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Carlos Barbarito
Sábado, 10 de junio de 2017
María Montserrat Bertrán

Los jardines de la noche

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Noticia clasificada en: Poesía

 La posibilidad del poema, quiero decir con esto la idea de que dentro de un rato o mañana, en un mes, sea posible escribir un poema (que nuestras afiebradas cabezas suponen el Poema), nos sostiene

Los jardines de la noche Nos hace fuertes ante las tormentas, los desmayos, los peligros. Así, con estas palabras, hablo del libro de María, al leer sus poemas recuerdo la primera vez que leí su nombre, allá por los ochenta; luego de tantos años un azaroso encuentro me permitió verificar que ella prosigue su derrotero al que el tiempo y la meditación aportaron madurez.

 

En un verso, María habla de sacar a la luz. No es otro su oficio, nuestro oficio. Aunque nos traiga dolor y soledad. Porque no tenemos otra alternativa, cada día sacamos a la luz lo que en cada uno de nosotros habita en lo más profundo. Es un despojarse de ropajes que va más allá de la mera desnudez de la carne. ¿Por qué? ¿Para qué? A veces me lo pregunto y, estoy seguro, María se lo pregunta. Otra vez: no tenemos otra alternativa. Tal vez no elegimos esto, sino que esto nos eligió. Y no hablo de una elección de tipo mística, teológica; hablo de que, en un día o noche, de pronto, una necesidad superior al resto de nuestras labores nos empujó a una hoja en blanco, la misma imperiosa necesidad que nos habita al cabo de los años.

 

De oro puro

 

Supe enseguida

de la materia prima

en ese ovillo

 

entramado dorado

entre las pieles

de una antigua piel

tejiéndonos

 

con un ovillo de oro infinito

sé que el Gran Tejedor

sigue haciendo maravillas

entre nosotros

 

 

Desapego

 

Ahora

es este arroyito

serpenteando las piedras

 

Ahora

de hilo verde

corazón esmeralda del agua

que vibra y canta

 

por únicos bordes

va y corre, nunca vuelve

 

incesante.

 

Me maravilla su desapego,

su no quedarse, por ir sobre la piel de la tierra

pulsándola,

amándola

 

amor de música verde

verdísima

 

ahora

que vibra

              y canta.

 

 

 

Ave fénix

 

Ella socava

en malditos terrones

de oscuros venenos

 

blandiendo cuchillos

se alza con mieles, temblores, deseos

 

Ella socava

con manos de fuego

y saca a la luz

cristales de luna

de luna carbones,

 

con cuerpo emplumado

azul esmeralda

renace

 

entre eclipses, mareas

 

en perlas renace.


 

Fotografía de María Montserrat Bertrán: Sofía Laura Porrini

 

 

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