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Ignacio Fernández Candela
Sábado, 29 de abril de 2017
Francia decide en una segunda vuelta el 7 de mayo

Francia y las elecciones de la supervivencia

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Noticia clasificada en: Humanidades

La prudente  lectura electoral que predispone a Francia en la segunda vuelta de las votaciones presidenciales, significa el fracaso de la tesis globalizadora de Europa y una modificación de la voluntad popular en defensa de una vital identidad hasta ahora menoscabada, principalmente,  con políticas de integración fallidas.

Francia y las elecciones de la supervivencia  Los cantos de sirena del socialismo francés han sido desoídos, así como los dogmas radicalizados de la ultraizquierda de Mélenchon. Sin duda que los atentados en Francia poseen peso específico para retornar a la lógica del proteccionismo y desechar la corrección política que tantos perjuicios ha causado a la vecina nación.

 

  Los franceses manejan unos parámetros como votantes que hasta ahora no se habían presupuestado: los numerosos atentados de los que han sido víctimas.  La cautela como votantes se ha originado en el miedo a la radicalización con origen en los atentados del 2015 contra la Redacción del semanario Charlie Hebdo. Desde entonces la espiral de violencia y la impresión certera de la indefensión con los ataques sucesivos de Bataclan, Niza y un largo etcétera, han delineado los argumentos electorales que les ha obligado a depositar un voto bajo la exigente premisa de la supervivencia.

 

   Macron representa la esperanza de la novedad, el centrismo como opción frente al buenismo social que tantas complicaciones ha generado. Marine Le Pen es un clavo ardiendo,  la resistencia contra los postulados de Bruselas; el enfrentamiento contra las tesis y consecuencias de la inmigración masiva; la continuación de un camino abierto a la esperanza como supuso Donald Trump en los EEUU,  aun con la invariable inquietud que produce el pronunciamiento taxativo contra la línea multicultural que ha invadido Occidente.

 

  Francia huye del fracaso demostrado y de la expectativa de radicalización con los comunistas que alaban el bolivarismo de Venezuela. Una inteligencia práctica que aprende de los errores ajenos para no convertirlos en propios. Mélenchon y la izquierda radical no solo no han convencido sino que además se exponen a los riesgos de la extinción devorados por las contradicciones que no han engañado al electorado francés.

 

Francia y las elecciones de la supervivencia  Los escándalos del conservador Fillon y la augurada derrota del socialista Hamond, posicionaban al resto de los políticos favoritos como vencedores de la primera vuelta a expensas de una segunda que marcará el próximo y vital destino de Francia. Es muy significativo que los socialistas, con el presidente Hollande a la cabeza, el conservador Fillon y el partido Radical de Izquierda, entre otros, hayan mostrado su rechazo a una presidencia lepenista haciendo un unísono llamamiento a favor del centrista Macron. No menos reseñable es que el comisario de Bruselas Moscovici alerte contra Le Pen y extrapole las elecciones francesas, en su segunda vuelta, como un sufragio de dimensión europeísta,  considerando los factores importantes de posible cambio generalista que entran en juego.

 

  Lo cierto es que ante las voces de alerta del conglomerado disparmente ideológico que advierte contra el Frente nacional denominado ultraderechista por defender los valores inherentes de lo tradicional y a los intereses autóctonos-algo que dicta la lógica de la razón de ser de las naciones como identidad propia-, los franceses han optado inteligentemente por dirimir sus problemas urgentes en las urnas con un descarte a la imposición del establisihment, pero procurando huir de los radicalismos a ambos extremos de la cuerda ideológica. Ni tesis marxistas que tan nefandos resultados dan en los países donde se han impuesto sojuzgando la democracia, ni la aventura de la confrontación ante las problemáticas devenidas de la multiculturalidad que preconiza Le Pen; no apuestan por las medidas frente a la violencia yihadista, ni tampoco aspiran a la redención francesa con un presumible giro de ciento ochenta grados en las directrices sociales, políticas y económicas que pueden dejar en evidencia la degradación de los decepcionantes postulados del europeísmo financiado por George Soros y otros mandamases del NOM.

 

  Sin embargo, Francia está necesitada de un tratamiento de choque para revertir los males causados en estos últimos años con serio peligro de confrontación civil, por esa tercera generación de musulmanes que ya está asfixiando la convivencia y puede provocar un clima de desequilibrio social, determinante para la futura coexistencia de los ciudadanos desbordados por las consecuencias de la globalización incontrolada.

 

  Macron representa la tibieza y se sabe fácil títere de ese establishment para continuar con las mismas directivas que han empobrecido Europa y  puesto en el disparadero del riesgo acrecentado mediante la violencia radical. Por eso es evidente, además de significativo, que todos los perdedores de esta primera vuelta hagan causa común contra Le Pen y el Frente Nacional, porque podrían ser referente para otros votantes que llamados a las urnas pueden cambiar paulatinamente la voluntad soberana del pueblo contra el orden impuesto de ese nuevo orden mundial que en poco tiempo ha hecho estragos en la seguridad de los europeos. Después de Francia podría existir un efecto llamada al proteccionismo y el cuidado de los intereses nacionales frente a la dispersión de los asuntos multiculturalistas, en detrimento de la soberanía de múltiples países actualmente amenazados por la desintegración interna.

 

      En Marcha! de Macron no dispone de ningún programa específico para frenar la violencia yihadista ni la expansión islamista que impone la ley sharia; persigue las voluntades tibias del socialismo que hasta ahora ha procurado graves daños a la República. El alma conjunto que dicen de Francia está intoxicado por los artificiosos tejemanejes de la disgregación europea. No es bueno titubear cuando se baraja el riesgoso capítulo de una guerra civil por los estragos multiculturales como ya han advertido expertos en materia geopolítica.

 

  Francia adolece de resolución y está falta de entendimiento para calibrar el alcance de la erosión que ha supuesto dejar que los radicalismos conformen guetos donde los occidentales son recibidos hostilmente,  incluso con uniformes policiales.

 

Francia y las elecciones de la supervivencia  Emmanuel Macron representa, bajo la apariencia de la conciliación ideológica, el sucedáneo las políticas no reactivas que han dejado a Francia a merced de sus enemigos con ese caballo de Troya de la inmigración masiva que se ha unido al pasado colonial, con la inevitable irrupción de una resistencia en el mismo corazón de Francia; contra los mismos franceses, su cultura, su tradición y su derecho a existir con identidad europea.

 

   En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, se comprobará si los ciudadanos salen del fuego actual para meterse en las brasas y ser quemados lentamente por la inacción mientras prolifera el germen de la intransigencia islamista. Porque ese es el mayor de los problemas que ha de afrontar el país vecino como objetivo principal, si no quiere la propagación incontrolable de la inseguridad al precio de la propia identidad francesa.

 

  Marine Le Pen es una imprevisible opción para Francia como lo ha sido Donald Trump para Norteamérica, pero con esta debacle coercitiva que desuela el mundo, urge apostar por políticas restrictivas que canalicen la defensa de los pueblos sin descuidar el deber moral de velar por los más necesitados; todo con el orden y el concierto que dicta la moral ineludible de cuidar de uno mismo para poder cuidar de los demás. Algo evidente que ha obviado la clase política europea que expone irresponsablemente a sus respectivos contribuyentes: las cobayas desconocedoras de las intenciones que esconden las voluntades globalizadoras. Voluntades que pueden frenarse si se facilita la suficiente oxigenación para modificar las condiciones de indefensión. Un riesgo que se minoraría con el impulso de políticas de renovación y reconstrucción nacional; no solo benignas para Francia sino también para España y cuantos países han sido afectados por este experimento de ingeniería social impulsado desde una poco confiable Unión Europea.

 

  Francia decide en una segunda vuelta el 7 de mayo,  no lamentar más el trágico y provocado error de estos pasados años. Elige sobre su vital protección. La supervivencia frente a la incertidumbre donde todo daño es posible sin reacción defensiva. Una situación decisivamente delicada y que repercutirá inexorablemente en  un futuro a medio y largo plazo si no se toma ahora  el camino correcto de la rectificación.

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