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José Manuel López García
Lunes, 27 de febrero de 2017
La filosofía de Descartes es esencial para entender la modernidad

Mente y cuerpo

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El racionalismo de Descartes, aunque representa el inicio de la filosofía moderna, no resolvió las cuestiones relativas a la comunicación entre la mente y el cuerpo.

Algo lógico, si se considera que en el siglo XVII el avance de la ciencia, y el progreso del conocimiento no eran suficientes para despejar numerosas incógnitas respecto al alma, y a la interacción entre el cuerpo y la mente.

 

En cambio, en las Reglas para la dirección del espíritu, por ejemplo, el filósofo francés explicitó, de un modo muy claro, las cuestiones metodológicas referidas a la buena aplicación de la inteligencia, la mente o el entendimiento  al conocer.

 

La infravaloración de lo corpóreo, por parte del pitagorismo y la filosofía platónica, también está presente en el racionalismo cartesiano que comparte claros rasgos de espiritualismo con el platonismo. Descartes reconoce la existencia de la sustancia extensa o cuerpo y escribe: «Así, la extensión en longitud, anchura y profundidad, constituye la naturaleza de la sustancia corpórea».

 

Para este pensador la sustancia pensante o res cogitans que fundamentalmente somos  es siempre en cierto sentido pensar, y es la actividad esencial del ser humano. Es lo que expresa nuestra función racional.

 

La comunicación de las sustancias, con el conocimiento del organismo humano existente en la primera mitad del siglo XVII, no podía ser comprendida desde parámetros científicos y Descartes recurrió a explicaciones espiritualistas  relativas a espíritus animales, etc., que no aportaban más que ideas insuficientes para aclarar, realmente, la cuestión. La libertad está unida al pensamiento o a la res pensante de cada ser humano, y el mecanicismo forma parte de la realidad de los cuerpos y sus movimientos.

 

El dualismo cartesiano separa mente y cuerpo como sustancias independientes con mayor radicalidad que Platón.  Descartes considera que el alma puede existir sin el cuerpo, ya que escribe: «ese yo – es decir, mi alma, por la que soy la que soy- es entero y absolutamente distinto de  mi cuerpo y puede existir sin este».

 

Descartes representó, por ejemplo, la transmisión de las imágenes a los ojos en su obra Dióptrica publicada en 1637. En el racionalismo cartesiano la plena confianza en la razón se contrapone a una infravaloración de lo que percibimos a través de los sentidos. Se afirma un subjetivismo gnoseológico, y una visión mecanicista del mundo. Y el modelo matemático es el método de conocimiento riguroso y preciso en el ámbito del saber.

 

La mente y el cuerpo son dos sustancias absolutamente heterogéneas, aunque es  cierto e indudable que se comunican. Y Descartes recurre a la glándula pineal situada en el cerebro  para explicar los movimientos,  del cuerpo, etc., algo que, en la actualidad, es explicado desde la fisiología con una perspectiva plenamente científica y no fundamentada en la teoría de los humores, o planteamientos similares. Pero el pensador y matemático francés recurrió  a las especulaciones, porque en su siglo el problema de la comunicación de las sustancias no era resoluble dado el estado de la ciencia médica.

 

De todas formas, está claro que Descartes entendía que tenía que existir una cierta unidad e interacción entre alma y cuerpo. La mente o alma y el cuerpo dependen de Dios, aunque también sean independientes. El innatismo que aparece, claramente, en este enfoque de la antropología cartesiana es uno de los pilares que soportan el ocasionalismo  de Malebranche. Como también escribe Copleston en referencia a la comunicación de las sustancias tal como fue elaborada por Descartes: «En vista de esa insatisfactoria posición de difícil equilibrio, es comprensible que un cartesiano como Geulincx mantuviese una teoría ocasionalista, según la cual no hay verdadera interacción causal entre alma y cuerpo».

 

El atributo de la sustancia pensante es el pensamiento. En cambio, el de la sustancia extensa o res extensa es la extensión, y el de la sustancia divina la perfección. La comunicación entre estas tres sustancias está sujeta a distintas interpretaciones. Por ejemplo, según Descartes las emociones que afectan al alma o al pensamiento tienen su origen en los «espíritus vitales», algo parecido fuerzas mecánicas que circulan por la sangre, y que transmiten a la glándula pineal los mensajes corporales.

 

La filosofía de Descartes es esencial para entender la modernidad, y los grandes temas relativos a cuestiones de teoría del conocimiento, antropología, moral, matemáticas, etc. Su entendimiento de la aplicación de los principios del racionalismo a la ética, con el control por la mente o el alma de las propias pasiones es la manifestación de la autonomía y libertad para construir la vida que posee cada sujeto. Los individuos controlan su propio destino, y no están sometidos al determinismo,  o  a   una existencia ya escrita previamente


   

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