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José Ramón Ponce
Domingo, 9 de julio de 2017
FUNDAMENTOS DE HIPNOSIS VIII

Estado hipnoide

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El hipnoide es el estado intermedio entre relajación e hipnosis. La disociación es mayor en esta fase que en la relajación, pero es aun elemental, primaria con relación a la hipnosis.

Se inicia por medio de intensificar la concentración focal de la atención, la cual puede ser continuación de la relajación precedente, o producirse de modo directo; por ejemplo, cuando alguien se queda mirando fijamente un pez en una pecera, cuando se mira involuntariamente la sucesión de postes eléctricos en una carretera estando en un vehículo en marcha, o cuando un estudiante queda intensamente absorto en un problema matemático.

 

Los seres humanos pueden hallarse en estado hipnoide y no saberlo hasta el momento que cambia la dirección de la atención, en ese instante se siente la confusión característica, al menos momentánea. Incluso en grados intensos de activación, como ira o terror, se produce también esa especial disociación de la psique, aunque su fuente en este caso es diferente. En esos casos la atención se concentra profundamente en el foco causal de la agresión, lo cual implica también reducción de conciencia, y por ende descontrol de la conducta; pasado algún tiempo surge la pregunta ¿cómo es posible haber actuado de esa manera?

 

La conciencia no posee frontera definida; por ejemplo, en somnolencia causada por los medicamentos, fatiga o momento de despertar al amanecer, hay bajo nivel de vigilia aunque aparentemente estemos bien despiertos.

 

El individuo bajo estado hipnoide no se percata de lo que ocurre a su alrededor y no hay más pensamiento o memoria que la referida a lo atendido. Si se recibe bruscamente otro estímulo que sea importante para él, tarda unos instantes en orientarse nuevamente. Incluso si la atención está demasiado concentrada, la persona no responde aunque se le llame y hay que hablarle en forma enérgica.

 

En el animal se produce un fenómeno similar, el cual constituye antecedente evolutivo del que se produce en el ser humano. Cuando se enfrentan al enemigo, fijan la vista, olfato y audición sobre la fuente de la amenaza, mientras pierden fuerza otros estímulos. Se evidencia así como la mente funciona en forma fraccionada, disgregada. Algunos estímulos recibidos se amplifican y otros se minimizan. 

 

Al igual que en relajación, el hipnoide requiere el enfoque de la atención en un objeto definido. Con la diferencia que de que en este estado el objeto focalizado adquiere carácter fundamental.

 

A ello se añade que el devenir del hipnoide es diferente cuando dicho objeto es activo, el cual provoca razonamiento, apasionamiento o deseo, a cuando se forma por uno pasivo, el cual es monótono, conduciendo al letargo y somnolencia.

 

Estado hipnoideAl ser activo, relevante para el individuo, se excitan espacios neurales pertinentes al objeto de atención, quedando dividido el campo psicológico en lo atendido y lo que le rodea. Un ejemplo singular, pero ilustrativo, es un experimento que ha quedado como clásico en la historia de la psicología, realizado por el fisiólogo francés Francisco Magendie (1783-1855), el cual consistió en cortarle miembros a un sapo durante el clímax del acto sexual. Con ello demostraba como el placer sentido bloqueaba la sensación de dolor.

 

Pero si el objeto es pasivo, es decir afectivamente neutro, no portador de un sentido para el individuo, entonces no se requiere actividad pensante. Por consiguiente, se reduce el proceso analítico-sintético, no se necesita, lo cual supone un estrecho espacio neural activado. Es decir, poseen menos participación áreas terciarias, sistemas activadores y sistema límbico, y la información entonces apenas rebasa las áreas de proyección. En consecuencia, el campo mental queda dividido, pero la inhibición es más amplia, pudiendo llegar a incluir el foco de atención, hasta provocar en el individuo el sueño natural.

 

El cambio en la consciencia se produce por medio de objeto activo como uno pasivo. Si la atención es activa pierden importancia, significación, contenidos mentales no pertinentes al objeto, pero si pasivo se produce letargo y distensión mental. 

 

Por ejemplo, la atención a la música suave e instrumental, o a un número, color, pecera u otro objeto pasivo, ejerce un efecto diferente a cuando la atención se fija en un problema matemático, música evocadora de recuerdos tristes, terrorífica imagen televisiva, o visión de una playa, la cual puede ser relajante para algunos pero no para otros.

 

Un estudiante puede realizar una copia del pizarrón, serle aburrida y no ver los errores que escribe, pero también puede concentrarse intensamente en un examen y no percatarse de quien le observa sus respuestas en el papel.

 

El científico Raúl Hernández Peón expone en su trabajo Aspectos neurofisiológicos de la atención, experimentos donde se notaba como se inhibía en gatos el potencial eléctrico de las fibras nerviosas de la audición mientras miraban ratones a través de la jaula.

 

En consecuencia, el tránsito del estado hipnoide al hipnótico se produce, usualmente, por medio de objeto pasivo, mientras que para uno activo provocar el mismo efecto, deben mediar condiciones especiales.

 

Como es natural, estímulos netamente sensoriales, dado sus cualidades de pasividad e irrelevancia, son idóneos para producir el estado hipnoide. Estos propician en mayor medida la concentración de impulsos nerviosos en áreas de proyección, mientras impiden la entrada de los contenidos mentales no pertinentes al objeto atendido. Por ejemplo, en la técnica de Meditación esa es la función principal que cumple el Mantram.

 

En el niño recién nacido se observa claramente este efecto. En sus primeras semanas de vida posee características cercanas al animal en tanto no posee noción del entorno ni de sí, reacciona cuasi-instintivamente a los estímulos, no posee conciencia, y predominan en él los canales pre-humanos que porta al nacer. Esto supone amplificada receptividad y reactividad a estímulos afectivos, y solo por medio del llanto expresan sensaciones de hambre, sed, dolor, incomodidad. Por consiguiente, predominan los canales auditivos y táctiles para la recepción sensorial. De este modo la concentración de la atención es focal y puntiforme en el niño, lo que propicia el estado hipnoide.

 

Consiguientemente estos estímulos, pasivos, constantes, monótonos y señalizadores de protección, aparejado a escaso desarrollo de contenidos psicológicos, los conduce fácilmente, desde el hipnoide hasta sueño natural. Entre estos estímulos sensoriales se encuentran caricias y pases de mano, sonidos suaves, monótonos y focales, o balanceo.

 

La elevada sensibilidad a la manipulación táctil en el niño recién nacido explica la necesidad imperiosa, para su desarrollo mental, de caricias y contacto físico; estas acciones fungen como señal de protección, arrastrándose esta cualidad desde las especies anteriores al hombre. El psicólogo norteamericano René Spitz fue uno de los primeros en fundamentar, en la primera mitad del siglo XX, la importancia del contacto “piel con piel” en el recién nacido, siendo este hecho estudiado largamente después.

 

La insuficiencia de condiciones psíquicas internas en el niño recién-nacido no facilita el procesamiento analítico-sintético, por lo cual se magnifica el efecto del estímulo táctil. Esto implica mayor protagonismo de las áreas primarias o de proyección, por lo que resulta que la transmisión suave y rítmica de estos estímulos provoca un estrecho foco de activación que conduce al sueño. También el balanceo hace el mismo efecto, al provocar emisiones rítmicas provenientes del oído interno. De igual manera los animales, a menudo cuando se les acaricia quedan aletargados.

 

Estas necesidades de los primeros años no desaparecen con el tiempo sino que a lo sumo quedan subyacentes, aflorando solo ante situaciones amenazantes, como mecanismo regresivo de búsqueda y protección. Por ejemplo, los niños mayores, ante acontecimientos agresivos que no son capaces de manejar, corren a buscar refugio con la madre o padre. La mujer, llena de horror por sangriento accidente, animal temido o posibilidad de violación en una calle obscura y solitaria, busca desesperadamente protección en otras personas, y trata de abrazarse a ellas, aunque sean desconocidas. De igual modo, quien se encuentra desesperado, triste, sin salida, siente alivio cuando otra persona le toma la mano, le da un espaldarazo o le pasa el brazo por los hombros.

 

Alrededor de los tres años, en que se produce lo que algunos autores llaman Primera crisis de personalidad, tiene lugar un salto cualitativo en el niño, donde toma conciencia de sí mismo, maduran funciones psíquicas y comienza a conocer su entorno. En ese momento su cerebro comienza a asumir diversas operaciones que antes le estaban vedadas. Dentro de ello, se desarrolla el funcionamiento analítico-sintético, requiriendo solo de la acumulación de los conocimientos para ser enriquecido.

 

Rebasando esos años, alrededor de los seis, el niño adquiere mayor conocimiento de la realidad, y logra progresivamente la capacidad de discriminación y comunicación; aunque todavía mantiene elevada sensibilidad al estímulo sensorial. Esto se observa, por ejemplo, en la necesidad de algunos que les lean cuentos antes de dormir, preferiblemente con un tono arrullador, tranquilo, monótono, terminando por dormirse bajo esta influencia.

 

El estímulo auditivo, como medio sensorial para crear el estado hipnoide, se observa en técnicas de musicoterapia, o sonidos evocadores de la naturaleza. Estos transmiten pasividad, somnolencia y letargo a algunas personas. También se encuentra la uniformidad de sonidos de algunos equipos especiales para la inducción de hipnosis. La visión, como canal sensorial, adquiere especial importancia porque sus receptores son los más desarrollados e importantes en la corteza cerebral.

 

Según el fisiólogo ruso Iván Pavlov, la entrada a hipnosis se logra a partir de un punto intermedio entre dormido y despierto, evidenciándose necesariamente el paso por el estado hipnoide según este criterio.

 

La fase inicial del sueño es de reposo, sueño Delta, en alusión a la onda eléctrica que predomina en esta etapa, o llamada fase NO-REM del sueño. En este estadio se hallan cuatro subfases, pudiéndose encontrar el estado hipnoide en puntos intermedios de esta secuencia. Es por ello que las circunstancias que promueven el hipnoide son las mismas que conducen al sueño, y solo por medio de condiciones especiales es que deriva hacia hipnosis. Es como si se marchara por una carretera, pero ante una bifurcación por el medio del camino se produjera un desvío, y en vez de continuar hacia el destino natural se tomara un camino especial.

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