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Martha Leticia Martínez de León
Domingo, 30 de julio de 2017
El árbol es el símbolo de lo humano y lo divino

Los árboles y la sabiduría de Dios

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El árbol es semejante al Hombre, sus semillas producen frutos y estas al esparcirse por la tierra crecerán por sí mismas pero llevando parte del árbol, por eso es simbolizado como sostén de la descendencia.

Cuando alguien come una fruta remueve del mundo una porción de santidad

Sabiduría del antiguo Israel

 

 

En tiempos antiguos la naturaleza se consideraba no sólo el hogar del ser humano, sino una parte fundamental de su sabiduría, a través de ella  la sabiduría divina se mostraba de manera sinuosa a la humanidad, en cada uno de sus actos mostraba un misterio, por ello muchas civilizaciones antiguas divinizaron a estás fuerzas, la naturaleza era el contacto con el misterio, a través de sus lenguajes manifestaba al Hombre una realidad oculta y a través de ella Dios o los dioses respondían a los interrogantes y cuestionamientos de las personas.

 

Ante ello los sabios explican que la razón no es un privilegio para el ser humano sino una carencia perdida que provoca no saber quienes son ni hacia donde van. Esta gracia  perdida y manifestada en la desobediencia al comer del árbol del bien y del mal,  enseñanza conocida por el libro del Génesis o Bereishit, se encuentra en muchas otras civilizaciones.  Antes de la desobediencia Adan y Eva eran esencias, no tenían cuerpo, convivían con la creación y con la divinidad, enalteciendo que el comer de los frutos, granos, cereales y beber el agua de los ríos no era un acto físico, sino una alimentación espiritual lo cual llenaba de conocimiento esa esencia, sabían quiénes eran y hacia donde iban de manera semejante a los animales y seres naturales, pero en su desobediencia al conocer la libertad reconocen en sí mismos la voluntad de decidir y en esta decisión extravían su plenitud, ahora habrá que comprenderse a sí mismos, pero Dios no los abandona los cubre de piel y los expulsa del Edén, es decir, ahora pueden elegir, pero tendrán que ser responsables de sí mismos y  uno del otro, bajo la consigna de que lo que decidan podrá causar daño y no siempre se actuará justamente con el otro.   

 

En esta perdida, la voz de la naturaleza y los seres vivos se vuelve incomprensible, y no me refiero a una voz sonora, sino a la voz interior donde cada uno de ellos sabe perfectamente quien es, hacia donde va, para ellos la muerte es inexistente porque llevan en sí mismo la sabiduría de que no se muere sino simplemente se pasa a otro proceso de vida, en cambio este conocimiento es motivo de sufrimiento en el ser humano. Ante esto, Dios no deja abandonado al ser humano, mantiene su voz en la naturaleza para que la humanidad encuentre su camino al contemplarla, cada ente de la creación le ayudará a comprender hacia donde redirigir su camino, pero toma elementos de la naturaleza para hacerse presente de manera directo, así toma al fuego, al viento,  la montaña y sobre todo del árbol.

 

El árbol es el símbolo de lo humano y lo divino, por ello la cruz de Cristo está creada de madera, porque así como la cruz representa los puntos cardinales para orientar y entregar a la humanidad el mundo, de la misma manera el árbol entrega al ser humano el camino hacia su consciente e inconsciente, el árbol es quien tiene la fuerza para sostener al Hombre, la liviandad de sus ramas le hace sentir el aliento del universo expandirse hasta Dios, y la rigidez de las raíces lo lleva a sostener sus acciones y a fortalecer su camino interior el cual lo llevará a sus profundidades y a su espiritualidad.

 

Cuando el viento mueve las ramas de los árboles se manifiesta el misterio del aliento de Dios otorgando vida al ser humano a través de sus fosas nasales y nos rememora que a través de los árboles recibimos oxígeno, en este movimiento la vida continua no sólo por el aire, el aliento, sino porque las semillas se dispersan y ofrecen otros frutos, ahí encuentran sentido las palabras de Nietzsche Todo el que disfruta  cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla, he aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan.

 

El árbol es la metáfora del ser humano, por ello los Celtas creían que cada ser humano tiene un árbol y que en el momento en el cual lo encuentre comprenderá su misión en la vida.   Esta creencia  se encuentra en tiempos más antiguos, por ejemplo, en el árbol Bodhi, la higuera bajo la cual Sidhartha Gautama encontró la iluminación , aquí el árbol le retorna la sabiduría perdida, los tres puntos del cosmos se unen en su interior, el Cielo, la Tierra y el Inframundo, cada una de estas manifestaciones del alma se entronizan en la humanidad,  por ello, su sabiduría es profunda, conoce los lenguajes de Dios.

 

En el antiguo testamento el árbol es un símbolo del universo y del ser humano, así lo deja ver el libro de Ezequiel:

 

Así dice el Señor omnipotente:

»”De la copa de un cedro tomaré un retoño,
    de las ramas más altas arrancaré un brote,
    y lo plantaré sobre un cerro muy elevado.
23 Lo plantaré sobre el cerro
    más alto de Israel,
para que eche ramas y produzca fruto
    y se convierta en un magnífico cedro.
Toda clase de aves anidará en él,
    y vivirá a la sombra de sus ramas.
24 Y todos los árboles del campo
    sabrán que yo soy el Señor.
Al árbol grande lo corto,
    y al pequeño lo hago crecer.
Al árbol verde lo seco,
    y al seco, lo hago florecer.
Yo, el Señor, lo he dicho,
    y lo cumpliré

 

Cada árbol tiene una distinción, una particularidad, habrá el árbol que a pesar de dar semillas no dará frutos, cada árbol marca el valor de las diferencias al caer la semilla en la tierra.

 

La simbología del árbol como analogía del ser humano contiene la profundidad de Dios, por ello la tradición iraní  manifiesta que el árbol de la Ciencia y de la Vida es la dualidad del Hombre, el primero representa su humanidad fundamentada en su racionalismo y el segundo revela la espiritualidad interior, ambos están en él, pero sí come sin contemplar, la razón se convertirá en ignorancia al dudar, y en muerte al separarse de Dios.

 

El árbol es el símbolo de lo humano y lo divino

 

Los Libros Sagrados de la India, los Vedas revelan la existencia de un árbol el cual al encontrarlo se llega a la vida, es decir, cuando el ser humano simbolizado en el tronco tiene la capacidad de adentrarse en sus profundidades, expandirse y soltarse de nuevo hacia Dios sin miedo.

 

La sabiduría China describe que cada árbol es un camino al cielo siendo la semilla el origen de la vida eterna.

 

El Cristianismo contempla al árbol como el reflejo de Cristo quien es también el árbol de la vida, es decir, es el reflejo de lo que debe de ser un ser humano, de la plenitud alcanzada, es la iluminación, por esta razón, el Budismo señala a Jesucristo como uno de los grandes budas o iluminados, por otra parte, el hecho de que la cruz este creada de madera se convierte en la analogía del árbol, es decir, así como el árbol se encuentra en el centro y guía hacia los tres puntos fundamentales del universo, así la cruz revela al ser humano el camino hacia los puntos cardinales desde su centro, es decir, su corazón, donde habita el entendimiento.

 

El árbol es el signo del centro, esto significa que en todo lugar donde exista árbol ahí se encuentra el origen del mundo, esta analogía enseña que, ahí donde se encuentra un ser humano se haya el origen de lo bueno o lo malo que existirá en la creación, por ello se convierte también en el símbolo de la ascensión.   El Midrash Koven menciona en el edificio crece el árbol de la vida donde ascenderán los frutos, y el islam describe el arcángel se elevó entre las ramas de un árbol.

 

El árbol es el Axis Mundi, el símbolo universal del centro del universo, el centro de Dios, en el árbol se encuentra lo divino y lo humano de manera semejante al ser humano, así se encuentra escrito en la mística  de civilizaciones como Mesopotamia, India, China, Centroamérica, en donde al ser el símbolo del cosmos se convierte en lo inagotable, absoluto.  La mitología escandinava llama a los árboles Igg Drasil, porque sus raíces llegan al centro del universo.

     

La forma de la menorá, el candelabro de siete brazos del Judaísmo es el símbolo del árbol que con la altura de sus ramas, sostenidas en lo humano y en lo profundo del misterio se elevan e iluminan el camino hacia la espiritualidad.

 

El árbol es semejante al Hombre, sus semillas producen frutos y estas al esparcirse por la tierra crecerán por sí mismas pero llevando parte del árbol, por eso es simbolizado como sostén de la descendencia. En el arte, el ejemplo más claro es el árbol de Jesse, en él se percibe que del centro de Jesse crece un árbol donde crecen grandes hombres para alimentar la tierra, pero la cual al verse fortificada y necesitada dará una semilla la cual florecerá en la punta del centro para iluminar.

 

Así como el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y de la Vida tiene un significado profundo, para  otros pueblos el árbol sagrado es el olivo, el cual fue el mayor regalo que ofreció  Atenea a los dioses, se conoce que desde el 5000 a.C antes de la escritura, el olivo era el árbol sagrado. Con el paso de los siglos el Islam otorgó a este árbol características simbólicas especiales, el árbol se convirtió en el camino de Oriente a Occidente reflejo del interior del ser humano, por ello resaltan  Dios no es sólo uno, sino infinito como el árbol, pero infinito entre las raíces, ramas, frutos y semillas

 

Para el islam el ser humano es un árbol de olivo donde el Masriq (Oriente) le otorga su nacimiento diario y el Magrib (Occidente) recuerda el agotamiento o destrucción de todo lo que se manifiesta para que el ser humano sea sabio y aprenda que nada le pertenece, porque así como llega el día y se va, así desaparece todo, quedando solo el centro del árbol, es decir, la sabiduría. Desde la mística islámica, el árbol tiene el Oriente y el Occidente, mostrando que no existen fronteras en el cosmos, en el ser humano ni en la creación, ambos simbolizan las fuerzas superiores e inferiores como lo representa la letra alef del alefato hebreo o el ying yang del taoísmo.

 

El árbol es el símbolo más importante dentro de toda la naturaleza, el Islam menciona que el mundo está sembrado de símbolos que apuntan a Dios, así como los cuatro puntos cardinales se sitúan en el universo para que al contemplarlos el ser humano oriente su mente, cuerpo y espíritu.

 

Los cinco pilares del islam se describen como puntos cardinales que forman un árbol, no debemos olvidar que para las religiones antiguas existían cinco (norte, sur, este, oeste, el espacio o el corazón), así la copa apunta el norte y se desarrolla el Sawm o ayuno, en el sur está la Azala, en el Oeste Sadaqat al -si, la limosna, en el Este la Hagg, la peregrinación.

 

El oriente del cosmos representado simbólicamente en la copa del árbol es llamado Ahl Alanwar, es decir, gente de la luz y el Occidente representado en las raíces, es nombrado Ahl Al Asrar o gente de los secretos, con ellos comprendemos que en el interior del ser humano se encuentra la realidad humana y el misterio de Dios. El ser humano es un árbol  donde no es la fuerza lo que predomina sino  Haqq la Verdad y Halq la creación constante.

 

Esta sabiduría ancestral  que habita en los árboles es celebrada por el pueblo de Israel en Tu B´shvat o año nuevo de los árboles. Los cabalistas mencionan que Dios es un árbol porque se relaciona con la vida física y el mundo espiritual, pero de igual manera lo es el ser humano. Esta celebración recuerda el tiempo en el cual el pueblo judío ya no pudo recolectar los Bikurim o frutos en Jerusalén a causa de la destrucción, por eso, en esta celebración se alaban los árboles, porque la oración se convierte en un alimento, en la Tzedaka o limosna espiritual.

 

 Se rememora lo escrito en el libro Bereishit o Génesis, donde se describen dos árboles sembrados en el centro del jardín, el árbol de Conocimiento del Bien y del Mal y el árbol de la Vida, el primero simboliza y representa la muerte y la voluntad, el segundo es el símbolo de la Torá y la vida eterna. Para la Torá, según el libro del Deuteronomio 20, 14, el Hombre es un árbol de campo, por ello se prohíbe la destrucción  de los árboles frutales aún en tiempos de guerra.

 

Para el pueblo judío, los árboles frutales  son el modelo ideal de la responsabilidad entre el Hombre y su entorno; comer sus frutos es una metáfora de la interacción con la Creación, el uso apropiado de estos frutos conduce a la perfección del mundo y con ello se entrega una bendición espiritual, al contrario, el mal uso conduce a la destrucción y a la degradación espiritual, aquí se entiende el daño ocasionado en el acto de comer del árbol sin reflexionar, el actuar sin contemplar  conlleva la destrucción en base a la ignorancia.

 

La sabiduría talmúdica enseña que cada forma de vida incluida la fruta le es confiada a un ángel, por esta razón, todo alimento debe bendecirse, porque esas palabras le otorgan una mayor producción, el fruto comido otorga a la persona sabiduría, así, el acto de venderlo o no comerlo es un daño grande ya que se priva al mundo de la influencia espiritual y de la bendición. Esta enseñanza finaliza con la frase Quien come y no dice una bendición es un ladrón.

 

Ceiba árbol sagrado

 

El pueblo judío remarca todo lo que existe en el mundo físico es una metáfora de un concepto espiritual más profundo, por ello, comer es para el cuerpo lo que el conocimiento para el alma, de ahí que el verbo comer le´ejol, no signifique sólo un acto físico sino un acto espiritual. Cuando aprendemos algo debemos masticarlo, digerirlo, integrarlo a nuestro ser como los alimentos, sólo así podemos verdaderamente crecer en sabiduría y espiritualidad. Por este motivo la Eucaristía en el Cristianismo no significa sólo  abrir la boca y comer la hostia, la Eucaristía simboliza alimentarte del otro al escucharlo.

El libro de Números dice cuando coman pan de la tierra, le traerán una ofrenda a Dios, de aquí se entiende que el pan son las semillas y el Hombre, es decir, cuando te alimentes de lo que te ofrece la tierra y  el Hombre en su actuar y su palabra. Es aquí donde la boca toma un sentido sagrado Tenufa – den una boca, a través de ella honramos a Dios, al apreciar cada bocado, valoramos que Dios nos ama y que creó todo a nuestro beneficio, por ello el libro de Joel escribe

 

Baruj ata Ado-nai, elo-heinu, malej haolam, sheejeianu vekemanu vehiguianu lazman hazé

Bendito eres tú, Dios Rey del universo quien nos ha mantenido con vida, sustentando y nos ha hecho llegar a esta temporada.

 

El libro del Talmud compara al pueblo de Israel con el Olivo y resalta  así como las hoja del olivo no caen ni en verano ni en invierno el pueblo judío tampoco será aniquilado.

 

El árbol para el pueblo judío de manera similar que para los otros pueblos es el reflejo del Hombre, el árbol ocupa el lugar del ser humano frente a la naturaleza, por eso se festeja el año nuevo de los árboles comiendo uvas símbolo de la humildad, higos símbolo de quien estudia la Tora, porque así como los higos de la higuera no maduran todos sino unos pocos cada día, de igual manera aquél que se introduce en la  Torá, la cual se simboliza en el árbol de la Vida, las granadas son el reflejo de los niños que estudian la Tora en fila de manera similar a este fruto. También se beben cuatro copas de vino la primera de vino blanco, la segunda de rosado suave, la tercera de vino rosado oscuro y la cuarto casi toda roja.  El vino blanco simboliza la naturaleza en potencia y el vino tinto la naturaleza en su máxima expresión. La mezcla de la segunda, tercera y cuarta copa enseña que al pasar de blanco a tinto pasamos de la potencia a la realidad, lo cual revela el juicio de Dios y su Bondad, es así que se bendice a Dios diciendo:

 

Baruj ata ado-nai elo-heinu melej haolam bolam pim ha guefen

Bendito eres tú, Rey del universo quien crea el fruto de la viña.

 

La fruta, parte comestible de cada árbol corresponde a la perfección y a la pureza y lo no comestible de la fruta simboliza la deficiencia e impureza. Por ello, en Tu B´shvat todos los árboles son juzgados, pero este juicio tiene que ver con la reflexión personal, con el cuestionamiento interior en donde se percibe lo que se hizo mal durante el año. Se celebra según la escuela de Shamai en el mes de Shevat el primer día, y para la escuela de Hillel el 15.

 

En este día se debe de agradecer no sólo la presencia de la naturaleza y el aliento de Dios que otorga vida al ser humano al crear oxígeno por los árboles sino se celebra el crecimiento que tiene la persona, quien de la misma manera que el árbol crece hacia la perfección divina. Los árboles nos recuerdan nuestra vida exterior e interior, nuestra relación con nosotros mismos, con Dios y la manera como cuidamos a nuestros semejantes, dice el Midrash cuando entraste a la tierra de Israel la encontraste llena de árboles, no digas entonces,  ¡no vamos a plantar, al contrario, así como la encontraste toda plantada así debo de plantar para nuestros hijos.

 

Otro valor importante del árbol se encuentra en los Sefirot, donde el árbol de la Vida se divide en tres columna. Los Sefirots son las emanaciones de Dios y muestran diez  de sus características,  cada una tiene una cara oculta (fuerza que motiva) y otra visible (creación).  El árbol de los Sefirot se despliega del en Sof o no ser y se subdivide en Olam Ha Atsilumh o mundo plano de las emanaciones, Olam Ha BeriyaH mundo o plano de la creación, Olam Ha Yetsirah mundo o plano de las formaciones y Olam Ha Astyah mundo o plano de la creación material.  Para la cábala Todos estos mundos coinciden en el Hombre, el conjunto de ellos es el árbol de la Vida nombrado Adam Kadmon u Hombre universal

 

Estos Sefirot al unirse  con las 22 letras del alefato constituyen los 32 senderos de la sabiduría, los cuales tiene que ver completamente con el desarrollo interior y exterior de la humanidad.

 

La sabiduría de los pueblos antiguos enseña que la destrucción de los árboles es el reflejo de la carencia  espiritual y de falta del conocimiento que tiene el ser humano de sí mismo. Matar a un árbol asesina la revelación de Dios y su misterio y fragmenta al ser humano, lo convierte en un ser material individual que se debilita al no alimentarse del pan de la tierra,  es decir, de los frutos y de lo que le comparte sus semejantes. Por esta razón, Rabí Tarfón dice:

 

La humanidad debe percibirse como una montaña de nueces: si una nuez es sacada, cada nuez es sacudida, de la misma manera cuando un ser humano está en una situación que lo perjudica o daña, toda la humanidad es sacudida.

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Las nueve musas
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