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José Manuel López García
Domingo, 18 de junio de 2017
la subjetividad consciente

La Doctrina de la Ciencia de Fichte

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La filosofía de Fichte marca el inicio de un idealismo del que son continuadores con sus doctrinas respectivas Schelling y Hegel, que parten del análisis de la fundamentación fichteana, para dar forma a sus propios sistemas filosóficos idealistas.

El propio Fichte reconoce su deuda intelectual con la filosofía de Kant, si bien elabora un idealismo original.

 

La obra más importante de Fichte, por lo que representó en la evolución de su filosofía es la Teoría o Doctrina de la Ciencia, denominación escogida por él para su filosofía. Según este gran pensador alemán la cosa en sí kantiana y su  incognoscibilidad real es la confirmación de un escepticismo, o un formalismo inútil que es, a mi juicio, la expresión de una  teoría del conocimiento  incompleta. Lo que no impide reconocer que una de las funciones de la filosofía es explicar, coherentemente, el fundamento de toda experiencia.

 

Fichte considera que Kant cae en una cierta clase de dogmatismo, al pasar del ser al pensar, de un modo inconsecuente. Desde el planteamiento filosófico fichteano, puesto que el pensamiento puede pensarse a sí mismo, está claro que, sujeto pensante y objeto, coinciden en el pensar. Me estoy refiriendo a un dogmatismo que, no es el que Kant critica al identificarlo con la filosofía wolffiana, leibniziana y cartesiana. El uso dogmático de la razón pura lo es, porque va más allá de la razón, sin tener en cuenta lo empírico, como establece el filósofo de Königsberg, y es, por tanto, falso.

 

La negación de la cosa en si afirmada por Kant, algo realizado por Fichte es, a mi juicio, acertada, porque aunque el noúmeno sirve para cerrar y completar el idealismo trascendental, no posee una profunda  consistencia epistemológica, y es demasiado especulativo.  A diferencia de Kant, Fichte está convencido de que el Yo es la fuente de las categorías y las ideas, que son lo múltiple sintetizado por el pensar. Respecto a la actividad categorial de la mente, o del entendimiento para Fichte las categorías son la manifestación de la multiplicación de la unidad del Yo pensante, y no poseen, como para Kant, una función  unificadora de lo múltiple.  La fichteana parece una  interpretación de las categorías más moderna y flexible.

 

Desde el planteamiento judicativo kantiano que era el establecido por él en el siglo XVIII, con sus doce categorías, o conceptos puros del entendimiento, esta clasificación era definitiva, porque la lógica, ya no iba a cambiar, etc. Actualmente, al existir diversas lógicas, las tablas de categorías pueden ser diversas, en función de la epistemología escogida.

 

Dice Fichte que: «La realidad comprendida  se produce con el retorno de la alteridad a la conciencia de sí, que es previamente el concebir». De hecho, esto supone la afirmación del acto de la autoconciencia, en el origen del mundo de las ideas y las representaciones, porque el no-Yo es el objeto en general para el idealismo fichteano.

 

Como escribe José María Quintana comentando la gnoseología de Fichte: «Doctrina de la ciencia es sinónimo de ¨teoría del conocimiento¨: estamos, pues, en el terreno filosófico de una Epistemología fundamental, expuesta en tres versiones distintas pero equivalentes y complementarias».

 

Este gran filósofo alemán pretendía elaborar una filosofía sistemática, objetiva, evidente e irrefutable. Algo que también Spinoza había querido lograr con sus obras, y otros pensadores a lo largo de la historia.  La investigación objetiva del conocer es una tarea difícil, ya que se precisa, para darle un carácter científico y empírico,  un análisis fenomenológico de la realidad sensible o fenoménica de la que se parte.

 

Lo fundamental es que Fichte parte de unos principios que han sido sometidos a la crítica y el análisis.

 

La conciencia de propio acto de conocimiento es uno de los rasgos esenciales de la filosofía fichteana. Y también el ser un saber del saber, o una explicación del conocer, a través del método de la intuición intelectual que, en realidad, es la percepción de la autoconciencia. Utilizando la dialéctica como forma de deducción, y construcción del conocimiento. De esta manera, a juicio de Fichte su filosofía es científica. Sobre todo por su rigurosidad, sistematismo, y por el procedimiento dialéctico y deductivo aplicado a toda lo realidad empírica.

 

La intuición intelectual es para Fiche un análisis de la propia inteligencia, desde  la autoconciencia inmediata. Porque escribe que: «la inteligencia se intuye a sí misma simplemente como inteligencia o como inteligencia pura, y en esa intuición de sí consiste cabalmente su entidad». En efecto, el acto de pensar refiere a algo que se hace presente al entendimiento, y esto es inevitable, ya que la capacidad de reflexionar se aplica a lo concreto también, y no, únicamente, a lo abstracto.

 

El problema surge, si pensamos que la intuición intelectual afirmada por Fichte, puede ser demostrada por medio de conceptos, puesto que dice: «cada cual debe encontrarla directamente en sí mismo o no llegará nunca a conocerla». La conciencia es una posición de la mente, o una síntesis de objeto y sujeto en el idealismo fichteano. La conciencia posee ciertas estructuras.

 

Kant, a diferencia de Fichte, niega la intuición intelectual, ya que sería propia de la divinidad, aunque reconoce que el orden de las cosas es creado por los seres humanos, con lo que está admitiendo un cierto tipo de intuición intelectiva.

 

El yo es, según Fichte,  conocedor y práctico. No existe solamente desde una perspectiva puramente teórica. Es un yo activo  que supone la relación con el objeto. Como también escribe Eusebi Colomer: «El idealismo, si quiere ser consecuente consigo mismo, ha de dar, pues, un paso más: el yo productor no puede entenderse como una cosa, sino como un puro obrar, sin ningún ser que obre tras él».

 

Es significativo que, por ejemplo, La Ética de 1798 de Fichte lleve este título completo: El sistema de la doctrina de las costumbres según los principios de la Doctrina de la Ciencia. Fichte está convencido de que la filosofía se divide en dos partes: teórica y práctica. En la parte moral o práctica se trata de la teoría de lo agradable, de lo bello y sublime, de la libertad, la doctrina sobre Dios, del derecho natural y la ética, etc. Y los principios de la ética fichteana no son simplemente formales, sino materiales. Como también escribe Rivera de Rosales: «Todas esta teorías especiales son entendidas, por tanto, como desarrollos y especificaciones posteriores de la Doctrina de la Ciencia y fundadas en ella, y eso es lo que también hace la ética con la parte práctica general de la Doctrina de la Ciencia».

 

El pensamiento moral es para Fichte la expresión del potencial autocreador de la subjetividad consciente. Y como dice Villacañas Berlanga: «Fichte aseguraba el éxito de la acción moral. Nadie podía decir que su naturaleza sensible le impedía actuar moralmente, porque al ser esta dependiente de la propia espontaneidad moral, debía considerarse radicalmente idónea para ella». La fuerza y la energía de la conciencia pensante aparecen de nuevo. Ciertamente, las cuestiones filosóficas que se plantean en los libros de Fichte son, tan numerosas y profundas, que son objeto del interés de todos los que quieren pensar con profundidad y rigor.


 

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