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José Ramón Ponce
Domingo, 21 de mayo de 2017
Fundamentos de la hipnosis I

Un apasionante halo de misterio

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Hubo épocas en que se creyó, investigó, y también se descartó, la posibilidad de obtener información política e inteligencia por medio de la hipnosis.

No tengo ningún deseo de dejar el dominio de lo psicológico flotando en el aire, sin fundamento orgánico... Dejemos a los biólogos avanzar hasta donde puedan y avancemos nosotros también. Algún día nos encontraremos. 

Sigmund Freud 

 

 

En torno a la inducción y sugestión hipnótica siempre se han tejido abundantes mitos y fantasías. Este estado, donde el individuo puede ser influido dentro de determinadas circunstancias, constituye un campo tentador para que algunos lo rodeen de un apasionante halo de misterio. En algunas interpretaciones ha quedado abigarrada a ella la intención de verla como algo sobrenatural o, en el mejor de los casos, la expectativa de percibirla como un instrumento infalible para dominar la mente de un individuo.

 

Hubo épocas en que se creyó, investigó, y también se descartó, la posibilidad de obtener información política e inteligencia por medio de la hipnosis. También las hubo cuando se creyó que se podría incitar a una persona a cometer asesinato bajo estado hipnótico.  

 

En la primera mitad del siglo XX, mientras el ruso Konstantín Platonov elaboraba su tesis doctoral, aún vigente, La Palabra como factor fisiológico y terapéutico, referida a estudios electroencefalográficos y de laboratorio bajo hipnosis, y el norteamericano Herbert Spieguel, psiquiatra de Nueva York, aplicaba la hipnosis en militares desarrollando su teoría de la disociación psíquica como piedra angular de estos estados, se producían paralelamente filmes y novelas de horror que promovían el fenómeno hipnótico como algo propio de vampiros, zombis y otros seres terroríficos. Posteriormente, con el auge de la parasicología en los años 70' y 80', algunos trataron de demostrar la telepatía, precognición, telekinesia y otras similares por medio de la hipnosis.  

 

Pero habiendo entrado la hipnosis dentro de los marcos de la investigación científica, lo cual ha ocurrido paulatinamente desde el siglo XVIII, se han ido despejando sus procesos internos, efectos y limitaciones aplicativas. Al margen de las diferentes posiciones en torno a la hipnosis, ésta y demás estados neuro-psíquicos especiales, han demostrado científicamente su efectivo papel en la salud, deporte, educación y actividad laboral, entre otras áreas de la vida del hombre. 

 

La actitud legítimamente científica, en contraposición a lo que creen algunos, no constituye un ente cerrado ni los científicos conforman una cofradía. Por naturaleza se toma en cuenta en primera instancia cualquier criterio, argumento o hecho empírico. No se puede rechazar intransigentemente una opinión por descabellada que parezca, porque si bien el cerebro posee posibilidades infinitas de reflexión y razonamiento estas quedan limitadas y refractadas por los marcos de la información que se le introdujo previamente. Por ello es una condición sine quo non en el pensamiento científico, la postura de amplia condescendencia hacia cualquier idea, y no cerrar puertas por prejuicios o predisposiciones.

 

El cerebro no es infalible, y la naturaleza, según Francis Bacon (1561-1626), es superior al entendimiento. 

 

¿Cuántos no recibimos ideas de otras personas de las cuales nos preguntamos: cómo no se me ocurrió, o cómo no me di cuenta? ¿Acaso no evaluamos los hechos de la realidad de acuerdo a la orientación recibida de generaciones anteriores, educación recibida, condiciones socioeconómicas en la cuales vivimos, o la realidad conocida? De esta manera una verdad puede ser contundentemente cierta, la solución a un problema estar increíblemente a la vista, o la elocuencia de un hecho ser aplastante, pero si el cerebro no está preparado para su comprensión, puede no aceptar la verdad. La persona no encontrar solución, ser indiferente ante el hecho o, sin percatarse, tratar de argumentar contra lo evidente. ¿Cuántos hombres que han aportado a la ciencia no han sido tildados de "locos", y por su perseverancia es que ha podido abrir el prisma comprensivo de otros para ser escuchados y les permitan demostrar sus planteamientos?  

 

Pero si la legítima actitud científica no es "cerrada" como algunos intentan exponer, poniendo a la ciencia en la picota pública, tampoco son aceptables ideas apasionadamente defendidas sin requerida demostración. La razón de ser de la metodología de investigación científica radica en la minimización de todos los factores subjetivos en la búsqueda de la información y realidad de los hechos, y este principio no puede verse simplemente como un ornamento. Hay que entender que las personas creen en lo que necesitan creer, ven lo que necesitan ver, y aceptan como cierto lo que está acorde a sus sentimientos, deseos y le sirve como paliativo a sus frustraciones. Por esta razón, para llegar a la verdad, sin caer en el Positivismo o Empirismo a ultranza, se requiere de estricta objetividad. Son rotundamente inaceptables posturas y concepciones que no hayan sido sometidas a rigurosa comprobación, menos aun cuando se sostienen de manera fanática. Una mentalidad "abierta" no significa aceptar incondicionalmente cualquier idea.  

 

Por otra parte, desde el inicio de mis estudios en torno a los estados neuro-psíquicos especiales incluí Entrenamiento Autógeno, técnica desarrollada por Heinrich Schultz durante la primera mitad del siglo XX en el Instituto de Psiquiatría de Berlín. En las sesiones de aplicación de esta técnica observaba, tal como expresa el referido autor, que si bien en algunos casos se dificultan los efectos relajantes a los cuales se encamina dicha técnica, en otros no era necesario ningún tipo de ejecución en el procedimiento a seguir, o ni tan siquiera empezar. Bastaba que el individuo adoptara la posición requerida para caer vertiginosamente en hipnosis. Mientras corroboraba en la práctica la certeza de estos efectos, sentía necesidad de ir eliminando escalones y aditamentos innecesarios, tanto en inducción de hipnosis como de relajación.  

 

Posteriormente encontré los estudios teóricos y experimentales de Herbert Benson, de Harvard Medical School, de los Estados Unidos, los cuales me permitieron corroborar mi hipótesis sobre la continuidad y unicidad de estados neuro-psíquicos especiales. La obra de dicho autor me motivó sobremanera desde que le encontré, a finales de los años 80', y aunque se circunscribe a la relajación, la consideré extensible también a la hipnosis.  

 

La concepción de Benson se fundamenta en los estudios fisiológicos y bioquímicos realizados a monjes Budistas durante la meditación, a partir de lo cual el autor desprende novedosos criterios sobre la psique humana.  

 

La continuidad dimensional de los estados neuro-psíquicos, su carácter endógeno, las diferencias individuales en distensión muscular y concentración mental, y la imposibilidad de estandarizar externamente la inducción de imágenes de visualización, determinó en mí el criterio de una dimensión única desde la relajación hasta la hipnosis. 

 

Referencias 

 

Benson, H. (1975) Respuesta de relajación. Edit. Pomaire Méjico-Venezuela. 

Platonov, K. (1958) La palabra como factor fisiológico y terapéutico. Ediciones en lenguas extranjeras, Moscú. 

Ponce, J. R. (2013) Hipnosis y relajación emocional. Editorial PAX: México 

Schultz, H. (1969) Entrenamiento Autógeno. Editorial Científico-Médica, España. 

Spieguel, H.  (1982) Hypnotizability and Psychopathology. Am. J. Psychiatry 139:4, April. 


 

 

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