VER EN VERSION CLASICA
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Luis Álvarez
Domingo, 23 de abril de 2017
un sueño de los señores académicos

Las Filipinas y la lengua española

Guardar en Mis Noticias.

El primer lingüista del idioma español, Antonio de Nebrija, cuando escribía la primera gramática castellana, dijo que la lengua era la compañera del imperio.

Las Filipinas y la lengua españolaTal afirmación se daba en 1492, después de la conquista de Granada y del mal llamado descubrimiento de América.

 

Con estos acontecimientos, se afirmaba la construcción del gran imperio español, con dominios en parte de Europa, de África, de Asia y de casi todo el continente americano.

 

En 1565, Miguel de Legazpi y Andrés de Urdaneta, fundan en Las Filipinas, el primer asentamiento español y la lengua conquistadora empieza su predominio sobre las lenguas nativas. Así se inicia una mezcla de cultura e idioma españoles con las lenguas locales, ya que los misioneros las aprendían para predicar el catolicismo. Como en los diferentes lugares conquistados, la espada y la cruz eran los instrumentos de dominación. Ya en el siglo XIX, Isabel II de España crea un sistema escolar público en su amplio territorio y en  sus escuelas los procesos de enseñanza y de aprendizaje eran realizados obligatoriamente en lengua española. De esta manera, tal lengua pasó a ser, hasta las primeras décadas del siglo XX, el instrumento lingüístico de la educación, la prensa, el comercio, la política, la justicia. Pero como ya el imperio español no existía, el lugar de su lengua fue ocupado por la de otro imperio: el norteamericano, Así, el inglés, a partir de 1913, pasará a ser la lengua del archipiélago pero en consonancia con el español, que se mantenía como lengua de comunicación.

 

Definitivamente, Corazón Aquino, durante su presidencia, abolió la ley que obligaba la enseñanza de nuestra lengua y el inglés se constituyó como la única lengua oficial. Hoy día, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, en un afán por caracterizar dos grandes apartados en el estudio de las normas de esta lengua, ubica a Las Filipinas como integrante de lo que llaman el español americano. Nosotros, particularmente, no participamos totalmente de este criterio, por considerar que en ello juega un poco el elemento político. Además, también por pensar que el español hablado en los Estados Unidos no posee rasgos particulares que ameriten la descripción de una diatopía determinada. En las pocas muestras que hemos examinado, hemos podido observar que se trata de un crisol de actos de lengua y de habla provenientes de España y de los distintos países hispanoamericanos. En consecuencia, los caracteres de sus realizaciones lingüísticas no se divorcian de las que hacían en sus naciones de origen. Peor aún es la consideración  que tenemos para el español de Las Filipinas. Como hemos dicho supram, en esta parte del mundo fue la lengua oficial por más de tres siglos.. En el XIX, después de la injerencia de los Estados Unidos en la guerra de independencia del sector insular latinoamericano, se produjo la ocupación y dominación del país, hasta finalizar la segunda guerra mundial. Permítanme una interpolación para recordar que no ha sido este el único efecto de la citada injerencia. La enmienda Platt, agregada en la constitución cubana, durante la ocupación de 1899-1902, permitía la intervención política y militar estadosunidense para “salvaguardar la independencia cubana”.

 

Otro ejemplo es el estado libre asociado de Puerto Rico. Como consecuencia inmediata de la acción norteamericana sobre Las Filipinas, comenzó un proceso de deshispanificación hasta este momento. Más tarde, con la descolonización iniciada en el siglo XX, se incorporó el filipino, bajo la forma de sus dos normas lingüísticas  más importantes, a las lenguas oficiales del país.

 

Producto de todos estos movimientos demolingüísticos, sabemos que el español permanece, bajo la forma de raíces en lenguas autóctonas como el tagalo (unas 5.000 raíces) y el bisayo (unas 6.000), dos de los principales dialectos nacionales. Por todas estas condiciones, nosotros no hemos vacilado en sostener que la inclusión de Las Filipinas como una zona de estudio normativo del español, por parte de la Real Academia de la Lengua Española, es solamente una utopía, en el sentido lato de la concepción tomasmoriana. Es cierto que aún existe una Academia Filipina, que ya no se hace llamar de la lengua española; es cierto también que permanece la religión católica como fe de la mayoría poblacional, que existe la CONAPE (Asociación de Profesores Filipinos de Español), como sucede en tantos países con lenguas diferentes a la de España. Pero todo esto va en declino. El Instituto Cervantes cumplirá el mismo rol que cumple en países no españolófonos y los gobiernos que vendrán seguirán las huellas de Corazón Aquino, quien eliminó la enseñanza del español como lengua oficial. La presente enseñanza del español como lengua opcional en colegios y universidades es cada día menor.

 

En consecuencia, la incoporación de Las Filipinas como integrante de una de las zonas para estudiar normas de la lengua española es solamente un sueño de los señores académicos. ¿Cuál es el por qué de todo esto? Porque, como dijo Antonio de Nebrija: “La lengua es compañera del imperio”    

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress