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Ricardo Fernández Esteban
Viernes, 9 de junio de 2017
VAMOS A HABLAR DE MÉTRICA – XIX

Versos blancos isométricos, sonetos blancos y versos libres

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Noticia clasificada en: Poesía

Los versos blancos isométricos mantienen una estructura métrica de la misma longitud, pero sin rima. El soneto blanco debe apoyarse en una estructura métrica y sintáctica. El verso libre renuncia a un apoyo rítmico perceptible, además de a la rima.

En el anterior artículo traté de los versos blancos polimétricos. A las composiciones más corrientes las denominé Silvas blancas de impares; estos poemas combinan versos de diferente longitud impar, pero armónicos entre sí, y controlan la existencia de asonancias próximas. Voy a comentar ahora los poemas de versos blancos de la misma longitud, o sea los poemas blancos isométricos.

 

Poemas sin rima pero con una estructura métrica han existido desde siempre y la poesía griega y latina se basaba en estos esquemas. En nuestros siglos de oro, ya los usó Garcilaso en su Epístola a Boscán o también Lope en: Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, que comienza:

 

Mándanme, ingenios nobles, flor de España,                         

(que en esta junta y academia insigne                       

en breve tiempo excederéis no sólo                           

a las de Italia, que, envidiando a Grecia,                  

ilustró Cicerón del mismo nombre,

junto al Averno lago, si no a Atenas,                          

adonde en su platónico Liceo                        

se vio tan alta junta de filósofos)                 

que un arte de comedias os escriba,                          

que al estilo del vulgo se reciba.                  

Fácil parece este sujeto, y fácil                    

fuera para cualquiera de vosotros,                             

que ha escrito menos de ellas, y más sabe               

del arte de escribirlas, y de todo;                 

que lo que a mí me daña en esta parte                     

es haberlas escrito sin el arte.                      

No porque yo ignorase los preceptos,                        

gracias a Dios, que ya, tirón gramático,                    

pasé los libros que trataban de esto                           

antes que hubiese visto al sol diez veces                   

discurrir desde el Aries a los Peces.

(…/…)

 

En estos 389 endecasílabos del año 1609, dirigidos a la Academia de Madrid, Lope de Vega justifica, con un tono en el que mezcla erudición con ironía, su forma de hacer teatro. Una característica del poema es que las estrofas acaban con una paread con un pareado, para subrayar la ironía del texto o resaltar la falta de rima en el resto. No obstante, no es un poema totalmente blanco ya que existen algunas asonancias próximas, por ejemplo: vosotros / todo, y sabe /parte en la segunda estrofa o preceptos / esto en la tercera. También Garcilaso tiene algunas asonancias en su epístola. En este tema de las asonancias, ya he indicado en varias ocasiones que para unos son admisibles y para otros no, y mi opinión es que no se debe abusar de ellas. En un poema en blanco esas asonancias no deben convertirse en una rima oculta sin patrón; y en uno rimado no deben desvirtuar la rima principal, salvo que sea un efecto buscado por el poeta para enfatizar o ironizar sobre algo.

 

Los poetas actuales siguen utilizando a menudo esta estructura, sirva de ejemplo el poema Mapa de Grecia de Enrique Badosa:

 

Al Norte, las cavernas del meltemi,

el encumbrado viento del Egeo.

Al Sur, el mar de Creta, que sostiene

el inicio del mundo en una isla.

Al Este, los joyeles de islas plácidas

en creación amor y vinos cálidos.

Al Oeste, Corfú, Ítaca, Zante...,

las bien bordadas por las aguas jónicas.

Y en el Centro, las Cícladas alzadas

para llegar al centro de la luz.

¡Y toda Grecia es centro de la luz!

Y más que nunca pregunté, pregunto

qué comienza y qué acaba en la belleza.

 

Trece endecasílabos apoyados en 6ª sílaba, excepto el 8º y el 12º que lo hacen en 4ª y 8ª,  con dos encabalgamientos versales suaves entre el 3º y 4º, y el 12º y el verso final. No hay ninguna consonancia ni asonancia, salvo la repetición de “…centro de la luz” que es un efecto buscado para enfatizar el poema, como demuestra la exclamación en el segundo verso.

 

Existen versos libres isométricos en todos los metros, y son bastante comunes los alejandrinos, ya que la estructura de 7+7 facilita el relato y es más versátil  que la de endecasílabos. Estos pertenecen al Canto X de Antonio Colinas:

 

Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe                                            ee          ae

que en el norte de Hispania alguien manda grabar                                 aa          a

en piedra un verso suyo esperando la muerte.                                       uo          ee

Este es un legionario que, en un alba nevada,                                        ao          aa

ve alzarse un sol de hierro entre los encinares.                                      eo          ae

Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida,                                    ea          ia

a cuerno requemado, a humeantes escorias                                          ao          oa

de oro en las que escarban con sus lanzas los bárbaros,                      aa          ao

Un silencio más blanco que la nieve, el aliento                                      ao          eo

helado de las bocas de los caballos muertos,                                          oa          eo

caen sobre su esqueleto como petrificado.                                             eo          ao

(…/…)

 

Para analizar las asonancias, he colocado los finales vocálicos de los hemistiquios. En los finales versales hay una perceptible “aliento / muertos” y otra menos “bárbaros / petrificado” por la distancia y ser la primera esdrújula. También serían perceptibles las asonancias entre hemistiquios, aunque menos por la menor pausa, para mí tan sólo es destacable la serie “requemado / bárbaros / blanco / petrificado” y el par próximo “muertos / esqueleto”. Respecto a los encabalgamientos, que hacen más libre el poema, hay uno entre hemistiquios en el primer verso: “muere / en Brindisi”, entre el 2º y el 3º verso: “grabar / en piedra”, entre el 7º y el 8º: “escorias / de oro (con hiato entre la “e” y la “o”)” y entre el 9º y 10º: “aliento / helado”.

 

También hay poetas que escriben sonetos blancos. En mi opinión, para poderlos llamar sonetos, ya que no existe rima, debe mantenerse una estructura métrica y la sintaxis debe respetar cuartetos y tercetos. Sirva de ejemplo este polimétrico de Silvio Manuel Rodríguez “Un error más, uno más”

 

Este tiempo se curva, se distrae

y en lugar de apurar sus líneas, sus casillas

se detiene en mis ojos demorados sin saña

en el último adiós que dio mi boca.

De pronto y sin aviso ocurre el gris

mordiéndome los dedos, buscándome la lengua;

y si me palpo el vientre tan sólo siento un hueco

de sonidos y gestos extraviados.

Un error más, me pido y me permito

apretado en la rabia, sollozando un futuro

que sabiendo el pasado me sonríe con furia.

Uno más, a consciencia y como todos,

con la piel por delante y el corazón valiente

apostando a que sepas hacer vibrar mi nombre.

 

Es un bien ejemplo de soneto blanco, ya que combina endecas y alejandrinos, respeta la unidad sintáctica de cuartetos y tercetos, y no tiene rimas ni asonancias.

 

Por último, tras haber analizado poemas blancos con estructura métrica, debo decir algo del Verso libre, o sea de aquel que es blanco (sin rima) y no mantiene una estructura métrica.

 

La frontera entre el auténtico verso libre (otra cosa son los versos métricos disfrazados de libres) y la prosa poética es bastante difusa y visualmente se basa en la separación versal. Al no existir ritmo, esa separación debe basarse en criterios sintácticos, por tanto sin encabalgamientos, y el verso debe sostenerse por las imágenes poéticas y los recursos sintácticos (paralelismos, quiasmos, etc.) o semánticos (metáforas, sinécdoques, metonimias, etc.), así como su repetición o secuencia. En mi opinión, otras separaciones versales sólo tienen efectos estéticos, no son tenidas en cuenta en el recitado y no convierten en poema un texto en prosa.

 

En mi opinión, si ese verso libre tiene bastantes asonancias perceptibles, se desvirtúa esa libertad, ya que se escucha un soniquete. Si el resultado es bueno o malo depende del oficio del poeta y tendría que pasar la prueba del recitado, pero en general combina mal la ausencia de ritmo métrico con la presencia de asonancias perceptibles o aún menos de consonancias

 

En resumen, el verso libre no es una “carta blanca”, y su libertad está sometida a las imágenes o recursos citados. Como dijo T.S. Eliot: No hay verso libre para el poeta que quiere hacer el trabajo bien hecho.

 

Os copio un corto poema de Pura Salceda, “Precipitarse”  de “Versos de perra negra” que considero un ejemplo de buen verso libre:

 

Estoy en esa delgada frontera

cuando las manos dibujan

gemidos en el aire

y las palabras que no te digo

se ahogan en las sombras del verano.

Camino hacia ese dulce precipicio

al que me doy

cayendo entre tus dedos y mis sueños

con todos los sentidos al vuelo,

esperándote.

 

No existe un patrón métrico y sólo una asonancia entre “sueños / vuelo”. Los versos están bien cortados sintácticamente y las imágenes líricas sostienen el poema.

 

Nunca todo es blanco o negro, y hay mucho poema de verso libre que conserva parte de una rítmica subyacente que lo acerca al métrico. Además, la pericia del poeta y su inspiración hace que los versos, sean más o menos métricos, tengan la magia de convertir sonido en sentimiento. Dijimos al comenzar estos artículos que “Íbamos a hablar de métrica”  y eso hemos hecho; por eso, dejemos el verso libre, cuyo análisis es más subjetivo, para otra ocasión.

 

En el próximo y último artículo, que cerrará la serie, resumiré lo dicho en los 19 anteriores e incluiré un índice que facilite al lector la búsqueda de la información.

 

 

Ricardo Fernández Esteban

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