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José Ramón Ponce
Domingo, 2 de julio de 2017
FUNDAMENTOS DE HIPNOSIS VII

Estado de relajación

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En estado de relajación la disociación es funcional, efímera, imperceptible. A medida que la atención se concentra adquiere consistencia, y surge el hipnoide.

La disociación que fundamenta la dimensión hipnótica es amplia y generalizada, pero para llegar a ello transita a través de diferentes escalones. Es una secuencia que comienza en la distensión psíquica y muscular, alcanza después el estado relajado, y continúa con el estado hipnoide, hasta finalmente llegar al estado hipnótico.

 

En estado de relajación la disociación es funcional, efímera, imperceptible. A medida que la atención se concentra adquiere consistencia, y surge el hipnoide. Posteriormente, por medio de influencia adecuada, se alcanzan los niveles más profundos: los hipnóticos. Dentro del tránsito de uno a otro opera el proceso de sugestión, como mecanismo catalizador y de influencia.

 

El estado de relajación, tanto en animales como humanos, es la respuesta biológica de restauración homeostática, mecanismo natural de restablecimiento del equilibrio interno ante los daños bioquímicos, fisiológicos y psicológicos producidos en el estrés. Opera a través de las mismas vías que la activación psico-cerebral, pero con un efecto de reposo.

 

En el animal surge espontáneamente una vez desaparecida la señal de daño o amenaza. Este instintivamente se aparta y entra en ese estado después de severa tensión emocional, sea por terroríficos escapes, furibunda pelea, rapiña por alimentación, o perseguir la satisfacción sexual, entre otras; en muchos casos se tumba sobre una superficie quedando aparentemente dormido, pero en realidad está en profunda serenidad.

 

Bajo ese estado natural y reactivo en el cerebro del animal, y en contraposición a la activación extrema, se irradia profunda inhibición a lo largo de los órganos nerviosos. Por consiguiente, se reduce la actividad muscular, disminuye la actividad mental y conductual, y baja el alerta emocional hasta llegar en ocasiones al letargo. Se reduce la excreción de las catecolamina (adrenalina y noradrenalina principalmente), y normalizan las demás sustancias neuroquímicas del organismo. El animal cae entonces en una especie de apagamiento, donde queda adormilado, teniendo lugar la recuperación psicofísica; llegue o no al sueño.

 

En el hombre, aunque voluntariamente puede alcanzar la inhibición generalizada, lo que no puede el animal por falta de conciencia, se comienza a atrofiar la capacidad de evocar esta respuesta defensiva desde su nacimiento. Al final solo logra, de modo espontáneo y elemental, un ligero descanso cuando queda fatigado.

 

La causa de este cambio radica en sucesivas limitaciones sufridas por el niño desde su nacimiento, a consecuencia de las circunstancias; por ejemplo, exigencias con la comida y la forma de ingerir los alimentos, la vestimenta, horas de sueño, temores no aceptados por los padres, lo que no se habla, canales de televisión que no debe ver, irritaciones y explosiones coléricas no permitidas, limpieza, orden, no jugar como él desea, y otras muchas coacciones y coerciones. No es menos cierto que algunas de estas imposiciones son educativas, pero no por ello dejan de ser tensionantes. Posteriormente, en el transcurso de su vida, se suceden nuevas demandas.

 

La activación intensa y continua del sistema psico-cerebral hace su efecto sobre todo el aparato muscular y motor en general, lo cual genera un circuito de feed-back entre el cerebro y el músculo, que terminando por estabilizarse hace más difícil la aparición de esta respuesta.

 

La distensión espontánea en el hombre se observa en la fatiga, donde se reduce el alerta mental y se produce flaccidez muscular; por ejemplo, después de una larga caminata, intensa actividad deportiva o solución de un preocupante problema. Otro ejemplo es el del alumno el cual después de horas de estancia en el aula y ante un mismo tema no comprende de manera óptima. Después de estos acontecimientos aparece una serenidad y tranquilidad que anula los deseos de realizar otras actividades, y la tendencia es sentarse en un sitio cómodo.

 

Si el cansancio es mucho se produce abandono del cuerpo y mente, aflojamiento de los músculos, la mirada queda en lontananza o se cierran los ojos, y si es en un lugar fresco, ante un ventilador, aire acondicionado o bajo un árbol donde bate el viento, sucede el sueño. Se reduce la actividad pensante, y la atención divaga sin dirección específica. No queda lugar para reflexión ni razonamiento, no se desea hacer nada y hay sensación de vacío. Las células nerviosas de la corteza cerebral, agotadas, bajan su tono, y hay que esperar un tiempo para la recuperación de energía. Ante el desgaste el cerebro trata de restaurar la energía perdida, y con ello él mismo entra en inhibición.

 

Pero normalmente se abandona esta efímera distensión mental y flaccidez muscular, quedando dormido o poniéndose nuevamente en pie, a causa de obligaciones, necesidades, asuntos pendientes, tareas, o cualquier otra demanda. Así queda volatilizada la posibilidad de la relajación, limitándose a esta forma simple y fugaz de descanso.

 

No obstante, si este reposo se mantiene intencionalmente y se extiende en el tiempo, o es inducido por un agente externo, comienzan a aparecer cambios peculiares constitutivos de la plena relajación. Al aflojarse la musculatura voluntaria el mensaje al cerebro es diferente, contradictorio, es de tranquilidad y equilibrio por el hecho mismo de imponerse la distensión. Por consiguiente, se establece disonancia entre músculos y cerebro, pero a este último no le queda más solución que inhibirse en su activación emocional.

 

Dentro de los primeros estudiosos de ese proceso se encuentra P. K. Anokhin, de Rusia, el cual expone el concepto de Aferentación de retorno. Karl Pribram, de los Estados Unidos, expone el concepto llamado TOTE (test-operate-test-exit), consistente en un servomecanismo cerebral donde la emoción se pone en marcha si la configuración de la estructura neural es incongruente con la información recibida. Una vez que esta adquiere relevancia, aparece el reflejo de orientación. Estos conceptos guardan cierta analogía también con el expuesto antes por Edward Thorndike (1874-1949), quien plantea el concepto Conocimiento de resultados, siendo el mecanismo para la fijación y habituación de contenidos psicológicos.

 

Un papel importante para el dinamismo muscular lo tiene la glucosa. Al producirse la acción motora, esta sustancia contenida en el organismo se transforma en ácido pirúvico, el cual se modifica a su vez en ácido láctico por una parte y por la otra en un compuesto de agua y dióxido de carbono. Paralelamente el pirúvico participa en la formación de las moléculas de adenosin-trifosfato (ATP) y adenosin-monofosfato (AMP), encargadas de suministrar energía a células por medio del oxígeno, formando parte del llamado Ciclo de Krebs.

 

FUNDAMENTOS DE HIPNOSIS VII

 

 

El ATP y el AMP llegan a formar la actomiosina, que es la sustancia que posibilita en el músculo la realización del movimiento. En la medida en que el esfuerzo físico tiene lugar, se produce este y otros desgastes relacionados. Al producirse el agotamiento de las reservas energéticas, especialmente la glucosa, entre otros elementos bioquímicos, el músculo termina por distenderse. Si el desgaste es excesivo se produce la inconveniente fatiga.

 

Es de destacar que la participación del circuito energético mencionado, compuesto por moléculas de ATP y AMP, no es exclusivo de células musculares sino que está también en las neuronas, por lo que su degradación, sea en músculo o cerebro, incide globalmente sobre toda la masa celular del individuo. Esa es la razón por la cual la fatiga física y la mental se propician mutuamente.

 

Pero sin llegar a fatiga, un estado de ligero agotamiento reduce la energía en la corteza cerebral, bajando necesariamente la activación nervioso-emocional. Este efecto se observa en el esfuerzo realizado en deportes, trabajo físico o mental, o intensa contracción voluntaria. El músculo cae en un déficit energético provocando que el cerebro ordene, en aras de mantener el equilibrio interno, suplir el desgaste sufrido.

 

En consecuencia el nivel global de energía se reduce, sobreviniendo la distensión muscular y psíquica. Es como una playa en que se hace un agujero en la arena, retirando ésta lejos de allí. Paulatinamente, y movida por las olas, se cubre de nuevo la abertura, pero el nivel general de arena ha bajado.

 

En la relación cerebro-músculo ocurre lo mismo, se desplaza la energía por el desgaste físico sufrido, pero el nivel general de activación emocional se reduce. De aquí la importancia del ejercicio para el equilibrio emocional y afectivo en general; como dijera Virgilio (70-19 a. C.), pensador de la antigüedad: Mens sano in corpore sano.

 

Pero la flaccidez muscular no es suficiente para lograr el estado de relajación, sino que se requiere dirigir de manera concentrada la atención. Esto supone el estrechamiento de la excitación neural, y por consiguiente la irradiación de la inhibición.

 

Específicamente, al concentrarse la atención se observan los siguientes efectos:

 

  • Sedación emocional, entroncando con la producida particularmente por la distensión psico-muscular, lo cual aumenta el rendimiento.
  • Bloqueo de contenidos psicológicos en la consciencia que pueden interferir la concentración.
  • Mayor facilidad para flaccidez muscular por medio de bloquear estímulos propioceptivos e interoceptivos (musculatura y vísceras respectivamente).
  • Evitación de la divagación de la mente.

 

Como la psique del ser humano siempre dirige su atención hacia algún objeto mental, cuando se dispone a la concentración de la atención, brotan sucesivas, fugaces, distorsionadas e incoherentes imágenes que interfieren. Por ejemplo, cuando la persona se acuesta a dormir, al cerrar los ojos pero sin aun haber llegado plenamente al sueño, aparecen en su psique y de forma involuntaria disimiles figuras ambiguas.

 

Por consiguiente, si al inicio de la relajación no se dirige la atención hacia un objeto focal, se dispersa, pudiendo aparecer involuntariamente recuerdos conmovedores que anulan el efecto. Peor aún si las imágenes están cargadas de ansiedad, tensión o depresión, las cuales pueden haber permanecidas guardadas en la mente durante el día pero afloran en el momento del sueño.

 

Más claramente, pueden haber ocurrido acontecimientos desagradables durante el día pero quedan relegados a segundo plano debido a la inmediatez de otros asuntos. Sin embargo al quedar despejado el campo psíquico, especialmente a la hora de dormir, lo que estaba escondido en un rincón de la mente, asalta la conciencia, y quitan el sueño. Metafóricamente es como una luz que no se veía durante el día por ser ocultada por el sol, pero al caer la noche se nota brillantemente su presencia.

 

Esta necesidad del cerebro de funcionar demuestra lo difícil que es dejar la mente en blanco. Esta inconsciencia apenas se logra en extrema concentración, lo cual corresponde a la hipnosis sonambúlica, pero no es algo que se alcanza a la ligera.

 

Por ello, para alcanzar el estado de relajación es necesario encauzar y dirigir la atención hacia un objeto predeterminado, pero con sentido afectivo neutro para el individuo. De lo contrario se convierte en un factor de activación en la corteza.

 

Si la imagen evocada genera tensión, la excitación es intensa en áreas asociativas del cerebro debido a que se origina en problemas no resueltos. Con ello un foco de excitación impide la apertura de otro. Si genera ansiedad también la concentración es interferida por la dispersión de la atención. Si es deprimente, el individuo no cuenta con el interés necesario para fijar su atención.

 

Por otra parte, aunque tensión, ansiedad y depresión interfieren la relajación, ésta es al mismo tiempo llamada a reducirlos. La solución de esta paradoja se encuentra en el balance de fuerzas, quien se imponga, emoción o relajación, será quien predomine la psique del individuo.

 

La contraposición entre la relajación y la emoción extrema es uno de los factores que explica que los resultados no son los mismos en todas las personas ni en todas las sesiones, aún para los entrenados y con experiencia en estas técnicas. El grado emocional al inicio de la aplicación de estas técnicas influye notablemente en el proceso. En unas sesiones es más fácil que en otras, y las hay en que no se puede ni siquiera empezar. Es por ello que la relajación no es tan sencilla para lograrla como parece. Su técnica lo es, pero no necesariamente su éxito. 

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