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Adriana Greco
Sábado, 22 de julio de 2017
Carson McCullers

Una pálida belleza

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Noticia clasificada en: Crítica literaria Narrativa Relatos

Sucesivas muestras de agudeza, ironía y ternura representan el mundo de Carson McCullers en su esplendor más cotidiano, en el afiebrado aislamiento de los pueblos rurales...

“No me gustaría vivir si no pudiese escribir… La escritura no es solo mi modo de ganarme la vida; es como me gano mi alma”.

C. McCullers

 

Entrar en sus páginas despierta una instantánea afinidad, una simpatía sobre certezas y desazones acerca de la fragilidad del mundo, que nos conmueve con su prosa perfecta y puraLas criaturas extrañas, el ponche, las naranjitas chinas y el piano podrían ser algunos iniciales atributos de Lula Carson Smith. Estos se parecen peligrosamente a una sesión de rizos infantiles de una madre desmesurada, a los vasos con ginebra y a la decepción, como también al puñal que tiembla en la pared entre Frankie y Berenice.

 

En la afamada constelación de la literatura sureña estadounidense sus personajes apuntan al lector con precisión desoladora. Es esa muchacha alta y enferma que se concluye inadecuada quien engendrará a Miss Amelia, belicosa y solitaria, apoyada en el porche trasero de su casa, y enamorada del jorobado Lymon, una rara mezcla de pedantería y deformidad, pero también surge de su fascinación el despechado, violento y estupendo Marvin Macy, y todo un pueblo con “pocas almas buenas”.

 

Sucesivas muestras de agudeza, ironía y ternura representan el mundo de Carson McCullers en su esplendor más cotidiano, en el afiebrado aislamiento de los pueblos rurales, el cinismo morboso de los aburridos a media tarde, el puntual aturdimiento frente al amor, y las pasiones que no se resuelven; pero es en la agitación de los cobardes y mediocres o a través del racismo y la hipocresía donde ensaya alguna denuncia social en sus páginas siempre tan claras de melancólica poesía, de seres queribles e incomprensibles para sus pares.

 

Profesó algunas amistades ilustres. Truman Capote, W. H. Auden Klaus y Erika Mann, hijos de Thomas Mann, o Tennessee Williams quien llegó a afirmar, “El único escritor verdadero que el Sur haya tenido siempre fue Carson… Ella no era un ángel, ya sabes. O si lo era, era un ángel negro. Pero tenía sabiduría infinita. La nuestra era una relación profunda que abarcó muchos años. La conocí cuando fui a Nantucket a morir. Había leído Frankie y la boda ese año y la consideré el escritor vivo más grande del mundo”.

 

Ávida lectora, frecuentadora de los clásicos rusos: “En el sur, como en la antigua Rusia, se advierte a cada instante el escaso valor que se le otorga a la vida humana. Los niños nacen y mueren, y si no mueren luchan por sobrevivir. Los límites de un campo estéril de apenas unos cuantos acres, una mula, una bala de algodón pueden suponer toda la existencia y todo el sufrimiento de un ser humano”; así como de enemistades no menos gloriosas de la talla de Flanery O’Connor, Lilliam Hellman, Gore Vidal o Katherine Ann Porter.

 

Toma su nombre de pluma de Reeves McCullers, su dos veces esposo, narrador y soldado, con quien mantiene una larga relación conflictiva; a los veintitrés años publica su primera novela, El corazón es un cazador solitario (1940) que fue recibida con notoria consideración, y en 1941 se edita Reflejos en un ojo dorado que en 1967 es llevada al cine por John Houston con Marlon Brando y Elizabeth Taylor en los roles centrales.

 

Una pálida belleza

 

Grandes problemas de salud la acuciaron desde la infancia, luego durante la edad adulta otros dolores minaron su propia escritura. En 1943 en La balada del café triste, esboza su teoría acerca del amor: “[…] El amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos personas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas […] Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. […] Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es solo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor. Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos”.

 

Tres años después saldrá Frankie y la boda donde los personajes principales “Se pasan el día sentados alrededor de la mesa de la cocina, hablando siempre de las mismas cosas, repitiéndolas hasta el infinito, aunque durante aquel mes de agosto las palabras habían comenzado a rimar entre sí, produciendo una extraña música”. Ya en 1957 sale a la luz The Square Root of Wonderful (La raíz cuadrada de lo maravilloso), una obra de teatro, y en 1961 se distribuye Reloj sin manecillas. En 1999 se publica Iluminación y fulgor nocturno. Autobiografía inacabada, que reúne documentos autobiográficos y correspondencia de la autora.

 

En febrero del 2017 se cumplieron cien años de su nacimiento. La editorial Seix-Barral reedita su obra completa. La colección de cuentos y La balada del café triste, con un prólogo de la escritora chilena Paulina Flores; la novela Reflejos en un ojo dorado, con prólogo de la española Cristina García Morales, y epílogo de Tennesse Williams; Reloj sin manecillas con prólogo de Jesús Carrasco; y El aliento del cielo, la totalidad de sus cuentos, trece inéditos, y sus tres novelas cortas en edición del argentino Rodrigo Fresán.

 

Entrar en sus páginas despierta una instantánea afinidad, una simpatía sobre certezas y desazones acerca de la fragilidad del mundo, que nos conmueve con su prosa perfecta y pura. McCullers, eléctrica en sus profundidades, es como afirmó William Goyen intentando una afrenta: “Una criatura hechizada”.

 

Desde el sur del Sur escribe Adriana Greco


 

 

 

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1 Comentario
Fecha: Miércoles, 9 de agosto de 2017 a las 12:41
Blanca de las Heras Azofra
Enhorabuena por el artículo, es una escritora que leí y aún conservo varios libros , muy viejos ya. En la época , hará 40 años era una forofa, cuando empezaba a tener fama y ponerse a la altura de la literatura, la novela negra.

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