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Ignacio Fernández Candela
Domingo, 4 de junio de 2017
El secesionismo catalán en desbandada

Faltó honradez al procés

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El catalanismo aglutina tal comisión de hechos delictivos que una investigación integral de la administración pública ejercida durante décadas podría provocar la detención de numerosos mandatarios del procés.

  Cataluña está cada vez más cerca de decidir su futuro español. No existen argumentos convincentes que no puedan ser fácilmente rebatidos o rechazados, una vez se ha comprobado que las bases del independentismo sostienen una estructura compleja y frágil de corrupción autonómica disfrazada de exigencia de autogestión.

 

  La intervención de la autonomía estaría más justificada por las actuaciones delictivas de la administración catalana que por la consecuencia de exigir una independencia para evitar que la Justicia revise las cuentas pendientes del latrocinio que ha esquilmado durante décadas a los catalanes.

 

  Esa intervención sería una liberación en toda regla y el impedimento para que políticos con poca honra colocaran un definitivo yugo contra la población rehén. Otra cuestión hubiese sido que la exigencia se acompañara de hechos constructivos y ejemplo moral que permitiera exponer un argumentario digno de consideración y respeto.

 

  De otro modo se podría haber abordado el conflicto de competencias si sobre la mesa de negociación se hubiera exhibido la honradez en el cometido administrativo y la eficacia de la integridad política, con una Cataluña enriquecida que no deficitaria gracias al parasitismo de las élites secesionistas y los muchos arrimados  al banquete rupturista.

 

El catalanismo aglutina tal comisión de hechos delictivos que una investigación integral de la administración pública ejercida durante décadas podría provocar la detención de numerosos mandatarios del procés.

 

  De hecho, aquellas puntas de lanza del independentismo están siendo procesadas en lo que constituye una influencia autoritaria y legitimada del Gobierno de España ante los que atentan contra la integridad territorial. Lo cierto es que no podrían haber esgrimido mejores y poco rebatibles argumentos, si los próceres de la patria chica hubiesen sido intachables gestores de una Cataluña bien dirigida. No es así el caso que quien más quien menos tiene motivos para esconderse ante el anuncio de una intervención policial y una investigación jurídica sobre los tratos y relaciones económicas ocultos que han impulsado con impunidad el proceso separatista.

 

  La credibilidad es nula y esa solidez aparente de resistencia contra Estado español se ha resquebrajado en el momento que intereses particulares y poco solidarios con la causa, han visto las orejas del lobo asomar tras la amenaza constitucional del artículo 155.

 

  En tanto se alimentaba la esperanza de que lo autónomo se transformase en independiente, la sociedad catalana ha transigido en la observación de los hipotéticos beneficios que podría rendir una república autoabastecida y libre para decidir el reparto de sus ganancias, a costa de forzar la gallina política de los huevos de oro que es la explotación impositiva de los ciudadanos. Contribuyentes catalanes a los que se les ha vendido la quimera independentista para convertirlos en futuros cautivos de la nefasta gestión económica.

 

  Existe un tronco económico del que crecen las múltiples ramas de los intereses independentistas. Ese árbol de la beligerancia contra la integridad nacional hunde sus raíces en el monopolio pujolista, cuyo capo al descubierto llama a la rebelión para consumar un golpe de Estado.

 

  De poco va a valer la estrategia. El independentismo se disgrega cuando se actúa con las defensas legales de un Estado de Derecho que minora los daños de una excusa secesionista; pretexto histórico retomado con premura tras el que se oculta la verdadera razón de las presiones. Una perentoria voluntad independentista que ha frenado el Comisión de Venecia, los Estados Unidos, Bruselas y cuantos países e instituciones han atisbado el juego sucio de los políticos que encubren sus fechorías tras las romántica proclama de la tierra libre.

 

  La Fiscalía investiga a las empresas vinculadas con el proceso. Nada es igual cuando separados del grupo se han de rendir cuentas legales con el perjuicio que implica asumir responsabilidades en solitario. Lo aparentemente sólido, el frente del desafío contra lo español, se debilita cuando se van tomando posiciones para evitar un  referéndum  que sería una actitud golpista inequívoca. No hay mayor paso de sedición que el que puede obstaculizarse con el peso de la Ley,  con la imposición de medidas que deberían haberse tomado hace tiempo,  más allá de la tesis arriolista de que todo se soluciona con la proverbial pasividad que ha caracterizado al hasta ahora impávido Mariano Rajoy.

 

  Se ha sobrepasado el límite de ese pulso que ha puesto pies en polvorosa durante el 2016 a un  44% de las empresas que estaban radicadas en Cataluña. Al empobrecimiento provocado por el independentismo se suma el agravante del malestar social imperante con una Cataluña dividida y sin futuro, a no ser que las aguas constitucionales vuelvan a su cauce y la calma transmita la posibilidad de un proyecto de futuro a modo de borrón y cuenta nueva bajo la supervisión del Estado. Que sea con la intervención administrativa de la autonomía depende de quienes buscan un suicidio político arrastrando a la población.

 

  Cuando llegue el momento, si ha de llegar por el empecinamiento de los futuribles enjuiciados, pocos serán los que intenten negar la evidencia del fracaso y se verá un independentismo catalanista en desbandada sin fondo económico del que tirar, presentándose ante los tribunales cuantos tengan que asumir sus implicaciones al margen de la Ley y responder en consecuencia.

 

  Veremos quiénes serán capaces de dar la cara cuando la retaguardia del proceso sea un vestigio de corruptelas sin justificación política. Una desbandada generalizada que no teniendo mucho que perder por añadidura, aún se radicalizará más si en las elecciones generales se apoya a partidos políticos que han demostrado ser enemigos de la España que aspiran a gobernar.

 

 Quizá el verdadero problema del futuro no esté en la voluntad independentista, sino en quienes apoyarían cualquier escisión con tal de desintegrar la convivencia constitucional sostenida durante cuarenta años. Van camino de ello si los electores no espabilan, a pesar de la nula alternativa política.

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2 Comentarios
Fecha: Lunes, 19 de junio de 2017 a las 22:55
Ignacio Fernández Candela
Gracias por el comentario, Juan Carlos Bustos, tan ajustado a la realidad de la farsa separatista que cada cierto tiempo prueba suerte en el intento reiterado de estirar la cuerda de la paciencia.

El problema es que cada vez arriman más la sardina a las ascuas y quedará carbonizada como no midan bien las distancias. España no les roba; España debería quemarles de tanto jugar con fuego y así librar a Cataluña de los políticos y la casta impresentable que la extorsiona.
Fecha: Lunes, 19 de junio de 2017 a las 19:41
Juan Carlos Bustos
El 1º de Octubre asistiremos a otro 9N, pero con más ruido y teatro,y después seguiremos viendo ondear durante años esa senyera con la que ilustras el texto, los mismos años que seguiremos escuchando a estos depredadores políticos que viven de los sueldos más altos de Europa bajo el paraguas que les proporciona la estelada y aplaudidos por sus aborregados seguidores....y todo seguirá igual.

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