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José Ramón Ponce
Domingo, 14 de mayo de 2017
CIRCUITOS NEURALES Y SISTEMA PSÍQUICO VIII

Proceso pre-consciente y alerta emocional

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El estado de alerta emocional posibilita condiciones neurales propicias para el devenir consciente de la imagen; la información es reconocida, conceptualizada, respondida, y continúa siendo procesada.

La psique, aunque es la manifestación subjetiva de la actividad cerebral, es también sistémica, funciona siguiendo el cauce trazado por su estructura, la cual ella misma genera. Ambos componentes, funcionamiento y estructura, se forman y transforman mutuamente de forma continua.

 

El funcionamiento psíquico además, no sigue curso unidireccional sino que marcha a lo largo de tres direcciones fundamentales, cognición, afectividad y motivación. Cada una de estas, al mismo tiempo, engloba diversos procesos particulares, los cuales se originan en las diferentes zonas encefálicas. No obstante, aunque funciones y procesos operan integralmente, guardan relativa independencia; por ejemplo, Cacioppo & Gardner (1999) sitúan el caso de un empresario afectado de tumor cerebral, quien habiendo sido dañada su corteza prefrontal desplegaba una conducta bizarra, había perdido capacidad de experimentar emoción, y era incapaz de tomar una decisión, pero a pesar de todo se mantenía intacta inteligencia, atención y memoria.

 

El resultado final de las funciones y procesos queda plasmado en la imagen subjetiva, conllevando configuración del objeto, significado cognitivo y sentido afectivo. Esta imagen se erige como la plataforma para la recepción, evaluación y emisión de respuesta, interna o externa. Por consiguiente precede, y al mismo tiempo sucede, al acto.

 

Pero este funcionamiento no se inicia de un modo consciente (Norman, 2010), sino por medio de etapa previa, donde opera el análisis-síntesis cerebral. En esta se define si los impulsos recibidos portan información relevante (Burkitt, 2012) (Geraskov, 2012).

 

A partir de la definición de relevancia, la cual es determinada por el sistema límbico, principalmente amígdala e hipocampo según McLachlan (2009) y Del Arco & Mora (2009), se estimulan los centros activadores. Consiguientemente se activan y entran a participar los lóbulos frontales, especialmente los prefrontales. Es solo a partir de ese momento cuando se produce el estado de alerta emocional, quien posibilita condiciones neurales propicias para el devenir consciente de la imagen; la información es reconocida, conceptualizada, respondida, y continúa siendo procesada.

 

Por lo tanto, el funcionamiento inconsciente es previo al consciente (Koehler, 2011), se observa por ejemplo en la percepción, donde la imagen adquiere sentido antes de que su configuración cognitiva (Kosslyn, 2005); el sentido afectivo predomina sobre el significado cognitivo (Cacioppo & Gardner, 1999).

 

La emoción es el proceso psicológico específico que constituye la expresión subjetiva de la activación cerebral, tanto en animales superiores como en seres humanos. Quien ejerce movilización energética del sistema psico-cerebral, básicamente la red neural, para integrar la información recibida. En consecuencia, su estudio sigue una vertiente neurofisiológica y una propiamente psicológica.

 

Actualmente la emoción ha sido enfocada de una manera integral. Es conocido como el efecto movilizador del arousal fisiológico y emocional extremo invade sucesivas áreas nerviosas en un efecto de reclutamiento, e incide, por medio de la inervación nerviosa, sobre el organismo y la psique hasta el nivel celular. Incluso se pueden definir sus diferencias con el sentimiento, el cual es el proceso psíquico que define el sentido afectivo del objeto para el individuo, en función de la motivación relacionada. Si la emoción activa el cuerpo-mente, el sentimiento define el sentido afectivo del objeto (Jaremka, Gabriel & Carvallo, 2011).

 

El estudio de la emoción ha sido objeto de múltiples polémicas ocurridas dentro del consenso científico. En primer lugar la definición de si es proceso psicológico o fisiológico (Vinken & Bruyn, 1980). En segundo lugar si desordena o no la conducta, incluyendo la síntesis de ambas posiciones a partir de la curva de Yerques-Dobson (1908) (Fraisse, 1965). En tercer lugar, relación de la emoción con los sentimientos superiores y reacciones afectivas psico-biológicas (Dzhidarian, 1980). Sin embargo, se coincide que la emoción posee función adaptativa, especialmente defensiva, a través de la evolución (Plutchik, 1980).

 

Estos criterios, de cualquier manera, suponen la existencia de canales de transmisión emocional a través de concatenaciones somáticas, lo cual permite la centralización del control integral del individuo y su actividad de relación; aunque psíquica, la emoción es también biológica.

 

AmigdalaEn época más reciente, el estudio de la Amígdala, componente del sistema límbico, ha ocupado lugar central en el estudio de la emoción. Este órgano participa en el otorgamiento de sentido emocional al acontecimiento, y por ende se relaciona con la memoria (Dalgleish, 2004). La Amígdala se activa ante el peligro o la agresión, informando al cuerpo de amenaza, y al mismo tiempo, en conexión con los lóbulos frontales, les deja su huella, reteniendo el acontecimiento en la memoria (Makinson & Scott Young, 2012)

 

La fuente psíquica de la emoción es el desequilibrio afectivo-motivacional que tiene lugar en la interacción del individuo con su realidad, y precede al sentimiento; es el "puente" entre el cuerpo y la mente en lo referido a su movilización energética. Si el impulso recibido es relevante con respecto a necesidades del individuo, la activación emocional se intensifica y extiende a la cognición, propiciando el proceso de orientación. A medida que esta se logre, se reduce el nivel de activación emocional.

 

Según Leontiev: La especificidad de las emociones consiste en que reflejan relaciones entre motivos (necesidades) y el logro o posibilidad de realización exitosa de la actividad del sujeto, que responde a las mismas (1981). Por ello los matices de la emoción poseen una continuidad determinada por la intensidad del tono neural, y regulada por el grado de satisfacción de la necesidad relacionada al objeto (Duffy, 1962).

 

En general la emoción, a diferencia de los demás procesos de la psique, es fisiológica y psicológica al mismo tiempo, aunque participan ambos hemisferios cerebrales (Berthoz et al. 2002). No obstante, aunque se evidencia la participación integral del cerebro, aún queda sin suficiente claridad lo que ocurre en las cadenas neuronales, y las neuronas mismas. ¿Son circuitos específicos o es manifestación específica de estos? ¿Es su forma de funcionamiento, o el de las neuronas en particular que lo componen? ¿Es la insuficiente absorción de energía celular, implicando un excedente energético cuyo rumbo es desconocido? ¿Es la cantidad de dendritas participantes en impulsos nerviosos? Entre otras hipótesis que han sido planteadas.

 


Berthoz, S., Blair, R. J. R., Le Clec’h, G. & Martinot, J. L. (2002) Emotions: From neuropsychology to functional imaging. International Journal of Psychology, 37 (4), 193–203

Burkitt, I. (2012). Self and Others in the Field of Perception: The Role of Micro-Dialogue, Feeling, and Emotion in Perception. Journal of Theoretical and Philosophical Psychology 15

Cacioppo, J. T. & Gardner, W. L. (1999) Emotion. Annu. Rev. Psychol., 50,191-214

Dalgleish, T. (2004) The Emotional Brain. Nature Reviews/ Neuroscience, 5

Del Arco, A. & Mora, F. (2009) Neurotransmitters and prefrontal cortex–limbic system interactions: implications for plasticity and psychiatric disorders. J Neural Transm, 116, 941–952. DOI 10.1007/s00702-009-0243-8

Duffy, E. (1962). Activation and Behavior, New York: Wiley

Dzhidarian, I.A. (1980) Acerca del lugar que ocupan las necesidades, las emociones y los sentimientos en la motivación de la personalidad. En: Problemas teóricos de la psicología de la personalidad. Editorial Orbe: Cuba

Fraisse, P. (1963) Las emociones. En: Paul Fraisse & Jean Piaget. Tratado de Psicologia Experimental. Tomo V. Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana

Geraskov, E. A. (2012) Nonconcurrence of Conscious and Unconscious Cognition in Resolving Internal Contradiction. Journal of Russian and East European Psychology, 50, 1, 68–84.DOI 10.2753/RPO1061-0405500103

Jaremka, L. M., Gabriel, Sh. & Carvallo, M. (2011) What Makes Us Feel the Best Also Makes Us Feel the Worst: The Emotional Impact of Independent and Interdependent Experiences. Self and Identity, 10, 44–63. DOI: 10.1080/15298860903513881

Koehler, B. (2011) Psychoanalysis and Neuroscience in Dialogue: Commentary on Paper by Arnold H. Modell, Psychoanalytic Dialogues, 21, 303–319. DOI: 10.1080/10481885.2011.581114

Kosslyn, S. M. (2005) Mental Images and the Brain. Cognitive Neuropsychology, 22, 3/4, 333-347

Leontiev, A. N. (1981) Actividad, consciencia y personalidad. La Habana: Ed. Pueblo y educación

Makinson, R. A. & Scott Young, J. (2012) Cognitive Behavioral Therapy and the Treatment of Posttraumatic Stress Disorder: Where Counseling and Neuroscience Meet. Journal of Counseling & Development, 90

McLachlan, R. S. (2009) A Brief Review of the Anatomy and Physiology of the Limbic System. Can. J. Neurol. Sci., 36, 2 - 84-87

Norman, E. (2010) The Unconscious, in Current Psychology. European Psychologist, 15(3), 193–201. DOI: 10.1027/1016-9040/a000017

Plutchik, R. (1991) Emotions and Evolution. International Review of Studies on Emotion. Vol. 1. Edited by K. T. Strongman, John Wiley and Sons Ltd.: USA

Vinken, F.J. & Bruyn, G. W. (1980) Neurofisiología contemporánea. Tomo III. Editorial Científico-Técnica: Cuba

Yerkes, R.M. & Dodson, J.D. (1908) The Relation of Strength of Stimulus to Rapidity of Habit-Formation. Journal of Comparative Neurology and Psychology, 18


 

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