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Ignacio Fernández Candela
Domingo, 7 de mayo de 2017
Dios quiera un heroico traidor que clave el puñal en la espalda de Maduro

Venezuela en guerra civil con un solo bando armado

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Venezuela vive una guerra civil cómoda para el abuso inhumano de Maduro. Una confrontación declarada pero con un solo bando que usa la fuerza de las armas.

Venezuela en guerra civil con un solo bando armado

 

Es una guerra de gentuza sin escrúpulos contra una población desasistida que se arma de valor, conciencia y aptitudes morales frente a sociópatas parasitarios, engañabobos y caraduras, hipócritas sin alma, demonios;  explotadores hasta la ruina absoluta de un magnífico pueblo que ha puesto demasiadas veces la mejilla frente a un enemigo ventajista.

 

Solo el cinismo de los tramposos y la conciencia enferma del amoral  pueden decir que en Venezuela hay una democracia. Usaron las urnas para modificar el equilibrio de un país y convertirlo en guarida de facinerosos bajo cuerda del narcotráfico. 

 

A Venezuela le queda sucumbir después de tanto destrozo en una agonía imposible,  gobernada por criminales que se han desenmascarado y conculcado las leyes colectivas por las que se rigen las naciones del mundo. Son un perjuicio universal de la peor calaña y están identificados. No cabe más que actuar en consecuencia y con la contundencia necesaria en una auténtica revolución social contra el enemigo de la humanidad.

 

   La resistencia en las calles es una hazaña inconmensurable pero poco práctica.  Mantener este pulso desigual solo prolongará el maleficio. Urge exorcizar y expulsar al diablo institucional  que ha causado todos los males que se padecen sin visos de solución. Dios quiera un heroico traidor que clave el puñal en la espalda de Maduro: alguien que encarne esa confianza traicionera que ha destruido a los dictadores siendo este el patán de todos ellos. Maduro es un payaso de dientes afilados rodeado de una troupe circense de miserables bien pagados, con la ruina de un país que ha soportado hasta decir basta. Y más que habrá de desbordar la indignación para llevar hasta las últimas consecuencias  el hartazgo contra estas alimañas donde no extraña ver arrimado a Zapatero.

 

  Nicolás Maduro es un ser despreciable hasta lo repulsivo;  aún más que un Ceaucescu o un Gadafi; que un Sadam Hussein o incluso un Hitler. Al menos el asesino de masas llevó a la Alemania del III Reich al esplendor económico y social que la convirtió en la superpotencia enfrentada con el mundo. El sátrapa analfabeto solo ha traído la pobreza inherente a un gobernador de mala muerte que se enfrenta al mundo por mantenerse en esa chapuza maliciosa del chavismo que encubre la delincuencia del narcotráfico. La hija de Chávez es el claro exponente multimillonario de lo que el sinvergüenza del gorila rojo resultó ser como el peor estropicio, estafa ruin contra los venezolanos. Debería ser objetivo de persecución internacional.

 

    Si los nombrados en algún momento fueron incluso benignos para el pueblo que los ejecutó, a ese patán sin escrúpulos metido a político… ¿qué destino podría estar a la espera colgado del cuello, fusilado, linchado o suicidado? Si la pauta histórica es que a todo cerdo le llega su San Martín, ¿cuánto podría durar Maduro?

 

   Venezuela está necesitada de soldados contra el narcotráfico imperante que ha enquistado el poder para destruir un país. No necesita solo mártires que, desgraciadamente, facilitan románticamente la exterminación de sus libertades, sino también luchadores por la libertad capaces de derrocar un régimen de malhechores tras siglas políticas.

 

 En la historia de la humanidad no ha existido déspota o generaciones de tiranos que no hayan acabado bajo el rodillo de la justicia que impele desbordantemente a un pueblo sojuzgado en defensa de su libertad. No existe opresión que pueda eternizarse cuando una corriente de frustración vital se transforma en una energía más poderosa que la fuerza usada para esclavizar a los ciudadanos.

 

  Así pues,  por el cariz de los acontecimientos que supera extremadamente una situación límite  largamente sostenida, es de prever que a Nicolás Maduro y a su núcleo de parásitos se les  vuelvan en contra las pistolas que ahora empuñan.

 

   En la Historia del devenir humano  levantarse en armas es una iniciativa justificada cuando se avasalla y pretende enterrar en la miseria a quienes exigen ser desencadenados bajo la amenaza del hambre, de la tiránica dominación y la violencia de un mal gobierno. Cuánto más mérito poseen los ciudadanos que se levantan en manifestación democrática contra los abusos criminales de quienes los masacran con la excusa política para proteger un gobierno narcotraficante, un reducto de delincuencia organizada a nivel estatal enquistado bajo el pretexto del socialismo radical; sin duda el mejor pretexto para tantos sinvergüenzas que han hallado la fórmula de imponer dictaduras bajo la justificación de las urnas y el plebiscito.

 

  Sí, los antecedentes históricos demuestran que la tiranía sucumbe aplastada por la rebelión. No hay barrera que no se rompa mediante la indignación que se revuelve contra los confiados que pretenden imponer una dictadura o los caprichos del poder  de un  Maduro que debería de estar cerca de su final: en cuanto existiera  una fisura interna que quebrase el despotismo ventajista con que se enfrenta ante una Venezuela harta de arbitrariedades totalitaristas.

 

    Venezuela no da más de sí porque no hay futuro estando el cáncer desbordado con metástasis de exterminación. Se ha dejado que el tumor se extendiera y ahora solo resta la extirpación del mal que la aqueja. Maduro debe ser perseguido hasta neutralizarlo.

 

  El bisturí debe ser empuñado con precisión de cirujano por un pueblo al que no le tiemble el pulso en lucha decisiva por la libertad. Y si es ayudado desde fuera, mucho mejor. No puede haber mayor razón de Justicia para la pervivencia de la libertad de los pueblos del mundo, ni mayor justificación para llevarla a cabo con los épicos venezolanos.

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