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Antonio Ramos Maldonado
Domingo, 28 de mayo de 2017
la condena es un camino beneficioso para dar otro paso adelante

El método para superar el peligro

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Buscando darle una representación material a la simbología, es decir mostrar el drama que maneja a su modo la Naturaleza, aparece en diferentes lugares la figura del ser que se cubre el rostro con las alas y se arrodilla, temblando de miedo.

    En ocasiones surge la pregunta: ¿Qué interés pueden tener los gobernantes por una labor terminada a medias, es decir inconclusa? No tiene sentido acabar con algo que se emprendió con tanto empeño y donde estaban puestas las esperanzas. Siempre se comienza con pie firme, creyendo que en esta ocasión se recibiría más ayuda, la necesaria para superar las actividades anteriores. Pero resulta que la ayuda es insuficiente y casi siempre ésta es imperceptible. Se ha dado el caso, en repetidas ocasiones, que la ayuda se parece mucho a los castigos. Porque resulta que el sufrimiento es quien ahuyenta a los pretendientes de lo que se guarda celosamente, mientras que el júbilo puede ocasionar un infortunio debido al descuido por parte de los guardias. Con esto debe entenderse lo del uso de la burkca, lo de los discos labiales en las tribus cimarronas, lo de los discos en las orejas, lo de los pies femeninos empequeñecidos a la fuerza, llamados pies de repollo, lo de las cortaduras en el rostro a fin de quitarle belleza, aunque el común de la gente, al perder el hilo del asunto, asegurar  que las cicatrices se utilizan para embellecerlo. Es mucha la gente que le teme a lo que está en lo profundo de la alegoría, se santigua, o corre. Buscando darle una representación material a la simbología, es decir mostrar el drama que maneja a su modo la Naturaleza, aparece en diferentes lugares la figura del ser que se cubre el rostro con las alas y se arrodilla, temblando de miedo… Sobre este suceso se han esculpido muchas efigies y es incalculable la cantidad de seres humanos que ha pasado por esto, es decir huir frente a la aparición de la ayuda que puede mostrarse como un castigo. Por eso se dice, y con mucha razón, que la ayuda es imperceptible.

 

    Los gobernantes defienden lo suyo, eso es obvio. Utilizan recursos cuya lógica no tiene cabida en los hombres. La cuestión de los dos trozos de madera y las cicatrices en el rostro para afearlo obedecen a una misma alegoría. La humanidad mira hacia otro lado, porque está lejos de la captación.

 

    Sin lugar a dudas la condena es un camino beneficioso para dar otro paso adelante. ¿Un paso adelante tiene tanta importancia para los gobernantes? Parece que sí. Un solo paso adelante cuesta un punto de luz; o mejor: un punto de luz es una paga, que no se recibe con beneplácito pues se espera más que eso; se esperan muchos ojos, por dentro del cuerpo, como sucede con ciertas aves con rostro humano. Esto se dice sin exageración. Si se entendiese, habría acuerdos.

 

    Con todo esto se puede creer, entonces, que recorrer un camino extenso a fin de conquistar tierras y convertirse uno en el Señor de la tierra, es lo mismo que dar un par de pasos adelante y tirar la toalla. Lo mismo en el sentido de que la paga, en ambos casos, es un punto de luz de duración corta.

 

    Es como si nada se hubiera hecho, como si se hubiera trabajado en vano. Sin embargo, queda la satisfacción de no haber dado un paso atrás. Cuánto tiempo se perdió al creer que la ayuda era un castigo. Si se hubiera sabido esto antes, desde cuándo no se hubiera terminado con la faena. Ojalá estos sean los últimos pasos; ojalá mejore la paga, siquiera con un ojo por dentro.

 

    Cuando ocurre lo de la condena hay divisiones en las unidades, cada quien se va a un sitio diferente y procura el menor contacto con su vecino. Cualquier cosa puede ocurrir al llegarse a este punto. Lo más recomendable es solicitar ayuda a los del nivel alto, que para eso están. Tales divisiones pueden ser de periodos largos, hasta cuando lo dispongan los gobernantes, aunque casi nunca se percibe que el arreglo venga de ellos sino de los propios actores divididos. La separación corta puede ser de algunas horas y la larga, de varios días. No es buena una separación larga, pues se puede romper el hilo que une a las partes, lo cual acarrea consecuencias trágicas.

 

    Así quedó establecido para salvaguardar los bienes; o mejor, a fin de crear bases firmes al despejarse la zona a partir de la cual se inicia el proceso. Con esta actuación se retiran las alimañas que pululan luego de la experiencia de que nos habla Immanuel Kant.

 

    En ocasiones, después de levantada la pena, se piensa que puede venir un mal desenlace, un fracaso, porque los elementos fraccionados vuelven a juntarse, y éste acercamiento trae consigo algo de sensibilidad en cada individuo. Sin embargo, las más veces, debido a la profundidad de la herida, el temor, presente, sirve de ayuda, y todo intento de inestabilidad en la masa o agrupación, se supera.

 

    Podemos darnos cuenta, al respecto, que el elemento supuestamente empalado no es sino una sensación angustiosa que anula la belleza y cualquier otro elemento de sensibilidad en la sustancia. Eso es todo. Lo demás, las figuras míticas que se mueven en torno a la angustia, pertenecen a la infinita gama de puntos movibles que llenan lo vacío y amenaza en todo momento con producir una explosión al compactarse ellos mismos. En verdad aquí no hay un árbol genealógico como se ha pretendido hacer creer, solamente hay puntos que se mueven. Si no fuese de esta manera, no habría surgido la idea de la partícula más pequeña de la materia.

 

     Tanto luchar, tanto enfrentar calamidades, numerosas guerras perdidas e igual número de decepciones; todo eso por un simple punto que se reproduce en sí mismo y termina, las más veces, convertido en monstruo.

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