VER EN VERSION CLASICA
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Ignacio Fernández Candela
Lunes, 15 de mayo de 2017
Belén Jordana de Pozas y José Amián: In memoriam

El ascensor de la vida y de la muerte

Guardar en Mis Noticias.

Un ascensor maldito acaso se había fabricado por el destino, a la espera de que Belén Jordana de Pozas y José Amián  lo tomaran para no regresar a la vida.

Belén Jordana de Pozas y José Amián

 

  Unos segundos y surge el accidente que arrastra y precipita, desde veinte escalofriantes metros de altura, a una adolescente y feliz pareja de novios. Nueve pisos y un suspiro ultimado. Oh, Dios, ese ascensor moderno y mortal, sin remozar y apañado con un espejo que tapaba los antiestéticos contrapesos y camuflaba una muerte al acecho. Dios.

 

 Levemente hubo consciencia al contarse los breves segundos de terror.

 

Un ascensor maldito acaso se había fabricado por el destino, a la espera de que Belén Jordana de Pozas y José Amián  lo tomaran para no regresar a la vida.

 

Se extravía el sentido este mundo, una vez más de millones de veces,  cuando algo tan absurdamente brutal acontece inesperadamente.

 

  Esa alevosía con que ocultamente se va fraguando lo trágico sin dar ninguna señal previa, es como un cepo camuflado a la espera de la presa que descoyunta en un descuido.

 

  Un panel de cristal al que se adosa un  espejo pesado. Silicona que pega el conjunto de un ascensor que, desde su fabricación, pareciera un frágil castillo de naipes que se iba a desencajar con un soplido.

 

Responsabilidades que si el sentido común no advierte, pueden desembocar en la espeluznante tarde en que la muerte irrumpió después de una cuenta atrás cuando ese elevador fue sorteando la vida de los usuarios.

 

  Ningún atisbo de irregularidad, ningún ruido que alertara sobre ese ascensor en descomposición que cedió al apoyarse los novios y se desintegró panel contra panel, con efecto palanca, sin dar una mísera oportunidad de salvación. El exiguo espacio se transformó en un agujero negro que se tragó sin piedad a dos rutilantes estrellas de juventud. Vivir por nacer, morir por vivir, es el ajuste de cuentas que conlleva tener consciencia de hálito: cuando se salda esa deuda así, respirar se convierte en un amargo recordatorio de que el recaudador a veces no espera a que hagamos planes.

 

  Cuánta malignidad hubo en  esa sorpresa de la casualidad que se presentó en aquel bloque de la calle de los Hermanos Bécquer en Madrid.

 

  Una amiga de ellos describió en pocas palabras esa sensación de la derrota en que la existencia nos sobrepasa con sus manifestaciones sombrías: “la vida les dio una dentellada seca y caliente”.

 

  A veces esa vida con la que tan familiarizados estamos con sus placenteras o sacrificadas rutinas, se expresa como si nada fuera cierto acerca de las expectativas del mañana. Lo cierto es que un día no habrá un amanecer para cuantos lo contemplamos como un regalo. Pero hay modos en que ese día  de la muerte de otros nos enmudece y en el silencio provocado por la estupefacción, nos estremece vitalmente.

 

  La muerte es tan familiar como chocante al ser compañera de viaje en cada segundo de nuestra consciencia. Una Parca tan conocida que solo se la reconoce cuando fija su mirada en la fecha de nuestra extinción, porque de esta aventura nadie sale vivo. Lo aceptamos como la regla de juego ineludible que se asume con resignación y procuramos que no nos soliviante en demasía, porque vivir es un sentido único de supervivencia y cada experiencia cuenta con cada día trascurrido, mirando al Cielo para que no nos tome desprevenidos la probable adversidad. Morir es un requerimiento implícito desde que nacemos y hasta que tomamos conciencia de qué va todo esto.  Pero contamos con la normalidad de respirar, de acumular vivencias, de aprovechar la oportunidad de sentir si es que parece que nos deja el libre albedrío de proyectarnos con despreocupación, cuando la memoria no nos atiende con sentido de urgencia al pensar que todo acaba. Siempre desprevenidos, ese zarpazo no cuenta hasta que se ríe en nuestras caras y daña.

 

   Abundan  momentos de esta existencia en que nada nos vale para intentar explicar sus crueles paradojas. Un espacio de reflexión silenciosa y desbordada que tiende a la rendición ante la evidencia de que esta vida es sumamente compleja para instantes tan determinantes, como son el nacimiento y la muerte. Es inenarrable el sentido extremo de vivencias que nos hielan el ánimo vital, observando cómo otros sucumben con la tragedia. Otros mientras no seamos nosotros,  porque en este azar vivencial todos jugamos con la incertidumbre de un amanecer que podría significar el último, de modo inesperado, en ocasiones dantesco, siempre inexorable.

 

  Otra cuestión es la vida después de la vida que la Física Cuántica atisba esclareciendo la duda del propósito existencial desde los limitados sentidos terrenales y humanos. Pero para los que todavía no hemos viajado, queda la fórmula del sentimiento compartido y la solidaridad ante la malaventura padecida por nuestros semejantes. Fuerza y consuelo a los amigos y familiares.

 

  En algún espacio de ensueño Belén y José se abrazan.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
6 Comentarios
Fecha: Lunes, 22 de mayo de 2017 a las 19:15
Ignacio Fernández Candela
Muchas gracias, Luis José, y completamente de acuerdo con su criterio de sentido común.
Fecha: Sábado, 20 de mayo de 2017 a las 17:11
Luis José Ramadal
No suelo comentar los comentarios pero en este caso lo hago pues me parecen injustas y desacertadas las palabras de anónimo yomismo.

Tal y como presentan esta web (que considero, en líneas generales muy buena) no se trata de un espacio para difundir noticias, es algo más; algo cultural por lo que es lógico que a un artículo, aunque esté basado en una desgraciada noticia real, se le de un toque digamos literario y que el articulista no se limite la fría realidad de los hechos y trate de expresarse con su propio estilo.
Fecha: Sábado, 20 de mayo de 2017 a las 14:41
Ignacio Fernández Candela
Acepto la critica constructiva, falso «yo mismo» pero la intuición me dicta no seguir consejo de la estulticia.

Tu simpleza moral e intrascendencia personal están desubicadas en un espacio cultural como es este semanario de alto nivel.

Supongo que tu mediocridad , demostrada en un solo comentario, no acostumbra a leer mas allá de un noticiero que tengas a mano. La cuestión literaria no es plato de buen gusto para el común de los necios.

Me trae al pairo tu opinión, no escribo para gente irrespetuosa y ofensiva como tú. Debes revisar ciertos complejos para evitar exhibirte así. Te aconsejo que leas alguna vez un farragoso libro. Aprende.
Fecha: Sábado, 20 de mayo de 2017 a las 12:17
Yomismo
Escribes enrevesadamente enrevesado,espeso,cansa leerte. Si lo admites,un consejo: simplifica, relee lo escrito , te relaja? te invita a pensar? .O más bien te aburre tanta frase abigarrada... Belén y Jose murieron abrazados, así se los encontraron, ella sin un rasguño,hecha un ovillo y muerta por el impacto. Él abrazándola con brazos y piernas, protegiéndola,y absolutamente destrozado. Diciendo esto, está todo dicho. Ah, sí,y que a veces esta vida es una puta mierda pero esta pareja lo consiguió,se amarán para siempre,para siempre...
(Correo y nombre falsos, sorry).
Fecha: Martes, 16 de mayo de 2017 a las 13:30
Ignacio Fernández Candela
Hola María:

Somos números de un sorteo continuado. La vida se asume con la muerte, pero es una experiencia de ida sin retorno.

Estoy seguro de que la trascendencia vital del existir conforma una Sabiduría ilimitada a la que pertenecemos en lo terreno y lo divino. La misma Ciencia explica la multidimensionalidad más allá de los limitados sentidos terrenales.

En tanto pertenecemos al mundo la constante es la duda como la fe, pero todo es un Milagro. Seguro que ese todo trasciende con familiaridad ilimitada, y lo que aquí se llora allí se comprende con una Paz inenarrable, para quienes la merecen por la siembra de sus vidas.

Belén y José seguro que se han visto en otro estadio de la existencia eterna.
Fecha: Martes, 16 de mayo de 2017 a las 00:16
Oscura Forastera
Hola Ignacio.
El día que escuché la noticia no podía creerlo, dos vidas así, sin más, sesgadas por una trampa mortal que había pasado inadvertida por la seguridad y la responsabilidad de los que se encargan de la revisión de estos ascensores. Dos vidas llenas de juventud y de promesas. Cómo bien dices en este sensacional articulo, tenemos asumido que la muerte nos ha de llegar y siempre pensamos que será cuando seamos viejos, pero pensamos que al comienzo de la vida no pueda llegar un final así como de estos jóvenes, no estamos preparados para estas noticias. Lamentablemente así suceden, en la actualidad y tal y cómo están las cosas, pienso que andamos sorteando el encuentro con la Parca a diario y casi no nos damos cuenta.

Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress