Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Antonio J. Cuevas
Lunes, 26 de octubre de 2015
un pobre recurso expresivo

Palabras comodín

Guardar en Mis Noticias.

Está claro que no hablamos como escribimos. O al menos así debería ser. Al hablar buscamos la inmediatez en la comunicación, la adecuación a nuestro interlocutor, la adaptación al contexto, en fin todos esos asuntos que estudia la pragmática lingüística.

Al escribir debemos, sin embargo, aspirar a la utilización correcta de los recursos lingüísticos. No obstante, en la sociedad de la inmediatez en la que nos desenvolvemos, es habitual que el lenguaje escrito de blogs, revistas, artículos… esté contaminado por aspectos del lenguaje oral.

 

  • ¿Cómo influye el habla en la lengua escrita?

 

De muchísimas maneras, sin embargo, me voy a centrar hoy en una: las palabras comodín (también conocidas como palabras baúl). Me refiero a aquellos vocablos (sustantivos, verbos o adjetivos) que tienen un sentido tan genérico que podemos usarlos en casi cualquier contexto reemplazando a otros que serían más precisos.

 

Aunque lo correcto consistiría en utilizar las palabras comodín lo menos posible, es cierto que en una conversación tienen cierta cabida por la rapidez del intercambio verbal. Aun así, denotan cierta pobreza expresiva. Sin embargo, en el lenguaje escrito deberíamos intentar desterrarlas por completo.

 

Soy uno de esos locos partidarios de la reescritura. Escribir es, en gran parte, reescribir. Por eso creo que no hay que obsesionarse y debemos permitir que las palabras comodín se nos cuelen en el primer borrador de aquello que tengamos entre manos (artículo, carta, novela…), pero las buscaremos como un audaz cazador en la reescritura y las mataremos para sustituirlas por aquellas otras palabras que nos den un sentido más preciso de lo que queríamos comunicar.

 

  • Ejemplos comodín

 

Lo más práctico para concretar sobre qué estoy hablando es dar algunos ejemplos de palabras comodín.

 

  1. Sustantivos:

 

El más claro es la palabra «cosa», que se utiliza para un roto y para un descosido. De hecho, en los tiempos de crisis no paramos de decir que «la cosa está muy mala». Pero también se utiliza en cualquier momento para sustituir a, por ejemplo, libro, tema, política, destornillador, amor… y casi cualquier sustantivo que aparezca en el diccionario.

 

Otro caso similar ocurre con la palabra «cacharro», que hace referencia tanto a vehículos, utensilios, tecnología, bebidas…

 

  1. Verbos:

 

Uno de los verbos comodines más utilizados es «hacer», que nos vale para sustituir a casi cualquier otro verbo de acción: escribir (ya hice la redacción), construir (van a hacer una casa), cocinar (he hecho potaje)… Es tan genérico, que podemos expresar casi cualquier acción con él.

 

Otro muy utilizado es «tener», no solo en el sentido de poseer, sino con muchos otros significados: desempeñar (tiene un cargo de director), disfrutar (tiene una salud de hierro), disponer de (el profesor tiene recursos para enseñar)…

 

Podemos añadir una larga lista de verbos comodín: haber, echar, pasar, coger…

 

  1. Adjetivos:

 

Un adjetivo muy utilizado es «bueno» para marcar todo lo que entra en el campo semántico de lo positivo o agradable. Puede sustituirse según el contexto por útil, apropiado, divertido, etc.

 

Además de apuntar a una pobreza expresiva del emisor, lo peligroso, como apunta la Wikilengua, es que algunas veces las palabras comodín se apoderan del significado de otras y comienzan a aparecer sustituyéndolas de manera habitual en artículos y escritos. Un ejemplo de claridad meridiana es el término arrancar.

 

No obstante a todo lo que he escrito, es cierto que las palabras comodín están ahí y que negarlas sería absurdo. Su utilidad comunicativa es evidente. Por ello es interesante el punto de vista de Concha de la Hoz Fernández, que en el XVI Congreso de la Asociación para la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ASELE), defendió la necesidad de incluirlas en los estudios del español como segunda lengua.



 

Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios. Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress