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Humberto Robles
Lunes, 27 de julio de 2015
El arte está en otra parte

BÉCAME MUCHO: VIVIR DE LA BECA

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Hace 25 años, durante la presidencia del neoliberal Carlos Salinas de Gortari, se creó el CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) así como el FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes).

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CONACULTA es la máxima institución cultural de México, una especie de Ministerio de Cultura, pero sin ese rango.

 

Y el FONCA, dependiente de CONACULTA, es un fondo para apoyo –por medio de subsidios- a creadores de diversas disciplinas artísticas. En teoría no suena mal, pero del dicho al hecho…

 

A lo largo de estos 25 años hemos sido testigos de las irregularidades, amiguismos, compadrazgos, desfalcos, despilfarros y corruptelas tanto del CONACULTA como del FONCA. En un país como México, donde imperan la corrupción y la impunidad, dichas instituciones no tenían por qué ser la excepción.

 

Del CONACULTA dependen el resto de instituciones culturales del país: desde el Canal 22, hasta los principales museos, pasando por la Cineteca Nacional, el Centro de Capacitación Cinematográfica, Radio Educación, la Red Nacional de Bibliotecas, revistas y escuelas de enseñanza superior. En resumen, toda la cultura oficial del país se decide y se maneja verticalmente desde CONACULTA.

 

(Sobre los 25 años de esta institución es pertinente leer “Conaculta: 25 imposibles en sus 25 años[1]”. Y sobre las corruptelas del CONACULTA, Karla Lottini publicó el libro “El talento de los farsantes” donde expone a una institución mafiosa que obligó a la autora a exiliarse de México[2])

 

Por su lado, el FONCA nació como una forma de subsidio a los artistas, principalmente por medio de estímulos económicos a través de las múltiples becas que otorga año con año, incluyendo las del SNCA (Sistema Nacional de Creadores Artísticos) e Iberescena (un fondo internacional pero que en México elige a los beneficiados por medio de CONACULTA). En teoría, dependiendo de la rama artística, del tipo de proyecto y la trayectoria del solicitante, es el monto económico de la beca. Estos apoyos son para creadores emergentes y también para los “consagrados” de la cultura oficial. A cambio, se supone que realizan una retribución social durante el periodo del subsidio. Cabe mencionar que estos apoyos para subvencionar a cada artista provienen de los impuestos de los contribuyentes.

 

Las dos instituciones fueron creadas por Salinas de Gortari a fin de legitimar su presidencia, ya que se le acusaba de haber ganado las elecciones por medio de un fraude electoral gracias a “la caída del sistema” de cómputo. Fue así que el salinato logró cooptar a los artistas más y menos renombrados para colocarles una mordaza a fin de evitar el juicio y la crítica a su gobierno generando. Y este mal —que se volvió endémico— funcionó a la perfección.

 

Rogelio Guedea escribió con respecto a lo que él llama la industria de la beca: “El objetivo es que la herencia cultural de México crezca y se enriquezca con estas obras. La contrariedad es que han transcurrido más de dos décadas y aún no se nota ningún cambio sustancial, ni en lo cultural ni, mucho menos, en lo social. […] No ha crecido a la par de la industria de la beca, por ejemplo, una industria de lectores. Tampoco vemos que las obras convertidas en parte de nuestro legado cultural sean precisamente las que fueron “subsidiadas”. Mucho menos notoria es la diferencia entre los tiempos en que la industria de la beca no existía y los tiempos de su instauración.[3]

 

A lo largo de este tiempo se ha hecho evidente que la mayoría de las becas —que suelen ser prebendas— son otorgadas a un pequeño grupo de artistas quienes a su vez son jurados de los futuros beneficiados. Un círculo perfecto —y siniestro— que favorece a una cofradía y excluye a muchos como lo analizó Tomás Ejea Mendoza en “El FONCA y el estímulo a la creación teatral[4]”.

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Basta revisar los resultados de las becas del FONCA, del SNCA e Iberescena, donde año con año vemos que se repiten los mismos nombres, los nombres de siempre. Son los elegidos por la institución —y por los jurados que a su vez son becarios— para refrendar quiénes son los artistas oficiales y otorgarles estímulos económicos nada despreciables; se trata de un puñado de creadores —no siempre los mejores ni los más talentosos— mimados por el sistema, quienes se convierten en vacas sagradas de la cultura oficial; viven del erario público y se pasean por festivales, muestras, encuentros, bienales y demás actividades institucionales, dentro y fuera del país.

 

Algo evidente es que, si uno no es de los favoritos de la institución o no tiene amigos entre los jurados, le resultará sumamente difícil obtener algún subsidio. Pero aún hay más: si uno nunca ha sido beneficiado por alguna de las diversas becas, queda fuera del sistema: no se le apoya de ninguna forma, ni se le promueve ya sea en México o en el extranjero; no importa el nivel y calidad artísticos del individuo, importa que haya sido becado. Para el sistema, si uno no es un becario, no existe. Porque incluso –cerrando aún más el círculo perverso-, para solicitar algunas becas, es requisito que uno haya sido becado con anterioridad. Esto va excluyendo cada vez más a las mayorías y favoreciendo más a esa minoría selecta, la crema y nata de la cultura gubernamental.

 

Existe una disidencia de creadores, unos que –aunque la hayan solicitado año tras año- no han recibido una beca, y otros que nunca han solicitado un apoyo del FONCA; ellos producen y se promueven de forma independiente, lo cual es una labor titánica y admirable. Pero actualmente la mayor desgracia es la actitud del grueso de los artistas –ya sean emergentes o con trayectoria– quienes lejos de denunciar y repudiar este sistema corrupto, anhelan pertenecer o permanecer en él. Saben perfectamente que “sin beca no existes” y que es la única manera de ingresar a la cultura institucional, así que se desviven por obtener algún apoyo. Eduardo Cruz Vázquez le ha llamado a esto “un estímulo a la antropofagia[5]”.

 

Sin embargo, aún hay más: ya habiendo recibido alguna beca, los beneficiarios no se interesan por promover sus obras, darles difusión o que sean vistas, leídas o admiradas por la gente; lo que ambicionan es una buena crítica especializada, cumplen con los requisitos indispensables de la beca y se lanzan directamente a su siguiente paso que es… solicitar una nueva beca.

 

Es por ello que la comunidad artística –en general- se ha apartado de los reclamos sociales, de la denuncia a las peores atrocidades que han sucedido en México como las que padecemos ahora. Muchos pretextan que “el arte no debe ser político”; cuando ven alguna obra de corte social o crítico la descalifican llamándola “panfletaria”. Esa pequeña comunidad de artistas consentidos no quiere incomodar a quienes les dan su mensualidad y buscan enquistarse en un sistema que los favorece. Viven del sistema de becas: un día ganan alguna del FONCA, de ahí obtienen una del SNCA, de ahí —o al mismo tiempo— una de Iberescena, y así se van perpetuando.

 

Por otro lado cabe preguntarse, ¿quiénes son los que deberían ser beneficiados? ¿Los artistas emergentes que necesitan un apoyo para darse a conocer? ¿O los artistas que, por su edad y trayectoria, ya deberían vivir de lo que producen?

 

Por último, habría que ver y analizar qué tipo de arte y qué obras maestras ha generado el FONCA y el CONACULTA a lo largo de este tiempo. Para mí, este sistema se parece demasiado a las políticas culturales impuestas en la extinta Unión Soviética, donde un grupúsculo de “artistas” alineados y conformistas fueron subvencionados, pero que escasamente crearon algo digno de ser artístico.

 

Lo que se ha venido reclamando es mayor transparencia en el sistema, que sean instituciones democráticas y justas, que en realidad favorezcan el talento, la trayectoria y la capacidad, no las relaciones del solicitante con los funcionarios o jurados. Pero en un país donde hay ausencia de democracia, donde las instituciones están podridas desde las entrañas, estas demandas no prosperan y se estrellan contra el muro de la soberbia y la indiferencia.

 

Concluyo que el arte y la cultura nacionales también están fuera, más allá de las becas y de su sistema corrompido. El arte está en otra parte.

 

BÉCAME MUCHO: VIVIR DE LA BECA


 

 [1] “Conaculta: 25 imposibles en sus 25 años” http://economiacultural.xoc.uam.mx/index.php/cruz/464-conaculta

[2] “Karla Lottini, entre la utopía y la realidad” http://www.rcinet.ca/es/2014/08/03/karla-lottini-la-utopia-viva-2/

[3] “El Fonca y la industria de la beca en  México” http://www.rogelioguedea.com/articulos/paracaidas/el-fonca-y-la-industria-de-la-beca-en-mexico/

[4] “El FONCA y el estímulo a la creación teatral” http://laisladeprospero.blogspot.mx/2012/05/el-fonca-y-el-estimulo-la-creacion.html

[5] “Las becas del Fonca, un estímulo a la antropofagia


 

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