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Jorge León Gustá
Domingo, 23 de julio de 2017
reinterpretar a un clásico

Bécquer y el "Libro de los gorriones"

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La versión del Libro de los gorriones presenta la última voluntad del poeta que es la que siempre debe tenerse en cuenta al realizar una edición.

Bécquer y el "Libro de los gorriones"Todos estamos acostumbrados a una lectura de las Rimas de Bécquer que empieza con un magnífico poema de presentación (“Yo sé un himno gigante y extraño...”) y acaba con la rima  “En la imponente nave...”, dibujando un camino que traza su evolución en tres etapas:

 

  • una presentación que reflexiona sobre la forma poética, su origen, sus características, sus capacidades expresivas.
  • el proceso de encuentro de la amada y el enamoramiento.
  • desengaño amoroso y proceso hacia la disolución del yo.

 

De esta manera, las Rimas componen el relato autobiográfico de una relación amorosa: tras un soneto prólogo, el yo poético encuentra a la amada (“Tu pupila es azul...”) y ambos se reconocen (“Hoy la tierra y los cielos me sonríen...”) para llegar a la archiconocida y manoseada “¿Qué es poesía?, dices mientras...”, en la que la identificación de la amada con la poesía lleva a la sublimación del sentimiento amoroso. Avanzando con el relato, llega la ruptura (“Asomaba a sus ojos una lágrima...”), con lo que se sucede el grueso de las rimas de la ruptura: por un lado, las que evocan el recuerdo der la amada, en una suerte de rescritura del tópico petrarquista del recuerdo el bien pasado opuesto al mal presente que vive el yo poético. Destaca la clásica rima de las golondrinas (“Volverán las oscuras golondrinas...”). Todo ello llevará al temor de enfrentarse al recuerdo y sumirse en la desesperación que comporta vivir en soledad con el dolor del recuerdo,

 

Llevadme por piedad a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!

 

que conduce a un proceso de disolución del yo. La vida se comprende como “el más horrible y áspero / de los senderos” y el futuro  se resume en el deseo de ser olvidado de la memoria  de la gente, como supo ver magistralmente Luis Cernuda años después. El itinerario se cierra con una visión de carácter neoplatónico en la que se aspira a una superación de la realidad humana, para entroncar con el anhelo del más puro idealismo:

 

               ¿Será verdad que cuando toca el sueño

con sus dedos de rosa nuestros ojos,

de la cárcel que habita huye el espíritu

en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,

de la brisa nocturna al tenue soplo,

alado sube a la región vacía

a encontrarse con otros?

¿Y allí desnudo de la humana forma,

allí los lazos terrenales rotos,

breves horas habita de la idea

el mundo silencioso?

¿Y ríe y llora y aborrece y ama

y guarda un rastro del dolor y el gozo,

semejante al que deja cuando cruza

el cielo un meteoro?

 

La estructura de biografía amorosa en la que se dispone el poemario no es nueva. Iniciada en Petrarca (y se puede rastrear su origen en los elegíacos latinos), se desarrolla en la poesía del Siglo de Oro en España. Fernando de Herrera, con su poemario Algunas obras..., es quizá el más claro ejemplo, que alcanza a Lope de Vega, con sus Rimas, o el tono burlesco de las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos. Tradicionalmente, estos libros se abren con un soneto prólogo que presentan una reflexión ética sobre lo que ha supuesto para el protagonista sobrevivir a la experiencia amorosa, con un resultado negativo para su protagonista.

 

                              Gasté en error la edad florida mía;                         

               aora veo el daño, pero tarde;                   

               que ya mal puede ser, qu' el seso guarde                             

               a quien s' entrega ciego a su porfía.

 

Este es el caso de Herrera quien sigue la reflexión vital ya hecha por Garcilaso de la Vega. Lope, en cambio, se dirige a sus propios versos, con lo que inicia el camino de la reflexión metapoética: 

 

Versos de amor, conceptos esparcidos,                

               engendrados del alma en mis cuidados,                

               partos de mis sentidos abrasados,                          

               con más dolor que libertad nacidos...                    

 

A partir de este soneto inicial, se despliega la correspondiente autobiografía poética, con poemas dedicados a la dama, el proceso de enamoramiento, así como el desenlace. Cada poeta desarrolla aquí a su manera su propia historia, siguiendo siempre el canon petrarquista: poemas dedicados a la amada in vita y poemas dedicados a la dama tras su muerte o tras la ruptura. De cualquier modo, el final del libro compone siempre el final de la aventura poético-amorosa.

 

Este diseño de ficción biográfica es el que presentan las Rimas de Bécquer. Comprender el libro de este modo presenta un problema fundamental: la estructura basada en el relato de la biografía amorosa se configura en la primera edición de las Obras, que se publicó póstumamente en 1871. Como es sabido, este volumen lo prepararon los amigos del poeta (Augusto Ferran es el más destacado), y no se tiene constancia de que este fuese el deseo de Bécquer.

 

Sí existe, en cambio, una compilación realizada por el propio Bécquer. Es el manuscrito titulado Libro de los gorriones, de 1868. En él constan todos los poemas, así como algunas correcciones realizadas por el mismo poeta en fecha posterior. Tradicionalmente, se ha venido considerando este manuscrito de forma secundaria, un mero recordatorio del libro original perdido. Sin embargo, las últimas ediciones se han decantado por editar las Rimas siguiendo el orden y las variantes de este manuscrito. Así lo hizo Luis García Montero en su ensayo Gigante y extraño, o Joan Estruch en su edición de Obras completas. También lo han publicado así María del Pilar Palomo y Luis Caparrós Esperante para la edición digital del Centro Virtual Cervantes.

 

Bécquer y el "Libro de los gorriones"

 

Ante todo es necesario extenderse un poco en el Libro de los gorriones. Se trata de un manuscrito autógrafo escrito en el volumen de un libro de contabilidad destinado a contener balances, lo cual no deja de ser una ironía. Consta de 600 páginas numeradas, con la siguiente portada:

 

Libro de los gorriones

Gustavo Adolfo Bécquer

"Poesías que recuerdo del libro perdido"

Colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento.

de Gustavo Adolfo Claudio D. Bécquer. 1868. Madrid 17 Junio.

 

Evidentemente, la fecha indica el día en el que se inició el libro, no cuando fue concluido, pues esto no llegó a producirse: la mayor parte de las páginas, de la 20 a la 528, está en blanco. En las páginas finales, de la 529 a la 600, se copian los poemas. Van precedidos de un índice de los poemas (págs. 529-531), una ilustración de la mano del poeta.

 

Creo que la anotación inicial, “poesías que recuerdo del libro perdido”, ha generado los mayores problemas textuales. Entendida al pie de la letra, se ha supuesto que Bécquer reconstruyó de memoria el libro que estaba a punto de publicar ese mismo año. El supuesto libro perdido estaba en manos de Luis González Bravo, Presidente del Consejo de Ministros, protector, a su vez, del poeta. Bécquer le había entregado el libro para que le escribiese un prólogo y publicarlo posteriormente.  Con los desmanes que trajo consigo la septembrina, la revolución de septiembre (como indica su nombre) de 1868 y que hizo caer a Isabel II, la casa del ministro fue saqueada y desapareció el original.

 

El manuscrito, por tanto, según esta interpretación, es una reconstrucción de memoria de este libro. Por eso, la edición póstuma de las Obras de 1871 presentaría la versión definitiva de los poemas.

 

Sin embargo, creo que hay que relativizar esta interpretación. Resulta curioso que Bécquer calculase el número exacto de páginas que necesitaría para reconstruir sus poemas. Efectivamente: las Rimas acaban en la última página. Ni una más ni una menos, lo que no deja de ser significativo. ¿Acaso Bécquer, una vez llegado a la última página del libro de contabilidad, no recordó más poemas? Es cierto que podía haber hecho previamente la recopilación en otros papeles y, después, pasar el texto al libro de cuentas, contando al milímetro las páginas que iba a necesitar. Este hecho ya indica una reflexión profunda y no una simple reconstrucción memorística. Particularmente, lo que más me sorprende es la supuesta precisión de este recuerdo. Es cierto que la memoria era una habilidad mucho más trabajada en el siglo XIX que en la actualidad, que se reserva ya casi exclusivamente a la capacidad de almacenamiento de los aparatos electrónicos (ordenadores, tabletas, móviles). Pero mucha memoria me parece recordar con precisión la métrica, la rima, y cada uno de los versos de los casi ochenta poemas que componen el libro. Hay casos prodigiosos de memoria, pero no sé si este es uno de ellos.

 

Sea como fuere, la versión del Libro de los gorriones presenta la última voluntad del poeta que es la que siempre debe tenerse en cuenta al realizar una edición.

 

Es lógico, por tanto, que la versión del Libro de los gorriones sea la que prevalezca sobre la de Obras póstumas: es aquella en la que, con toda seguridad, sabemos que refleja la voluntad del autor. Si tenemos en cuenta que el manuscrito presenta correcciones del propio, resulta evidente que Bécquer volvió sobre el manuscrito y realizó los cambios que creyó necesarios.

 

La leyenda, en el fondo, muy “romántica” de la reconstrucción del libro original de las Rimas perdido debe ser reconsiderada. Se supone que el manuscrito se perdió cuando la casa del Presidente del Consejo de Ministros fue asaltada por los revolucionarios durante los disturbios del mes de septiembre del 68. Sin embargo, no hay la constancia de que existiera tal asalto a la casa de González Bravo. Los periódicos de la época relatan los hechos de otro modo.

 

El Presidente del Gobierno (como diríamos hoy) presentó su dimisión ante la reina Isabel el 20 de septiembre y ese mismo día se marchó hacia Francia El Imparcial da la noticia al día siguiente:

 

“La Correspondencia de anoche publicó las siguientes noticias: Ayer admitió S. M. la reina la dimisión del Presidente del Consejo de Ministros, D. Luis González Bravo. S.M. nombró ayer presidente del Consejo de Ministros al señor Marqués de la Habana.” Y añade en otro lugar: “Ayer mismo salió de San Sebastián para Francia don Luis González Bravo” 

 

En el periódico La correspondencia de España se destaca que, en contra de lo que pudiera suponerse, impera el orden en la capital: “A pesar de todo, y de ciertos rumores que se esparcen, los hombres más importantes, lo mismo los afectos que los adversarios al nuevo gabinete, creen completamente asegurada la tranquilidad en Madrid.”

 

La evolución de los acontecimientos, según se desprende de la lectura de La correspondencia, estuvo presidida por la seguridad y el buen comportamiento ciudadano: “Los sucesos del día [23] han presentado un carácter muy favorable a la causa del orden” (p. 1). “Madrid estaba tranquilo, pero se creía que iba a proclamarse el estado de sitio y que la reina encargaría al marqués de la Habana la formación de un nuevo gabinete.“ 

 

Ese mismo 23 de septiembre se concentran 1400 carabineros en Madrid para garantizar el orden y la seguridad en las calles. Una semana después, el 29 de septiembre, el Capitán General Manuel de la Concha lanza un mensaje explicando que “la guarnición de la capital (...) ha podido conservar el orden público hasta aquí sin molestar a nadie”

 

No solo considera  este periódico que “el cambio de situación se ha hecho en Madrid con orden admirable”, sino que, al día siguiente se destaca la seguridad en palacio: “En palacio no se ha tocado ni un mueble, y es más, el pueblo no ha pasado de la escalera, según declaración de los mismos empleados que han asistido al inventario y reconiocimiento general de muebles y habitaciones ante un juez y dos escribanos (...). Después (...) se han sellado las habitaciones y entregado las llaves al llavero mayor bajo su responsabilidad”

 

“Se ha mandado desocupar el ministerio de Estado por tener comunicación con Palacio y con el campo, y sigue custodiando el edificio la guardia de honrados ciudadanos a quienes se ha confiado. (...) La comisión (...) se encarga de vigilar la conservación intacta del edificio y sus efectos” (p. 3).

 

En la noticia, se destaca más la celebración y el orden que los disturbios, de los que no hay rastro.  Finalmente,  el 1 de octubre se anuncia en La correspondencia que al día siguiente volverán a “a abrirse los pocos establecimientos públicos que en estos días han sido cerrados, y en breve volverá Madrid a su vida normal”.

 

Ante estos comentarios, cabe preguntarse si realmente existió el ataque a la casa de González Bravo, que, sin duda, hubiesen recogido los periódicos.

 

En cambio, de lo que sí tenemos noticia es del anuncio, el 16 de marzo de ese mismo año, es decir, de unos meses antes de la revolución, de la publicación inminente de un libros de poemas de Bécquer, aparecido en El Imparcial, tal como ha señalado Joan Estruch:

 

  “Dentro  de pocos días empezará la publicación de las poesías del  Sr. Bécquer, con un prólogo escrito por el Sr. González Bravo”

 

Para Estruch, este libro poseería “una ordenación interna que desconocemos, pero seguro que era distinta que la ultilizada por el poeta en el Libro de los gorriones y también de la de las Obras póstumas”. No hay pruebas que puedan refrendar esta opinión, pero de lo que no hay duda es de que Bécquer tenía una idea clara de cómo quería organizar sus poemas, pues los había preparado para su inminente publicación. Por ello, la estructura del Libro de los gorriones debe ser respetada, pues refleja la voluntad del autor, y no una simple copia de poemas a medida que la memoria de su autor los va rescatando del olvido.

 

Las últimas ediciones de los poemas becquerianos nos indican el camino que debemos seguir: descartar la lectura sumamente atractiva de las Rimas como autobiografía de un relato amoroso (heredera de la tradición poética del Siglo de Oro, especialmente la de la llamada escuela sevillana en la que se había formado Bécquer) y reorientar el estudio de los poemas partir de los datos objetivos que presenta el autógrafo, reflejo meditado (como muestran las correcciones) del autor. No hay nada más apasionante que poder reinterpretar a un clásico

 

 

Cabecera: Monumento a Gustavo Adolfo Bécquer en el parque de María Luisa (Sevilla)


 

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