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Fran Vega
Domingo, 24 de julio de 2016
Fantasía coral (Chorfantasie)

La fantasía de Beethoven

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Noticia clasificada en: Música clásica

Viena. Frío atardecer del 22 de diciembre de 1808. Ludwig van Beethoven llega al Theater an der Wien dispuesto a dirigir un titánico concierto en el mismo lugar en el que tres años antes había estrenado su única ópera, Fidelio. Será la última vez que actúe como solista.

 

Y el público escucha la Quinta sinfonía en do menor op. 67, la Sexta sinfonía en fa mayor op. 68, el Concierto para piano n.º 4 en sol mayor op. 58 y la Fantasía para piano, coro y orquesta en do menor op. 80 (Fantasie für Klavier, Chor und Orchester in c-Moll), llamada también Fantasía coral (Chorfantasie).

 

El concierto es un fracaso. El escaso tiempo dedicado a los ensayos y las improvisaciones del compositor deslucen lo que hubiera podido ser un estreno de júbilo, reconocimiento y gloria.

 

Beethoven tenía 38 años cuando compuso la Fantasía coral, una partitura con inclusión de estilos concertante, lírico y sinfónico que muestra el intento de fusión de varias formas y géneros.

 

Ya el propio término introducido en el título, fantasía, indica que se trata de una obra en la que predomina la libertad de escritura y cuya estructura se ajusta a la de tema y variaciones.

 


Claudio Abbado y Maurizio Pollini (2)Toda la pieza, con algo menos de veinte minutos de duración, establece claras similitudes con el cuarto movimiento de la Novena sinfonía en re menor op. 195, tanto por los ecos temáticos como por los musicales, compuesta más de quince años después. Instrumentada con violines, violas, violonchelos, contrabajos, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y timbales, se desarrolla mediante un crescendo de piano y orquesta hasta la fase final determinada por la irrupción del coro.

 

La introducción pianística que sirve como adagio no es la que pudieron escuchar los asistentes al concierto de 1808, pues aquella tarde Beethoven improvisó al piano y la versión que se ha conservado es la que escribió posteriormente. Comienza y termina con vigorosos acordes que dan paso a una melodía popular en la que se introducen violonchelos y contrabajos y a continuación oboes y trompas. Surgen entonces la flauta, el clarinete, el fagot y el cuarteto de cuerdas, que abren el camino del tutti orquestal antes de ceder terreno ante un nuevo solo de piano, acompañado por violas y violonchelos, y después por clarinetes y fagotes, como última etapa del movimiento.

 

Tras el adagio, se inicia la marcia con la orquesta al completo y resonancias del tema inicial que dan entrada al coro, primero las sopranos y las contraltos y después los tenores y los bajos. Y a continuación, el coro completo en toda su grandiosidad, como un estallido de júbilo, con el que el piano deja de ser protagonista y se establece el carácter concertante de la obra que finaliza con una coda en presto con orquesta, coro y piano: Nehmt denn hin, ihr schönen Seelen, froh die Gaben schöner Kunst (Así pues, amados espíritus, aceptad alegres el don de la belleza).

 

El origen del texto cantado no se conoce con seguridad. Algunas fuentes indican que se trata de una variación de Seufzer eines Ungeliebten und Gegenliebten (Laméntese un hombre sin amor y amor mutuo), lied escrito por Beethoven en 1795, mientras que otras aseguran que el autor es Christoph Kuffner, un poeta contemporáneo del compositor que adaptó su obra Schmeichelnd hold und lieblich klingen unsere Lebens Harmonien (Galante, bello y precioso es el sonido de la armonía en nuestra vida) a la partitura del autor.

 

Beethoven fue siempre consciente de su genialidad, lo que le obligaba a revisar una y otra vez sus composiciones, a no quedar nunca satisfecho con el resultado y a improvisar en el momento de su ejecución. A diferencia de Mozart, capaz de escribir la obertura de Don Giovanni en la noche previa a su estreno, el músico de Bonn componía despacio y dedicaba mucho tiempo a cada pasaje antes de considerarlo definitivo, lo que explica las diferencias existentes entre la obra ejecutada y la conservada.

 

El compositor dio por concluida la Fantasía en do menor a mediados de 1809, pues le esperaban nada menos que la finalización del Concierto para piano n.º 5 en mi bemol mayor op. 73 (Kaiserkonzert), los cuartetos de cuerda n.º 10 op. 74 (Harfenquartett) y n.º 11 op. 95 (Quartetto serioso), las sonatas para piano n.º 24 op. 78 y n.º 25 op. 79 y el inicio de dos sinfonías en tonalidad mayor, la séptima op. 92 y la octava op. 93. Es decir, una tarea mayúscula que doscientos años después aún le agradecemos.

 

Evgeny Kissin, uno de los mejores intérpretes de la Fantasía en do menor

 

Daniel Barenboim y la Orchester der Wiener Staatsoper grabaron esta obra, así como Bernard Haitink y Alfred Brendel con la London Philharmonic Orchestra and Choir en 1977, pero quizá las grabaciones que mejor la han perpetuado son las dirigidas por Claudio Abbado con la Wiener Staatsopernchor y un sublime Maurizio Pollini al piano, en 1987, y con la Berliner Philharmoniker y un jovencísimo Evgeny Kissin en 1991, ambas para la Deutsche Grammophon.

 

Seguramente muchos lectores se han sentido fascinados alguna vez por la conocida sinfonía coral de Beethoven, la novena, y sus numerosas y no siempre afortunadas versiones del cuarto movimiento. A ellos, y a quienes no la conozcan todavía, les recomiendo desde estas líneas la audición de la fantasía para piano, coro y orquesta, una pieza que muestra a un Beethoven dulce y enérgico que anuncia las grandes obras que aún le quedaban por escribir.

 

 

 

 


 

 

 

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 5 de agosto de 2017 a las 20:00
Blanca de las Heras Azofra
Muy instructivo el artículo y genial el vídeo . Me encanta Beethoven ! Con permiso comparto.
Gracias

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