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Alonso Pinto Molina
Sábado, 15 de abril de 2017
me odio con ternura

TIERNA MISANTROPÍA

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Noticia clasificada en: Ensayo Narrativa

Estas cosas tiene la ternura. Hoy acariciaría el lomo de un psicópata igual que si acariciara a un perro al que regañan por algo que no sabe.

   Hoy creo en Dios por lástima, por pena de que no exista. Hoy no podría ser juez, pues no encontraría a nadie culpable. Siempre, todos, hemos sido buenos alguna vez. Haría bueno y hasta llevaría al extremo aquel consejo que le dio Don Quijote a Sancho, de que cuando la justicia estuviese en duda se decantase y acogiese a la misericordiay aquello de  " Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin  hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios  todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia, que el de la justicia ʺ.

 

     De todas las aberraciones creadas por el ser humano, el juicio me parece de las más soberbias. Cualquier juez no deja de ser una chafardera de pueblo; más instruído, eso sí, y profesionalizado. Como todo concepto abstracto, la justicia, manoseada por el hombre, se vuelve una caricatura grotesca. Es por eso que la ley, los juicios, las penas, me parecen que responden a la soberbia del hombre, al creerse capacitado a llevar la justicia, que es una noción perfecta por irrealizable, al ámbito terrenal y humano. ¿Cómo, si ya hemos juzgado ab antecedente que el ser humano no es perfecto, le damos a algunos de ellos la responsabilidad de la resolución de unos hechos pretéritos en que parecen haberse violado unas leyes compuestas por ese mismo ser humano imperfecto? De tal reunión de imperfecciones no puede más que salir algo mediocre, relativo, inseguro. Y si aun así seguimos legitimando ese acto, no puede ser más que por un Argumentum ad antiquitatem. Pienso, además, en aquello que una vez leí en no sé qué libro de Joao Guimaraes Rosa: " Un  juicio es siempre defectuoso porque lo que uno juzga es el pasado."

 

      Todo esto me ha venido porque hoy me siento conmovedoramente tierno e indulgente. Y nada hay de contradictorio entre este sentimiento y mi misantropía. Misántropo, sí, pero con cariño. Una misantropía que empiece, claro está, por uno mismo, que es la forma más honesta y consecuente. Como César Vallejo, me odio con ternura. Me repugna la gente que odia al sexo opuesto, a la raza diferente, al que profesa otra religión, al que pertenece a otra clase social. Lo íntegro e imparcial es odiar al ser humano indistintamente, sin distinciones. Guardo la ternura y el amor para la persona particular y reservo el odio para la especie a la que pertenece. No creo que haya contradicción en esto, más bien un problema de implicitez. La mujer y el hombre particular, en cualquiera de sus estaciones vitales, tienen mi afecto, mi ternura, mi mano tendida a la indulgencia y a la solidaridad; y todo ello precisamente debido a mi misantropía, al odio a la especie a la que pertenecen, a la compasión que siento porque hayan tenido que existir en forma de seres humanos. Pobre animal consciente de su existencia y, además, apto para concebir una idea de eternidad, de la cual puede no ser partícipe. ¿Qué aberración es esta? ¿Quién podría ser tan retorcido como para dotar al ser humano de una noción como la eternidad, para la cual puede no estar concebido? Por eso mismo me declaro misántropo, en relación a la idea general del ser humano, pero filantrópico en relación a la idea particular. Puede ser una tierna misantropía.

 

      Cuando leo lo que acabo de escribir, entiendo que esté encerrado en este limpio manicomio, donde las flores crecen vis a vis en el patio. Aquí hay un loco que cuando huele una flor se echa a llorar sobre ella. La huele a gatas, como un animal que abrava en un río; después de olerla recula su cabeza hasta poder encuadrar la flor en su mirada; y después, como si al olerla la flor le hubiera contado historias tristes, recuerdos traumáticos, el loco se echa a llorar. La abraza con los dedos y le llora encima. Si fuera una mujer, la abrazaría rodeándola con los brazos, con la fuerza con la que se abraza tras una espera angustiosa. Pero es una flor, y la abraza con los dedos, sin estrujarla. Dicen los psiquiátras que las flores representan a su madre. Pero entonces, ¿por qué después de llorar sobre ellas se las come?

 

Rafael Cossío, Cuadernos del manicomio

 


 

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