compuesta inicialmente en mi mayor para mezzosoprano y con la que el personaje expone sus intenciones respecto a sus dos pretendientes.

 

Y como el doctor no piensa quedarse de brazos cruzados, recurre también a los consejos de don Basilio, el profesor de música de Rosina, quien le recomienda que haga correr falsos rumores sobre Lindoro con el aria para bajo La calunnia è un venticello, un auténtico manual sobre el murmullo y la mentira que aún hoy resulta muy didáctico.

 

Figaro se encuentra entonces con Rosina para pedirle que escriba una carta a Lindoro y cantan juntos Dunque io son…tu non m'inganni?, un dúo perfectamente construido con el que los cantantes tienen la oportunidad de mostrar sus habilidades interpretativas y vocales. Pero Bartolo, que sospecha el ardid de su pupila, reivindica también su prestigio y su derecho con A un dottor della mia sorte, rápida aria para bajo con la que se gana la simpatía y el aplauso del público.

 

La trama se complica hasta el final del primer acto, después de que el conde haya aparecido disfrazado de soldado borracho, de que Bartolo discuta con él y de que aparezca la guardia para poner orden en la casa, escena de la que Rosina se burla cantando Fredda ed immobile.

 

El segundo y último acto comienza con un nuevo disfraz de Lindoro, esta vez de estudiante de música que sustituye a don Basilio, con el afeitado de Bartolo por parte de Figaro y con el divertido quinteto Don Basilio! Cosa veggo! El tutor, cansado ya del continuo embrollo que tiene lugar en su propia casa, llama a un notario para que redacte el contrato de matrimonio con Rosina y a continuación el escenario queda vacío, la orquesta simula una tormenta, el conde y Rosina manifiestan su mutuo amor y el tenor canta una de las arias más endiabladas y exigentes compuesta por Rossini, Cessa di più resistere, que en algunas representaciones ha llegado a ser suprimida debido a su dificultad y a las reticencias de algunos tenores a cantarla en directo.

 

Finalmente, como no podía ser de otro modo, el matrimonio se produce entre el conde y Rosina y Bartolo acepta la situación tras conocer que puede quedarse con la dote de su pupila: Di sì felice innesto.

 

Amor, dinero y engaño son los ejes principales de esta opera buffa con la que el cisne de Pésaro —sobrenombre con el que el compositor es conocido— mostró las grandes debilidades humanas y con la que consiguió buena parte de una fama que mantendría hasta que en 1829 puso fin a su carrera belcantista con Guillermo Tell, después de haber compuesto obras tan divertidas como La Cenerentola (1817) o Il viaggio a Reims (1825) y tan serias y monumentales como Semiramis (1823).

 

A partir de entonces, y aclamado y millonario, Rossini se dedicó a componer misas y cantatas y a otra de sus pasiones, la gastronomía, antes de fallecer en París en 1868. Hoy está enterrado en la basílica florentina de la Santa Croce, junto a Galileo, Dante y Miguel Ángel. No puede haber mayor gloria después de la muerte.

 

 

Teresa Berganza

 

Han sido muchos los cantantes masculinos y femeninos que han triunfado con Il barbiere di Siviglia, como Victoria de los Ángeles, Maria Callas, Teresa Berganza, Frederica von Stade, Edita Gruberova y Cecilia Bartoli en el papel de Rosina, Nicola Monti, Luigi Alva, Francisco Araiza, Ramón Vargas y Juan Diego Flórez en el del conde y Giuseppe Taddei, Ettore Bastianini, Tito Gobbi, Sesto Bruscantini, Leo Nucci y el siempre eficaz Gino Quilico en el comprometido personaje de Figaro.

 

Las grabaciones disponibles son, por tanto, muy numerosas tanto en CD como en DVD. Entre las más antiguas sobresalen la que en 1957 dirigió Alceo Galliera, con la Orquesta de la Scala de Milán y Callas, Alva y Gobbi en los papeles protagonistas (EMI), y la de 1965 a cargo de Silvio Varviso, con la Orchestra Rossini di Napoli y las voces de Teresa Berganza, Ugo Benelli y Fernando Corena (Decca).

 

Entre las más recientes están la representada en 2005 en el Teatro Real de Madrid, con María Bayo, Juan Diego Flórez y Pietro Spagnoli bajo la batuta de Gianluigi Gelmetti y la dirección escénica de Emilio Sagi (Decca DVD), y la dirigida en 2010 por Antonio Pappano al frente de la orquesta de la Royal Opera House, que contó también con Flórez y Spagnoli y con Joyce DiDonato como Rosina (Virgin Classics DVD).

 

Es difícil la elección, pero como reza el subtítulo de esta ópera, tampoco es necesaria l’inutil precauzione. Disfrútenla.

 


 

 

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