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José Manuel López García
Sábado, 15 de abril de 2017
Unificación de naturaleza y conciencia en Schelling

Naturaleza y conciencia

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El arte es el órgano de la filosofía para Schelling. La intuición filosófica está interiorizada subjetivamente, pero la intuición artística expresa en la obra, de modo externo y objetivo, el mismo tipo de intuición.

El arte es para Schelling la expresión de la unidad de lo absoluto que existió en el origen.

 

Y ante los dos grandes ámbitos existentes en la realidad que son la naturaleza y el espíritu está claro que es necesaria la integración de estas dos partes en una sola. En su libro el Sistema del idealismo trascendental el joven filósofo insiste en el arte como elemento esencial de reconciliación de la oposición entre lo natural y la libertad, como parte de la conciencia o inteligencia humana, y todo lo que representa y presupone.

 

Schelling sigue una línea parecida a la de Kant en estas cuestiones, concretamente, la establecida en la Crítica del Juicio, ya que es cierto que el verdadero artista resuelve, de una forma espontánea, las contradicciones entre objeto y sujeto que son insolubles desde el entendimiento. Ciertamente, en la actividad artística la obra de arte elaborada por el artista posee intención, con lo que se supera la simple cosificación del objeto. Puesto que la obra artística adquiere una significación que es interpretable inagotablemente, ya que su propio contenido permite comentarios infinitos según las épocas y los sujetos.

 

Como escribe Virginia López Domínguez: «La belleza es para Schelling (como también lo fue para Schiller y para Hegel), la plasmación de lo infinito en lo finito y el sentimiento estético está provocado por la satisfacción que produce el haber solucionado la absoluta contradicción entre ambos». La belleza para Schelling es la expresión de lo sublime.

 

En su libro Filosofía del Arte establece que el arte plasma ideas, porque lo absoluto es representado por el artista bajo la forma de lo particular.

 

Y el arte es el órgano de la filosofía para Schelling. La intuición filosófica está interiorizada subjetivamente, pero la intuición artística expresa en la obra, de modo externo y objetivo, el mismo tipo de intuición.

 

Contra la racionalidad mecánica es muy apropiada una crítica de la razón. Porque existen aspectos esenciales en el mundo y la realidad que no pueden ser olvidados o no contemplados, y que son característicos de una interpretación que no es el resultado de una cierta deshumanización. Esto ya lo consideraba en su época a finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX el mismo Schelling valorando el contexto cultural y social de su época.

 

En la obra Bruno o sobre el principio divino y natural de las cosas, escrita en 1802, Schelling manifiesta de forma romántica la unidad de la belleza y la verdad y del arte y la filosofía de un modo explícito. Busca en este libro desentrañar la diafanidad de la unidad a través de un proceso complejo, con el positivo propósito de clarificar, adecuadamente, la maraña conceptual de las oposiciones y contradicciones respecto a la naturaleza y la conciencia.

 

El hombre es libre al oscilar entre la subjetividad y la objetividad. Ambas forman parte de lo absoluto o Dios que es la indiferencia, o identidad de lo natural y la conciencia. Como escribe Schelling: «Si sólo reflexiono sobre la actividad objetiva como tal, en el yo existe sólo el absoluto querer que por su naturaleza no tiene por objeto más que la autodeterminación en sí; pero si reflexiono sobre la actividad que va más allá de una y otra y que determina al mismo tiempo la subjetiva y la objetiva, en el yo hay albedrío y con él libertad de querer».

 

Ciertamente, en la filosofía de la naturaleza schellingiana son destacables dos ideas centrales que son la polaridad y la teleología. Desde su planteamiento en lo natural existe oposición de fuerzas, como por ejemplo: electricidad positiva y negativa, etc. En su tiempo la ciencia no conocía todavía, de un modo completo, el magnetismo y la electricidad. Y muchas cuestiones relativas al conocimiento de lo orgánico y lo inorgánico eran desconocidas también. De todas maneras, encuentra una explicación ingeniosa de la polaridad al definirla como duplicidad en la identidad, o identidad en la duplicidad.

 

En lo que no comparto el enfoque de Schelling es en pensar que la naturaleza es un producto del espíritu. Otra cuestión es que la vida y la inteligencia hayan surgido de la naturaleza por un proceso que puede explicitarse, de modo científico, en la actualidad. Para Schelling tal como también afirma Colomer: «El verdadero telos de la naturaleza es, pues, el devenir espíritu del espíritu».

 

No cabe duda que sus contemporáneos quedaron admirados por la unidad y la belleza de la filosofía de la naturaleza de Schelling. Si bien, también es verdad que dado el estado del conocimiento de la ciencia de su época, suplió con invenciones simbólicas propias, y analogías lo desconocido. Pero es entendible, por los motivos anteriormente expuestos, y por la energía creadora del romanticismo, y de su idealismo filosófico.

 

De todas formas elaboró intuiciones brillantes y novedosas como su concepción de la naturaleza como totalidad viviente. Además no admitió el mecanicismo matematizante de Descartes, y estuvo de acuerdo con la explicación finalista de los fenómenos vitales.  Como escribe Schelling: «La naturaleza debe ser el espíritu visible y el espíritu la naturaleza invisible. Por consiguiente, aquí, en la absoluta identidad del espíritu en nosotros y de la naturaleza fuera de nosotros, tiene que resolverse el problema de cómo es posible una naturaleza fuera de nosotros». El conocimiento del origen del Universo y de nuestro propio planeta ha aclarado estas cuestiones de un modo que en la primera mitad del siglo XIX en el que pensó Schelling no era posible porque la ciencia estaba investigando lo orgánico y lo inorgánico de una forma progresiva e incipiente.

 

Estos aspectos que he tratado, acerca de una parte de la filosofía de Schelling, dan cuenta también de su evolución filosófica. Su filosofía va cambiando a lo largo de su trayectoria, y pasa por sucesivas etapas que culminan hacia el final de su existencia con su filosofía positiva.

 

En el libro Sistema del idealismo trascendental, publicado en el año 1800 en la ciudad de Tubinga, Schelling sigue reelaborando un idealismo de influencia fichteana, una fundamentación del derecho y su filosofía de la naturaleza, pero con originalidad y produciendo una filosofía nueva. Como explica Rivera de Rosales: «Dentro de este contexto el Sistema se presenta como una ampliación de la Doctrina de la Ciencia de Fichte, considerada sólo como un paso previo para la reformulación del idealismo en la medida que ella determina la condición de posibilidad de toda ciencia».

 

La investigación y estudio de las ciencias, a partir de 1796, por parte de Schelling dio origen a la elaboración de su Filosofía de la Naturaleza que es la filosofía de lo objetivo, y que también puede considerarse como una especie de realismo. La filosofía teórica es la plasmación sujetiva derivada de su filosofía natural y está desarrollada en el Sistema del idealismo transcendental. Además la filosofía práctica, o lo relativo a la moral y al derecho, los actos volitivos, la libertad, justicia, etc., junto con la religión y la historia son tratados por este filósofo en la obra citada. El arte, según Schelling, es la culminación del proceso de lo real, ya que supone la unificación y superación de los dualismos. Las obras filosóficas de Schelling son esenciales en la historia del pensamiento.


 

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