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Ignacio Fernández Candela
Lunes, 22 de mayo de 2017
Pedro Sánchez

España en la cuerda floja de la revancha

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Estos tiempos no son nada halagüeños cuando sectores radicales de la política aspiran a una revancha, en tanto el país intenta sobrevivir a las numerosas crisis que lo diezman.

  El revanchismo no es nada nuevo siempre esgrimido hasta ahora por minorías. Lo arriesgado de ese revanchismo antes minoritario es que ahora existen condiciones para que tenga consecuencias: de continuar la intención con beneplácito electoral, no tardará en sobrevenir así una crisis definitiva que rompa con esta etapa democrática desde 1978.

 

 La flojedad del sistema es irreversible y  proclive a la vulneración continuada no solo por la corrupción generalizada sino también por el desastre moral que supone haber perdido el norte de la convivencia y el consenso, el respeto por las ideas no afines, la condescendencia con el pensamiento crítico. La democracia está debilitada y no para de golpearse con múltiples frentes de conspiración abiertos. Porque aquí hay algunos que complotan a diario desde las sombras para hacer pasar por espontáneo el desarrollo de acontecimientos que nos precipitan hacia un desequilibrio definitivo. La pretensión desde hace años es erigir un nuevo régimen autocrático y divergente de la era constitucional.

 

 Un asalto al poder en toda regla donde no es casual la ofensiva judicial contra el Gobierno,  por otro lado ausente cuando no perfecto cómplice involuntario para llevar a cabo esta modificación política que se parece demasiado a los antecedentes del chavismo: engaño al pueblo por promesas populistas, denuncia de corrupciones en los poderes establecidos democráticamente,  e imposición de un régimen que arruina un país hasta convertirlo en satélite del espectro comunista y bolivariano, esta vez introducido en Europa.

 

 Si a España se le coló un Jemad enemigo de los valores que juró defender, es normal que en la Guardia Civil se le hayan infiltrado topos con el fin de desestabilizar el régimen democrático, las instituciones y la gobernabilidad. Pero aquí no hay pecador que esté libre de tirar piedras.

 

  Con mucho el mismo PSOE de Sánchez, quien denuncia la corrupción ajena, está más sucio en cantidades robadas y estructuras de estafa institucional. Y ahí está obviando la inmundicia de lo propio con la misma picaresca con que los podemitas disimulan la suya. Apestan unos y otros, dispuestos a gobernar con la peor predisposición porque además han demostrado ser mediocres e inoperantes.

 

  La España debilitada no reacciona aun viendo venir el cataclismo que puede significar su extinción. Retorna el riesgo del caos en el país y todo a través de luchas intestinas y traiciones sectarias.

 

 Precisamente en esa debilidad encuentra su razón de ser la insuficiencia del panorama político que aspira a la gobernabilidad por el desgaste institucional y la manipulación populista. La victoria de Pedro Sánchez , como regresado secretario General del PSOE, es la victoria de Podemos para cuajar otrora alianzas que se quedaron en el limbo de los desacuerdos facilitando la segunda legislatura de Rajoy. Esta oportunidad no van a perderla si las urnas facilitan el golpe de efecto que convierta en presidente a Pedro Sánchez ya sea con el impulso de una moción de censura conjunta de PSOE-Podemos o con el desgaste implícito del Partido Popular, azotado por denuncias masivas de corruptela y una guerra interna que facilita el tránsito a una España radicalizada.

 

  Es perjudicial para cualquier sociedad que se dé al necio una razón política con la cual pretenda  gobernar un país. Son las luces y las sombras del sufragio universal que a veces da voz al pueblo para elegir a los representantes que pueden arruinarle la existencia. Pedro Sánchez ha vuelto por sus propios fueros para ajustar cuentas; en olor de multitudes de la base socialista, aún más henchido de orgullo revanchista y dispuesto a reeditar las condiciones de alianza que fue oportunidad fracasada para gobernar con los podemitas.

 

  Con todas las condiciones favorables de crisis y corrupción generalizadas, los españoles rozan niveles de riesgo tan determinantes como para considerar el fin de la era democrática tal y como fue planificada en una Constitución que ni el propio gobierno del Partido Popular respeta.

 

  La impasibilidad de Mariano Rajoy es mal apaño para el futuro socio político del país, puesto que él ha esquilmado al electorado en dos ocasiones e hizo caso omiso a la advertencia que tuvo en jaque durante casi un año la gobernabilidad de la nación. Una nación de naciones a la que aspiran algunos, dispuesto a vencer el pulso del secesionismo; envalentonada la corrupción autonómica que encubre sus delitos tras la quimera catalanista.

 

  Todo proceso de escisión será bienvenido si gobiernan actitudes desintegradoras que buscan el fracaso de la España constitucionalista y del consenso pacífico que la hizo posible durante cuarenta años. Porque, cuando la contradicción no le impide manifestar en esencia las verdaderas intenciones detrás de sus demagógicos discursos, las miras de Pedro Sánchez tras su triunfo en las Primarias abren muchas vertientes al radicalismo que puede incidir en una profunda trasformación-de hecho ya se ha iniciado- de la España constitucionalista, para que trascienda una España de tintes comunistas con tendencia a la anarquía y al desarraigo; la desintegración identitaria que es objetivo primordial para llevar a efectos el transformismo político. Y todo con el impulso del revanchismo que es razón compartida con Pablo Iglesias.

 

  Cada vez son más evidentes las diferencias entre las dos Españas que inició y alentó el nefasto zapaterismo. O se modera o Pedro Sánchez multiplicaría sus efectos siendo marioneta de Podemos como futurible presidente de gobierno. La revancha contra España, como secretario general del PSOE, solo se habría iniciado.

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2 Comentarios
Fecha: Martes, 23 de mayo de 2017 a las 21:13
Ignacio Fernández Candela
Gracias, María.

Así es que un grupúsculo, una numerosa manada de carroñeros bajo pretextos de la política, tienen sus pulsos y conspiraciones de poder para usarnos como trampolín de sus codicias.

De las urnas depende no caer en la trampa del populismo, aunque tampoco hay alternativa que quedarnos con lo malo conocido que lo muy nefasto por conocer. Triste alternativa.

Cuando el pueblo dice basta, se linchan a los causantes de sus ruinas.Es el único modo de imposición contra los corruptos según relata la Historia. En Venezuela van camino de ello al no tener nada más que perder.
Fecha: Martes, 23 de mayo de 2017 a las 10:52
Oscura Forastera
Debo felicitarte por tan sensacional articulo, cómo siempre redactado desde la honestidad y el buen trabajo que te caracteriza.
En mí humilde opinión y tal como lo veo, la política en este país es nefasta, ninguno de los que se sientan en las cortes en este país esta libre de tirar la primera piedra, nadie se escapa a la corrupción, todos están sucios de algún modo. Que conste, que el que este limpio, qué no digo yo que no existan, y no denuncia el robo están culpable como el ladrón, el problema es sencillo, están ahí, gobernando unos y otros intentándolo por todos los medios posibles y seguir con la corruptela que llevan en cola, ya que está claro que en España la Democracia está presa, por eso cuando el pueblo, engañado, da el voto y con él el poder, pierde todos los derechos y solo le queda los deberes impuestos como castigo. Deberíamos ser consecuentes ante la urna y desalmar a los que con la palabra y la mentira nos llevan a la ruina, el pueblo tiene el poder. Pero, ¿cómo imponerse a los corruptos si son más y mejor protegidos que los que levantan este país con su verdadero esfuerzo?

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