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Juan José Fermín Pérez
Miércoles, 17 de mayo de 2017
Publicidad en el siglo XIX

El doctor Cascarrabias

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Hoy vamos a conocer a una celebridad olvidada del siglo XIX: el doctor Garrido. Un personaje que tenía la mala leche suficiente para llenar una piscina olímpica.

Cuando me dedicaba a hojear periódicos antiguos por primera vez  (para matar el aburrimiento de los viernes por la tarde, esos que se alargan hasta el infinito, porque no hay auténtico trabajo que hacer pero tienes que calentar la silla el tiempo que mande el reloj, porque estás en España, ese país que confunde la productividad con el presentismo), me encontré con el siguiente anuncio. Bueno, quizá no fuera ese en concreto, porque he hojeado miles de periódicos desde entonces, y con tanto Pokemon diferente ya no me queda mucha memoria disponible, pero lo escribía el mismo personaje y en el mismo tono. Se publicó en el periódico El Día, el 11 de Junio de 1882. Leamos:

 

[Img #8998]

 

El tono es bastante agresivo, incluso para los parámetros de aquella época, y por eso me llamó la atención. Un rato más tarde, me di cuenta que no era un caso singular. Los anuncios del doctor Garrido aparecen en casi todos los periódicos del último cuarto del siglo XIX, erre que erre, con la misma mala uva. Recopilarlos todos sería una tarea imposible, pero podemos seleccionar unos cuantos al tuntún.

 

Por ejemplo, éste apareció en El Día, el 11 de Junio de 1882:

 

[Img #8999]

 

 

Repasemos. Los que acuden a “las aguas” ya no sólo “viven durmiendo”, como decía Garrido en el anuncio anterior. Son “atrasados” también. Por lo demás, resulta ser “un animal muy de bellota” todo aquel que le lleve la contraria. Es más heavy que el vocalista de Metallica y, como observamos en otro ejemplo, extraído de El Liberal, de 6 de Junio de 1880, también es modesto. Entre otras cosas, dice, usando la tercera persona:  “[El cliente] no se atreve a decir que soy el Hipócrates de la Medicina, ni que me colmen los gobiernos de honores y riquezas […] El Dr. Garrido hace nueve años que está curando cada día a mayor número de enfermos […], por lo tanto, en conciencia, nadie puede ni debe manifestar ya lo que él solamente sabe

 

 

[Img #9002]

 

 

 

Las “aguas”, de las que se declara enemigo Garrido con tanto ardor, eran balnearios o manantiales curativos, como el de la Margarita, en el pueblo madrileño de Loeches. Los ricos acudían directamente a bañarse, y los pobres se conformaban con beber el agua embotellada, que se vendía en las farmacias. Así se anunciaban esas aguas en El correo de la moda, de 2 de Noviembre de 1865:

 

 

[Img #9000]

 

 

Su nombre completo era Francisco Garrido y Vera. Nació en 1847, el mayor de nueve hermanos, en un pueblo de Valencia llamado Venta del Moro. Se trasladó a Madrid y, después de obtener un doctorado en Farmacia, compró un establecimiento en la calle Luna, no lejos de la Gran Vía. Era el año 1873: Amadeo de Saboya renunciaba al trono, asqueado, y se proclamaba la Primera República. Los más viejos del lugar no iban a permitir que un jovenzuelo de 26 añitos, tuviese o no tuviese el título de doctor, les pisara el juanete. Esos son los animales “de bellota”, que no valen ni “dos cuartos”, que se mencionan en los recortes anteriores.

 

 

[Img #9001]

 

 

 Garrido decidió recurrir a la publicidad para hacerse un hueco. Pero a lo loco, como correspondía a un tipo con tanto carácter como él, llenando todos los periódicos a su alcance, con tanta frecuencia como pudiera, con textos que redactaba él mismo. La estrategia tuvo éxito y, a medida que iba ganando dinero, esos anuncios iban haciéndose más y más largos. El siguiente ejemplo pertenece a El imparcial, de uno de Enero de 1899. Aunque sea tan largo como la mañana de un lunes, recomiendo echarle un ojo. Garrido gruñe contra todo el Universo y nos deja la mala uva suficiente para envenenar todos los viñedos de Castilla y parte de Andalucía.

 

[Img #9012]

 

 

Con tanto anuncio sobre la mesa, el doctor Garrido fue ganando fama en el Madrid de finales del siglo XIX. Por ejemplo, en el periódico El Folletín, de 21 de Febrero de 1875, se comenta: “Si todo el año fuese Carnaval, tendría que cerrar su farmacia el doctor Garrido, e irse a la China con sus específicos.

 

También se le menciona en relación al caso de doña Baldomera, hija del escritor Mariano José de Larra. Esta señora, sin el talento de su padre para la pluma, pero tampoco escrúpulo, ideó una de las primeras estafas piramidales de las que se tiene noticia. Recaudaba dinero entre los incautos, prometiéndoles unos intereses monstruosos. Cuando el tinglado se derrumbó, Baldomera huyó a Francia con varios millones de peseta. Sin embargo, tal vez por problemas de conciencia, acabó volviendo a España para someterse a la justicia. Fue condenada a seis años de cárcel en 1879, que no llegó a cumplir, porque muchos madrileños aún la apoyaban e hicieron campaña para obtener su absolución. Su historia fue recogida en un tebeo satírico de la época. Allí podemos encontrar esta viñeta, que nos porporciona otra pista del peso que tenía el doctor Garrido en la sociedad de la época:

 

 

[Img #9004]

 

 

 

En 1874, el dramaturgo Angel María Segovia estrena una obra titulada “El doctor Gorrilla siempre en su farmacia: o Nadie se muere hasta que Gorrilla quiere”, cuyo personaje principal se inspira en el doctor Garrido. Cinco años después, José María Rincón le dedica otra obra, “La vuelta al mundo por el Doctor Garrido, viaje disparatado de gran espectáculo. Cronicón universal lírico-bailable-crítico-social, con ribetes famacéuticos, en dos actos y diez cuadros

 

El doctor Garrido era tan famoso que los mejores toreros de la época, como Frascuelo o Currito, le llegaron a brindar un toro delante de la mismísima familia real. Se le podía ver con frecuencia al Teatro Real, donde intentaba ver todos los estrenos. Un barítono llamado José Sala Julen, con cierta soltura con el pincel, le hizo un retrato:

 

 

[Img #9005]

 

 

Enfermo de tuberculosis, Garrido vendió su farmacia con el cambio de siglo y se retiró a Alicante. Fallecería  a los 57 años, el 21 de Febrero de 1904.  Muchos periódicos recogieron la noticia, como el ABC:

 

[Img #9010]

 

 

Su farmacia, construida en 1833, sigue existiendo. Fue comprada a principios de siglo por la familia Cardona, que la sigue regentando desde entonces. Este el aspecto que presenta su fachada actualmente:

 

[Img #9011]

 

 

Garrido fue un adelantado a su tiempo, que supo ver la importancia de los medios de comunicación. En nuestro días, es probable que tuviera su propio canal de Youtube y un Twitter que echara humo. Es díficl saber qué tipo de remedios aplicaba en sus consultas, pero sabemos que era respetado (además de temido), y aún se le recordaba muchos años después de su muerte.

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