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Carmen Panadero Delgado
Domingo, 30 de julio de 2017
en un cerro de la vega del río Jabalón

La ciudad íbera de Oreto

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Noticia clasificada en: Arqueología

La localización de las ciudades íberas vino determinada por su proximidad a los ríos, como por otra parte era lo común a todas las civilizaciones y culturas de la antigüedad.

Desde tiempo inmemorial, el agua, bien preciado y vital, además de fuente de vida, era el principal medio de viaje y transporte, decisivo para vías de comunicación y caminos pecuarios, por lo que los ríos se convertían en puntos estratégicos para el asentamiento de las sucesivas civilizaciones.

 

[Img #9448]

 

La ciudad de Oreto floreció en un cerro de la vega del río Jabalón (Granátula de Calatrava, Ciudad Real) y en un cruce de caminos o vías prerromanas: la que unía Andalucía con Toletum —Toledo— (ramal que arrancaba de la via Hercúlea en Cástulo —Linares—) y la que, procedente de Emérita (Mérida), iba desde el oeste a Levante pasando por Sisapo (Almadén). El enclave donde originábase este cruce no pasó desapercibido para los naturales, que supieron ver la conveniencia de construir sobre el Jabalón un puente, que más adelante sería reconstruido por los romanos y llamado "Baebio" en honor del preboste oretano que costeó su construcción, Publio Baebio Venusto, fechado entre finales del siglo I e inicios del siglo II de nuestra Era, actualmente cubierto por las aguas del embalse.

 

La época dorada de los íberos (y por tanto de los oretanos) abarcó entre la segunda mitad del s.VI y la primera mitad del s.III a.C. A partir de entonces los cartagineses sometieron parte del territorio ibérico y, más tarde, Roma lo convirtió en el escenario de sus enfrentamiento con Cartago y, entre los dientes del engranaje que ambos poderes formaban, viéronse condenados los íberos a ser triturados[1].

 

OretianaLa importancia de la población de Oreto dio nombre a la provincia conocida como Oretania, de la que fue capital durante siglos. Oreto pudo significar "monte", porque oretano significaba "montañés" en su dialecto íbero. En tiempos de la dominación romana, como ya se dejaran ver influencias célticas, la ciudad recibió el nombre de Oretum Germanorum. Más tarde, la capitalidad oretana pasó de Oreto a Cástulo (Linares, Jaén). La región oretana extendíase a ambos lados de Sierra Morena y comprendía la mitad meridional de la provincia de Ciudad Real, las partes central y septentrional de la provincia de Jaén, y la región occidental de la provincia de Albacete. A ella pertenecieron lugares y poblaciones actuales como Alarcos, Montiel, Valdepeñas, Almagro, Linares,  Úbeda/Baeza, Porcuna y Jaén. Los poblados ibéricos prerromanos eran los oppida, en ocasiones auténticas ciudades-estado, que solían confederarse para protegerse. El oppidum de Oreto, situado sobre un cerro junto al citado cruce, fue uno de los más antiguos y mejor fortificados.

 

La Oretania aparece mencionada en diversas fuentes clásicas, como   Estrabón,  Polibio  y  Ptolomeo, quienes subrayan  la heroica resistencia de los  oretanos contra los cartagineses Amílcar Barca y Asdrúbal; enfrentamientos que cesaron con la unión de Aníbal Barca y la princesa oretana Himilce, hija del rey de Cástulo, Mucro. La ciudad más poblada de la oretania septentrional fue el Cerro de las Cabezas (Valdepeñas), cuyos habitantes sumaban el 1% de la población de toda la Península Ibérica, importantísimo enclave que jamás llegó a ser romanizado ni, más tarde, arabizado[2]. Destacaron, también, Almagro (Gemella Germanorum), Alarcos (Larcuris) y Villanueva de la Fuente (Mentesa Oretana), pertenecientes al término provincial de Ciudad Real. En la Oretania meridional cabe citar a Orissia (actual término de Vilches), que fue populosa localidad oretana hasta su exterminio por los romanos en el 90 a. C. Así como la capital del sur de la región, Cástulo (actual Linares). Poblaciones importantes fueron también: Tugia (Martos), Ipolca  (Porcuna),  Iltiraka  (Úbeda) y Orongi  (Jaén).

 

La ciudad íbera de Oreto

 

Perviven en la memoria histórica los nombres de algunos de sus reyes, como por ejemplo Orissón, único guerrero que consiguió derrotar a los cartagineses, en la batalla de Heliké (probablemente Elche de la Sierra) en el 230 a. C. Al menos en época tardía pudieron estar bajo el dominio de un único soberano. A juzgar por sus cerámicas, la intensa iberización de los oretanos se produce ya en época orientalizante, es decir, tras la llegada de los fenicios a la península.

 

Sus santuarios son los más ricos del mundo ibérico. En  Alarcos  han aparecido estelas con figuras zoomorfas y existía un arte escultórico de gran calidad al servicio de las elites refinadas y poderosas; también nos hablan de su habilidad  las cerámicas, los bronces y los mismos tesoros argénteos, tan frecuentes en la zona del Cerro de las Cabezas (Valdepeñas) y de Sierra Morena. En Castellar de Santiago (Jaén), han sido hallados en el importante santuario de la Cueva de la Lobera más de 3000  exvotos  ibéricos. Los santuarios oretanos solo fueron igualados por el Santuario del dios Endovélico, en Terena (Lusitania), cerca de Ëvora (Portugal).

 

La riqueza minera de la región oretana estimuló el comercio con los fenicios y los cartagineses, convirtiéndose más tarde en uno de los centros de aprovisionamiento de Roma, a la que proporcionaba minerales y aceite. La zona permaneció poco romanizada, aunque se potenció —como en ningún otro lugar de Hispania— la creación y el mantenimiento de vías de comunicación con el fin de favorecer la salida de materias primas y productos propios.

 

Moneda oretana de Cástulo

 

La economía de éste pueblo prerromano basábase principalmente en la agricultura y la ganadería. Dentro de la producción agraria, destacaban los cultivos de cereales, vid y olivo. Respecto a la actividad ganadera, las riquezas vacuna y caballar tuvieron gran importancia, así como la cría de ganado ovino, caprino y porcino, además de la apicultura, manteniéndose del mismo modo en etapas históricas posteriores. Como anejo de la ganadería, la práctica de la caza debió de ser muy generalizada, en relación sobre todo a cérvidos y conejos. Hay que añadir como recurso económico la explotación minera, muy activa y rica en toda la región oretana. Las minas de cinabrio (mercurio) de  Sisapo (Almadén), que tanta importancia tendrían posteriormente según los textos clásicos, debieron ser conocidas con anterioridad, además de otras minas de Sierra Morena (sobre todo las de carbón, hierro, cobre, galena argentífera, plomo...), aunque los niveles de explotación logrados en los yacimientos mineros oretanos en época prerromana, serían muy limitados.

 

Pero la principal trascendencia del mundo oretano estribaba en el papel que  desempeñó como intermediario en la transmisión de elementos culturales y étnicos entre turdetanos,  bastetanos,  contestanos,  carpetanos,  vetones,  lusitanos y celtas. Sierra Morena, más que una frontera, era un punto de encuentro montañoso, gracias a la existencia de numerosos santuarios en sus proximidades que obligaban a peregrinar a la zona.  


Desde hace una década, el rico yacimiento arqueológico que se levanta frente al cerro de Oreto muestra y explica a los visitantes la Historia de más de diecisiete siglos de civilizaciones y culturas. Junto a él la ermita de Nuestra Señora de Oreto-Zuqueca recibe al viajero y al estudioso en el inicio de un original itinerario pavimentado en piedra, que les aproximará a cientos de estructuras arquitectónicas, casi siempre superpuestas, que nos hablan de la complejidad de este lugar en el que moraron íberos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y cristianos. La presencia de la Antigua Roma se hace evidente en los restos pretéritos del yacimiento, ubicados bajo la planta de la ermita.

 

La ciudad íbera de Oreto

 

En el exterior de los muros de la iglesia se encuentra una pila bautismal, de época paleocristiana (siglo IV), extraordinaria pieza propia del ritual de bautismo por inmersión, porque, anteriormente a la iglesia visigoda, existió un pequeño oratorio donde los primeros creyentes oretanos comenzaron su culto cristiano. También hace referencia al periodo paleocristiano la inscripción de una lápida fechada en 387 d.C. que menciona un granero o almacén edificado.[3]

 

También de esta época existen numerosas tumbas de fosa, cubiertas con teja (que conocemos como tegulae romana), muchas de ellas aprovechadas  más tarde en construcciones visigodas funerarias, situadas en la zona sur del yacimiento.  La formidable necrópolis —de las más imponentes de la Península Ibérica— alberga una enorme cantidad de restos romanos, visigodos y árabes[4].
 

La ciudad de Oreto entró en decadencia tras las invasiones godas, que originaron una grave crisis, procurando así hacia finales del siglo IV el ocaso del mundo tardorromano en la que había sido gloriosa Oretum Germanorum.
Pero resurgió cuando los visigodos ocuparon aquel solar preñado de Historia, lo dotaron y, tras la renuncia al arrianismo de Recaredo, se convirtió en sede episcopal. De tal modo que impusieron allí una nueva disposición territorial. De esta época datan más de ciento treinta tumbas, de todas clases y tamaños.

 

Sorprende durante el recorrido por el parque arqueológico la superposición de culturas.

 

Las tumbas permiten al visitante acercarse a los misterios de la muerte. En estas excavaciones los cuerpos siempre aparecen orientados de Oeste a Este y con la cabeza al poniente, al modo y manera de los rituales de enterramiento que observaban los miembros de aquella sociedad. Los ajuares de las tumbas incluyen objetos de vidrio y cerámica, y adornos personales de cobre, bronce y plata. Grandes carestías y hambrunas asolaron el territorio de Oreto entre los años 680-687, y entre 707-709 d.C. Los enterramientos de esos años dejan constancia de ello en las varias fosas comunes y en el gran número de restos amontonados, desordenados y enterrados en cal para evitar el riesgo de epidemias. 

 

La ciudad íbera de Oreto

 

Casi coincidió esa calamidad con la irrupción de los primeros conquistadores islámicos (711 d.C.). Desde el principio, las fuentes árabes mencionan a la ciudad tanto con el nombre de Oreto como con el de Urit _topónimo que evidencia que fue ocupada por bereberes_ y llegó a convertirse en una de las etapas dentro del itinerario de los ejércitos desde Córdoba hasta Toledo.

 

Con el tiempo, Oreto cambia su nombre por Zuqueca, latinización del árabe "as-sukaya", denominación identificada por los árabes con el "camino" o el "cruce". 

 

Los sirios asentados en Sierra Morena dejaron su impronta oriental en Oreto, como puede apreciarse en una de las edificaciones más impresionantes del yacimiento: los baños o "hammam". Aún hoy puede adivinarse, sin forzar demasiado a la imaginación, la puerta del suroeste que da acceso a un vestíbulo, la sala fría, comunicada con la sala templada, y junto a esta su pertinente sala caliente, con dos grandes tinas o bañeras sobre el hipocausto (arcaico artilugio muy similar a un horno, caldera o gloria, para dar calor).

 

La vetustez de materiales y de fábrica prueba que nos encontramos ante uno de los baños árabes más antiguos del siglo VIII, sin más precedente que los baños del desierto de Jordania, los de Qusayr’ Amra, también del s. VIII.  Se han descubierto, así mismo, canalizaciones capaces según las evidencias de distribuir aguas calientes y frías. Por otro lado, también se ha encontrado un horno muy antiguo para quemar cal, que contenía restos de dicho material.
 

El último trayecto histórico de esta población se desarrolla desde la ocupación islámica hasta la rehabilitación del obispado visigodo, cuando, tras la batalla de las Navas de Tolosa, se reconstruye la ermita de Oreto-Zuqueca. A partir de entonces fue decayendo la ciudad de Oreto hasta su total desaparición, quedando como único vestigio de su Historia dicho templo, cuya Virgen de Zuqueca es venerada desde entonces como Santa Patrona por los moradores de la vecina Granátula de Calatrava. En los diversos niveles de ocupación superpuestos en estas ruinas se encuentran estructuras de habitación con diferencias cronológicas de varios siglos, pegadas muro con muro.

 

La ermita es un ejemplo más de ese sincretismo religioso que tanto se ha prodigado en nuestro país, ya que no integra únicamente restos cristiano-medievalespaleocristianos romano-visigóticos, sino también vestigios de un  santuario de origen íbero, según queda atestiguado por los restos y el propio nombre del santuario de Oreto-Zuqueca. La planta de la ermita parece tener continuidad espacial, lo que viene a indicar una cierta reutilización del espacio sagrado a través de las diversas épocas. La denominación "Oreto" nos hace rememorar a aquella tribu ibera de los oretanos, oriunda de ese paraje al sur del río Anas, vecino de Sierra Morena, que fue el hábitat natural de tan pretérita etnia.
 


[1] - Primeras Colonizaciones (tomo 2), por Miguel Avilés Fernández, Santos Madrazo Madrazo, Emilio Mitre Fernández y Bonifacio Palacios Martín.- Ediciones EDAF.- Madrid, 1979.

[2] - "Historia de España. EL PAÍS" (tomo 1), por John Lynch y VV.AA..- Santillana Ediciones, 2007.

[3]-Yacimiento de Oreto-Zuqueca. Granátula de Calatrava (Ciudad Real),

[4] - Poblamiento prerromano:Oretania, de Antonio Moreno.

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2 Comentarios
Fecha: Lunes, 31 de julio de 2017 a las 14:08
Carmen Panadero Delgado
Gracias por sus palabras, Blanca de las Heras. Me alegra que el artículo haya sido de su agrado. Es curioso que esa canción de cuna se llame "Canto de los Vacceos"; podría tratarse de un canto ancestral. Imagino que ya habrá sido investigado por alguien, porque invita a hacerlo. Supongo que ya sabe que los vacceos fueron contemporáneos de los oretanos; menos íberos que estos, pero con mucho más influjo celta. Gracias por compartir. Hasta otra ocasión, quedo a su disposición.
Fecha: Lunes, 31 de julio de 2017 a las 12:25
Blanca de las Heras Azofra
Interesantísimo y muy bien documentado. Me ha recordado que en Palencia hay una canción de cuna religiosa que se canta en una procesión del Niño alrededor de la preciosa iglesia de San Miguel el 2 de enero y que se llama ( creo no equivocarme en el título ) Canto de los Vacceos.
Con permiso comparto. Gracias

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