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Jorge León Gustá
Lunes, 26 de junio de 2017
Règim de sanitat per al rei d’Aragó

El "Regimen Sanitatis" de Arnaldo Vilanova y El Quijote

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Cuando hablamos de literatura, pensamos en primer lugar en la creación artística: poesía, teatro y novela centran el interés de aficionados y estudiantes.

El "Regimen Sanitatis" de Arnaldo Vilanova y El QuijoteSin embargo, para comprender en su totalidad estas obras, sobre todo las que se han creado en épocas antiguas, con referentes muy alejados a los nuestros, se necesita acudir a ciertos libros que, en un principio, nos parecen ajenos a la literatura de creación: textos como las lecturas enciclopédicas de la época (por ejemplo, la Silva de varia lección, de Pedro Mexía, que hoy en día sorprende con la ingenuidad de sus juicios y argumentaciones) o los tratados de medicina antigua que beben directamente de la obra de Galeno (siglo II d. C.) tamizada por los escritores árabes medievales, como Avicena  (s. X-XI).

 

En este sentido, las Ediciones de la Universidad de Barcelona acaban de publicar el Règim de sanitat per al rei d’Aragó, obra de Arnau de Vilanova o, como marca la tradición en castellano, Arnaldo de Vilanova.  Se trata de una excelente edición realizada por la medievalista Antònia Carré con un riguroso aparato crítico, así como una muy documentada introducción. No solo incluye la traducción del Régimen de sanidad al catalán realizada por Berenguer de Sarriera, sino también una edición abreviada, así como los Aforismos de la memoria, de los que hablaremos después.

 

Arnaldo de Vilanova, médico y con intereses teológicos, nació hacia 1240 y murió en 1311. Escribió una larga serie de tratados, la mayoría en latín. Además de profesor de la universidad de Montpelier, fue un afamado médico y, como tal, trabajó para diferentes nobles, papas y reyes. Su vida y su obra no estuvieron libres de controversia, pues durante mucho tiempo fue acusado de prácticas oscuras. Por ello, Menéndez y Pelayo lo incluyó en su Historia de los heterodoxos españoles.

 

El libro se escribió originalmente en latín, con el título de Regimen sanitatis ad regem aragonum, entre 1305 y 1308, según propone Carré, como manual de uso cotidiano para velar por la salud del rey  Jaime II. La traducción al catalán se realizó por indicación de la reina, Blanca d’Anjou. Como dato curioso, diremos que del manual se deduce que uno de los principales problemas del monarca eran las hemorroides, pues se les dedica un importante apartado final.

 

El texto tuvo una gran difusión, como demuestran los abundantes manuscritos que nos han llegado, así como las traducciones, tanto al catalán como a otras muchas lenguas: francés, alemán, italiano, castellano y hebreo. Además, el libro fue impreso ya desde mediados del siglo XV en ediciones incunables (como la italiana) y llegó hasta principios del siglo XVII en su traducción española: en 1606 se publicaba en Barcelona El maravilloso regimiento y orden de vivir, para tener salud y alargar la vida, traducción de Jerónimo de Mondragón.

 

En esta abundancia de manuscritos y traducciones, además de poner en evidencia el éxito del Régimen, se distinguen dos tipos de Regímenes: las copias y traducciones textuales, es decir, las que reproducen fielmente el original latino y otras que lo adaptan, con resumen y supresión de ciertas partes. De este modo, la importancia del Régimen es el de convertirse en un pequeño manual de autoayuda, como diríamos hoy, para llevar una vida sana. Fue tal su éxito que inició un género de divulgación médica muy común a finales de la Edad Media: los regímenes de sanidad, o de salud, en los que se dan consejos de higiene en la vida cotidiana. La misma Antònia Carré ha editado también la traducción del Libro llamado del porqué, de Girolamo de Manfredi, publicado originalmente en Bolonia en 1474.

 

El Regimen sanitatis de Vilanova se divide en dieciocho capítulos que pueden agruparse en dos partes. La primera, del primer capítulo hasta el séptimo, trata de los aspectos higiénicos que deben observar las personas: sobre el aire y los mejores lugares en los que vivir, el ejercicio físico, los baños, la alimentación, los efectos reparadores del sueño y la necesidad de dormir,  las secreciones del cuerpo (que incluyen la práctica sexual), para acabar con los peligros que comportan las pasiones desmedidas para la persona. Se trata, en definitiva, de “las seis cosas no naturales” de la medicina de Galeno.

 

Del capítulo octavo al décimo séptimo se centra en aspectos dietéticos: qué es lo que se puede comer y lo que no: frutas, hortalizas, legumbres, carnes, pescados, bebida, etcétera. En el último capítulo se desarrolla la prevención y cura de las hemorroides, y en ocasiones fue suprimido, al estar expresamente dedicado a una dolencia específica del monarca.

 

Por último, la edición de Carré añade, además, unos interesantísimos Aforismes de la memòria, a modo de apéndice. Escritos también en latín, se edita su traducción anónima. Fue, después del Regimen, la obra más difundida de Vilanova. Son sesenta aforismos que apenas ocupan cuatro páginas. Su lectura resulta un ejercicio curioso, pues se enfrenta a uno de los mayores males del siglo XXI: cómo conservar la memoria. Son pequeños consejos que engloban diversos aspectos. Por ejemplo:

 

“Ítem, menjar tempradament e exercitar convinentement, no tan solament a la memória, mas encara a totes les virtuts del cos aprofiten”.

 

Es decir:

 

“Ítem, comer moderadamente y ejercitar convenientemente, no tan solo a la memoria, mas todavía a todas las virtudes del cuerpo aprovecha”.

 

También aconseja realizar pequeños ejercicios mnemotécnicos, práctica muy habitual en la actualidad:

 

“Ítem, sovint remembrar les coses vistes e oÿdes refermen la memoria e la conserven”

 

O sea:

 

“Ítem, a menudo recordar las cosas vistas y oídas refuerzan la memoria y la conservan”.

 

No creo que el interés de estas páginas esté en los remedios ni en los juicios médicos: sus presupuestos teóricos las alejan radicalmente de la medicina moderna, que ha superado y olvidado por completo a Galeno y el Canon de Avicena. Espero que nadie intente tratar las hemorroides con los remedios expuestos en el manual. Supongo que puede interesar a la Historia de la Medicina, pues aquí se presenta un buen ejemplo de la mejor tradición medieval que recoge tanto la práctica heredera de Grecia y Roma, como de la judeomusulmana.

 

El "Regimen Sanitatis" de Arnaldo Vilanova y El Quijote

 

Sin embargo, el interés del Regimen va por otros derroteros. Por un lado, encontramos uno de tipo histórico-social: con el Regimen no solo sabemos cómo se organizaba la vida de un monarca y de las clases altas. También se destruyen ciertos tópicos, especialmente los higiénicos: en lo referente al baño, lo aconseja después de sudar, y que se haga con agua tibia, no demasiado caliente, y menos aún fría. Aconseja lavarse la cabeza una vez a la semana y cree que no es conveniente no lavarla en un plazo mayor de veinte días. Claro, que sería interesante saber si estos baños incluían o no el uso de jabón. Del mismo modo, también se preocupa de la salubridad de los espacios, pues cree “no solament l’àer pur e net e san és profitós al cos, ans ho és encare a les obres de l’ànima” (“no  sólo  el  aire  puro  es  provechoso  para  el  cuerpo,  pero  aún  para el ánimo”, como traduce Jerónimo de Mondragón).

 

Sin embargo, lo más interesante de este tratado (o de otros que participan de esta tradición) es que nos ayuda a comprender ciertos aspectos o pasajes de la literatura de la época que nos pueden resultar oscuros o que nos pueden pasar por alto. Empecemos con uno de los Aforismos de la memoria, el 25, algo más extenso que la media:

 

“Ítem, en lo cas que vullau fer algun acte memoratiu, usau de una confecció qui s’apella pliris cum musco, e altre confecció apellada anacardina, e mirabolans confits, e fregau la memòria darrera del cap ab ayguardent. Conforten molt la memòria e la restauren”

 

Puede traducirse del siguiente modo:

 

“Ítem, en caso que queráis hacer algún acto de memoria, usad de una confección que se llama pliris cum musco, y otra confección llamada anacardina, y confite de mirobálano y fregad la memoria detrás de la cabeza con aguardiente. Confortan mucho la memoria y la restauran.”

 

Para aclarar el significado del aforismo, es necesario acudir en primer lugar al diccionario de Autoridades, de 1734, que nos explica que la memoria está situada en la parte posterior de la cabeza: “en la postrera parte de los sesos, que están en el colodrillo”.

 

Ahora, como indica la propia Carré en el prólogo, podemos entender perfectamente un pasaje de La dama boba de Lope. Cuando en el acto II se pone en evidencia la transformación de Nise, que deja de ser una mujer simple, su hermana se sorprende, y le dice (acto II, vv. 612-615):

 

NISE:   ¿Quién te va trocando ansí?           

¿Quién te da lición secreta?            

            Otra memoria es la tuya.     

            ¿Tomaste la anacardina?     

 

La alusión a la anacardina en la comedia no creo que deba vincularse directamente al Regimen de Vilanova, pues aparece en todos los tratados farmacológicos de la época, y su definición llega incluso hasta el diccionario de Autoridades de 1726 (“La confección que se hace del ancardo para facilitar y habilitar la memoria”) que indica que era un conocimiento más o menos extendido en la época. De lo contrario, la referencia no se encontraría en la comedia, pues Lope sabía que el público captaría la ironía.

 

Sin embargo, en otros casos, la lectura de este texto puede aclarar algún fragmento o mejorar su comprensión.

 

Pero donde estos libros de medicina, el Regimen a la cabeza, pueden resultar más interesantes es para interpretar al más patológico de nuestros personajes literarios: don Quijote.

 

La iconografía del ilustre hidalgo es bien conocida: lleva siempre camisa fina y gorro de dormir. Así lo encontramos, por ejemplo, en el capítulo XXXV de la primera parte, durante la aventura de los cueros de vino:

 

“Y con esto entró en el aposento, y todos tras él, y hallaron a don Quijote en el más estraño traje del mundo. Estaba en camisa, la cual no era tan cumplida que por delante le acabase de cubrir los muslos y por detrás tenía seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y nonada limpias; tenía en la cabeza un bonetillo colorado, grasiento, que era del ventero”.

 

La costumbre de dormir con gorro puede originarse en el frío. Sin embargo, el Quijote pasa en agosto, época calurosa. ¿Por qué llevar gorro? Es más, ¿por qué pedírselo prestado al ventero? Si han puesto a dormir a un hombre de las características de don Quijote, lo más lógico no es pensar en el frío de la noche, sino en una posible protección de su dañado cerebro, en concreto de la memoria. Como indica Vilanova, “tot excedent fredor destroueix la memoria, e majorment la fredor de nits per mala cobertura de cap” (“todo frío excessivo destruye la memoria, y mayormente el frío de las noches por mala cobertura de la cabeza”).

 

Sobre la camisa también habla Vilanova. Estamos acostumbrados a ver a nuestro hidalgo con una simple camisa, cosa que parece acorde con el calor veraniego. Pero es que Vilanova la recomienda para las personas de carácter colérico, que es el propio de don Quijote, incluso en invierno y en lugares ventosos:

 

“Mas als homes qui són de compleccion colérica ho sanguínea és bona e convenient vestadura de li o de seda…”, pues al ser fresca, y no producir calor, no les inflama la sangre.

 

El "Regimen Sanitatis" de Arnaldo Vilanova y El QuijoteEn lo referente a su locura, uno de los momentos más destacados es su penitencia en Sierra Morena, parodia, por supuesto, de pasajes análogos de otras novelas de caballerías, como la de Amadís. Pero Cervantes, que tiene una intención realista, lo sustenta en los conocimientos médicos de la época. Don Quijote está triste. Por ello adopta el sobrenombre de Caballero de la Triste figura. Pues sucede que la tristeza es una de las experiencias que mayor mal pueden producir al entendimiento de las personas: “Especialment ira e tristor, cor ira sobreescalfa totz lo membres e, per raó de la gran calor, confon e destruu totes les obres de la raó e de l’enteniment”. Mondragón traduce de la siguiente manera: “Porque la ira [y la tristeza] inflama y enciende todos los miembros y, por el ardor y encendimiento del corazón, todos los actos de la razón se escurecen y perturban; por lo cual se deben evitar  sus  ocasiones,  si  no  es,  en  cuanto  pide  la  razón,  que  nos  enojemos  contra  las cosas no debidas.. “

No solo la tristeza produce el desequilibro en el individuo: el mismo efecto produce la ira, y don Quijote va sobrado de ella, como demuestra muy pronto, ya sea en su encuentro con el vizcaíno, los yangüeses y otros muchos episodios, sobre todo de la primera parte

 

Todo esto nos indica que las ideas expuestas en el Regimen eran bien conocidas en la época, como lo demuestra la anacardina de la obra de Lope. Cervantes, además, pudo acudir a otras obras para acabar de componer a su personaje. Por ejemplo, el tratado médico titulado el Libro llamado el porqué, de Girolamo de Manfredi, el otro régimen de salud editado por Carré y que fue traducido al castellano en 1567. La estructura de esta obra refleja su carácter divulgativo: agrupadas las cuestiones  temáticamente, se articula con preguntas y respuestas sobre fenómenos relativos a la salud. De ahí  su título: “El porqué”.

 

Las explicaciones sobre la necesidad del sueño parecen que ni pintadas para Alonso Quijano:

 

“El demasiado sueño entorpece la naturaleza y engendra humedad mucha en el cuerpo. El demasiado velar, por el contrario, desseca mucho y resuelve”. “Y por ende”, concluye” el sueño humedece y el velar desseca” (p. 227). No necesitamos más para recordar el famoso pasaje cervantino:

 

“En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio…”

 

No solo parece difícil que Cervantes no conociese estas ideas de la medicina de tradición galénica, común al Regimen, sino casi imposible. Es cierto que la traducción al castellano de la obra de Vilanova, el Maravilloso regimiento y orden de vivir, es de 1606, o sea, un año o dos posterior a la Primera parte del Quijote. Sin embargo, Cervantes debía conocer al autor de esta tradición, no sé si personalmente, pero seguro que había leído una obra suya anterior, que la crítica ha relacionado en alguna ocasión con el ingenioso hidalgo: Censura de la locura y excelencias de ella, publicada en Zaragoza en 1598, momento en el que Cervantes estaría en plena gestación de su inmortal obra.  Pero muchos de sus principios del Regimen sanitatis habían sido asumidos de forma habitual en la vida cotidiana. Como recordará el lector, don Quijote y Sancho suelen cabalgar durante todo el día en busca de aventuras (que no siempre encuentran) y descansan antes del anochecer, mientras cenan. Casi es la cena la única comida que a la que se presta atención, pues se consideraba el anochecer el mejor momento para hacer la comida más abundante, pues “és la meylor hora qui ésser pot a raebre la major refectió, so és menyar magor, per conservar sanitat (...). La fredor de  l’àer, cor en àer fret és pus fort la digestió que en calt...”. En traducción de Mondragón: “la mejor hora de tomar la mayor refección el cuerpo, para conservar su salud, es la de la tarde (...).  La  frialdad  del  aire, porque con el aire frío, mejor se hace la digestión que con el caliente.”

 

Por todo ello, debemos felicitar a Antònia Carré por este trabajo (y los anteriores), que pone a nuestro alcance un texto que, aparentemente ajeno a la creación literaria, nos permite arrojar nueva luz sobre la mejor literatura antigua. 

 

El "Regimen Sanitatis" de Arnaldo Vilanova y El Quijote

 

 

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