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José Ramón Ponce
Domingo, 23 de julio de 2017
FUNDAMENTOS DE HIPNOSIS X

Formación de la imagen racional

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La imagen sugestiva es el regulador del proceso de sugestión dentro del cuerpo-mente, y deriva al mismo tiempo del seno de la imagen racional.

Una vez creada, ejerce su efecto refractario sobre la información recibida, contenida y emitida, operando desde el estado vigil hasta el hipnótico; aunque funcionan de modo diferente. Ambos tipos de imagen mental, la sugestiva y la racional, conforman proceso único e interconectado, de transformación de una en otra, promovido por la dinámica de la disociación psico-cerebral.

 

A medida en que los órganos de control nervioso se centralizaban durante la evolución de las especies, se producía mayor coherencia e integración dentro del cuerpo del animal, y de este con su entorno. De ello resultaba la fusión del modelo individual con el ambiental, uno respondía y era efecto del otro, o sea cada ser era producto de su desarrollo interno pero en función de su interacción externa.

 

Al producirse progresivamente integración entre el individuo y sus circunstancias, tenía lugar mejor adaptación. Ejemplo de ello se observa en insectos, donde numerosas especies se adaptan al medio no solo modificando sus reacciones a insecticidas, depredadores y otras agresiones, sino también cambiando su aspecto exterior.

 

Al alcanzar mayor complejidad los órganos de control en las especies desarrolladas, el sistema psico-cerebral se convierte en piedra angular de su integración interna y externa, y de hecho en el principal código regulador de la respuesta adaptativa.

 

Esta regulación psicológica compleja, en aquellos primeros momentos generaba, como un sub-producto, una arcaica y aun no consciente forma de imagen o figura. Representada en la psique de algún modo desconocido, esta proyecta entonces sus impulsos de control a lo largo del cuerpo y la incipiente psique. En otras palabras, el modelo portado en la imagen tiende a ser reproducido en la acción física y mental, y de hecho en sus condiciones internas, hasta finalizar en las conductas de adaptación y defensa. Por ejemplo, la señal del león en la mente del antílope lo impulsa a escapar. O perros que al dormir y soñar reaccionan como si enfrentaran a un agresor, lanzando mordiscos y ladrando con tenue intensidad.

 

Wolfgang KhoelerOtro ejemplo sobre la representación mental del animal son los experimentos hechos con primates, e iniciados por Wolfgang Khoeler en la primera mitad del siglo XX. Estas investigaciones consistían, por ejemplo, en presentarles dentro de una habitación alimentos a una altura de muy difícil alcance. Al mismo tiempo estaban distribuidos por el piso diversos utensilios, los cuales facilitarían el alcance de ser ensambladas las diferentes piezas entre sí. Los animales terminaban por engarzar algunas, sirviéndoles de herramienta para alcanzar su propósito. Probablemente la sedimentación y estructuración de información obtenida, intento tras intento, terminara por elaborar alguna imagen de cómo resolver el problema.

 

Esta interrelación mente-cuerpo posibilita la consonancia isomorfa entre uno y otro. Es decir, de algún modo el modelo representado en los órganos de control, en forma de imagen arcaica o de cualquier modo, es trasladado al funcionamiento del individuo, en su organismo, mente y conducta, e incluso se extiende al entorno.

 

Sin embargo, al surgir el humanoide, y aumentaba la interacción e integración con un ambiente más enriquecido, el mecanismo de control se hacía más complejo, llegando a surgir la imagen consciente. A partir de ese momento dicha imagen adquiere papel superior como código integrador, poseyendo carácter anticipatorio, preventivo, preparatorio y participativo con respecto a las demandas del ambiente.

 

Estas nuevas características de la imagen mental, ya devenida consciente, posibilitan la conversión de una adaptación pasiva a una adaptación activa del ser humano. A este nivel de desarrollo la prioridad del órgano de control ya no es la coherencia biológica e instintiva, sino la transformación del entorno.

 

La estructura encefálica que portaba el nuevo ser, es decir el humano, lo obligaba, para no perecer, a cambiar, transformar, buscar. La imagen mental no se circunscribía entonces a sostener la mera subsistencia a través de las señales de alimento, agua y agresión, sino que se produce un giro de 180 grados, y comienza a proyectarse hacia lo exterior. Ya el papel de código de la imagen no es solo “¿qué hacer?”, sino saber qué va a agredir y crear condiciones para su prevención, evitar el frío, matar animales para mitigar el hambre, y el modo de evitar el ataque de otros humanos; entre otras necesidades.

 

Esta modificación supone la necesidad de pensar, lo cual enriquece paulatinamente la conciencia. El cambio abarcó largo período de tiempo, no exento de episodios dramáticos; de hecho la adaptación y defensa propiamente humana surge de las contradicciones de aquellos primeros seres con el entorno.

 

Al margen de la polémica científica sobre si mayor peso específico en la evolución lo tuvo lo genético-hereditario o el aprendizaje social, las circunstancias impusieron nuevas formas de conducta que dieron paso a respuestas conscientes y socializadas, quedando atrás las formas pasivas e instintivas del animal.

 

El surgimiento del hombre primitivo poseía aún una conciencia muy limitada, pero dentro de precarias posibilidades necesitaba reunirse y comunicarse para lograr sustento, protección y abrigo. No conocía todavía la palabra y la expresión motora y onomatopéyica de la imagen mentalmente representada era el medio de comunicación de que se disponía. En este período de transición, la conciencia se circunscribía a las representaciones concretas y de escasas posibilidades para la conceptualización y razonamiento.

 

Sus procesos analítico-sintéticos operaban con irrisoria cantidad de información y bajo grado de desarrollo, por lo que la participación de áreas asociativas del cerebro era mínima; por ende, el razonamiento lógico no podía ser todavía el rector principal de su psique. La imagen era creada por la información recibida, pero a través de una insuficiente evaluación crítica. De ahí la factibilidad de la sugestión en la medida en que se retrocede en la historia, principalmente en los períodos de más oscurantismo.

 

En estos inicios la imagen se confrontaba con los acontecimientos relacionados a las necesidades vitales del individuo, y al mismo tiempo que la desarrollaba, la impulsaba a su reproducción con los medios disponibles: la ejecución motora y gutural. Por ejemplo, los actos que casual y fortuitamente satisfacían necesidades dadas por hambre, frío, sed o sexo, se representaban y fijaban en la psique, determinando nuevos modos de acción. O sea, al llegar alimento a la boca, se recostaban a la piel de un animal sintiendo calor, o se acercaban a una mujer, quedaban huellas satisfactorias de lo acontecido y eso los impulsaba a repetir el evento; pretendían sentir nuevamente el placer recibido.

 

En la medida que el acto suministrara la misma sensación, se consolidaba la imagen de la acción, la del objeto específico, su conexión con la realidad, movimientos a llevar a cabo para repetir el evento, y toda la situación en general.

 

Se observa aún en tribus primitivas como se simboliza la satisfacción de necesidades a través de acciones, posturas físicas y sonidos. Danzas con lanzas como si estuvieran matando al animal en caza, pesca, o miembros de tribus enemigas. Nombres originados en lo que ven. Ritos que conjuran la sequía, inundación y enfermedad. Gestos y expresiones de ira que intentan agredir o atemorizar a otros. Pinturas rupestres donde se plasmaban acontecimientos frustrantes y venturosos con tal de conjurarlos o mantenerlos. Todo según la representación mental.

 

Lucien Levy-BruhlAl margen de criterios sobre diferencias étnicas de carácter biológico del antropólogo Lucien Levy-Bruhl (1857-1939), son acertadas sus observaciones de que el hombre primitivo no captaba la realidad estrictamente a través del concepto y comprensión abstracta, sino a través de la representación dada de manera concreta por la realidad vivida, lo cual era su entorno natural y la tribu. Este autor escribió diversas obras para fundamentar sus criterios, entre ellas Les fonctions mentales dans les sociétés inferieures (1910), La mentalité primitive (1922) y L' äme primitive (1927).

 

El desarrollo psíquico que tiene lugar a partir de la imagen se observa también en el niño desde su nacimiento, lo cual es estudiado por diversos autores. Entre ellos el científico francés Jean Piaget, aún vigentes, el cual principalmente expone su teoría en los libros El nacimiento de la inteligencia (1936), La construcción de lo real (1937) y La formación del símbolo (1945). Este autor observa como en el lactante, a partir de sus acciones sensorio-motrices, se inicia larga trayectoria evolutiva que llega al desarrollo de la imagen mental por medio de la interacción e integración entre sus esquemas de conducta y el objeto.

 

A medida que la imagen representada en la mente del hombre primitivo se confrontaba con la práctica, y resultaban efectivas las acciones derivadas, ésta se hacía progresivamente cada vez más compleja, hasta crearse un modelo subjetivo y consciente acorde a la realidad. Su representación mental se enriquecía crecientemente en la actividad pensante, a partir de la acumulación, reiteración, interacción, y retroalimentación de la información, implicando los procesos de aprendizaje y socialización, y de hecho fijándose intensamente en los circuitos neurales.

 

Adquirían, por lo tanto, mayor dinamismo las áreas asociativas, límbicas, y frontales, o sea de la intencionalidad, deviniendo en mayor selectividad y precisión el proceso analítico-sintético. En consecuencia, se produce la abstracción, y por ende el concepto, por lo que se definen los objetos dentro del conjunto representado, y con ello se asocian los sonidos a las acciones, surgiendo el lenguaje.

 

De este modo aparece la imagen racional, comprendida, conllevando fase superior de desarrollo humano, convirtiéndose en sostén y materia prima del razonamiento lógico. La configuración de la imagen se define conceptualmente y el concepto se concreta en imagen.

 

Surge así la conciencia, la cual asume el papel de código superior de integración entre la experiencia recibida y la actuación individual, llegándose a establecer por ello un circuito interactivo entre ambiente, psique y cuerpo.

 

La imagen racional, a medida que consecutivamente se representa en la conciencia, se fija, habitúa y almacena en la corteza cerebral, incrementando los patrones de referencia para procesar la nueva información a recibir. Por ejemplo, aunque no es fácil percatarse, cuando se escucha una palabra, narración, se observa una gráfica o aparece un problema, la mente trata de buscar con qué comparar lo recibido, qué pudiera ser, y se ensayan hipótesis, hasta que al final el individuo comprende la situación, elabora una respuesta, y la aplica prácticamente. Una vez aplicada se produce la retroalimentación de sus efectos, lo cual implica la reevaluación analítico-sintética de la nueva información. 

 

En este proceso juega un papel esencial la palabra, la cual es representación lingüística de la imagen. Constituye la abstracción de contenidos mentales comunicados de un individuo a otro; así se fija en su estructura. Transita de uno a otro y en la medida en que se recibe se desdobla necesariamente en imagen, aunque sea portadora del concepto.

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