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Juan José Angulo
Domingo, 23 de abril de 2017
todo lo que se obtiene de los saqueosse reparte entre los señores de la guerra

Ira y prudencia en Homero

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Noticia clasificada en: Ensayo Narrativa

La Ilíada y la Odisea tratan sobre basilei, personajes aristocráticos, elitistas y señores de la guerra; son personajes muy distintos a nuestra sociedad, que valora más la igualdad, y éso nos aleja de ellos.

  Pero en tanto vemos que son mortales con conflictos y dificultades, nos puede acercar a ellos viendo su lado humano.

 

Los personajes homéricos se ven envueltos en situaciones límite y tienen que tomar duras decisiones.  La mente homérica se situaba en la caja torácica (corazón, pulmones…), era reactiva a las emociones.  La manera de guiar esas emociones determinará la actitud de los personajes y le permitirá avanzar o hundirse en fatales errores. 

 

Bastantes filósofos antiguos consideraron la ira de Aquiles como terrible y nociva, incapaz de lograr el equilibrio y tomar decisiones acertadas, era vista como hybris o exceso.  En cambio, valoraron la prudencia de Ulises, capaz de sobreponerse a los impulsos de su corazón y moderarse de forma prudente.

 

La ira de Aquiles

 

En el décimo año de la guerra, hubo un enfrentamiento entre Aquiles y Agamenón por dos prisioneras de guerra en realidad: Agamenón pudo entregar a la hija de un sacerdote por una recompensa sin deshonra y echó de malas maneras al sacerdote, lo que produjo una maldición de la que sólo pudieron salir entregando a la hija a cambio de nada, dejando sin una parte del botín a Agamenón; y como Aquiles defendió que se hiciese, Agamenón le quita otra prisionera de guerra a Aquiles, deshonrándolo.  Desde su arcaico punto de vista, todo lo que se obtiene de los saqueos (prisioneros de guerra incluidos, que son tratados como esclavos) se reparte entre los señores de la guerra en función de su actuación en batalla, arrebatar una parte del botín significa quitar reconocimiento.

 

Agamenón fue el promotor de la guerra de Troya (por ser su hermano Menelao el afectado por la huida de Helena a Troya) y tenía un mayor ejército, todo ello le hacía ser soberbio y actuar con prepotencia y de forma unilateral, pese a que los aliados en la guerra son iguales en el consejo de guerra.  Su actitud impositiva y la deshonra recibida, hace que Aquiles tenga una ira tan grande que le hace abandonar el campo de batalla.

 

El resultado es devastador para los aqueos (griegos), que ven como van siendo vencidos por los troyanos y sus aliados.  Por su actitud arrogante, Agamenón ve que ha traído estragos para su bando y Aquiles se ve entre la corrosiva ira hacia Agamenón y la compasión por sus antiguos compañeros de batalla.

 

La ira es una pasión absorbente, inmensa, enfermiza y que no deja espacio para nada más.  Nunca se ve satisfecha y a lo largo de la Ilíada se verá que la venganza no es la solución de la ira, como clama esta pasión; sino que es la compasión la que consigue restañar el sufrimiento y dejar de lado el deseo de revancha hacia emociones más enriquecedoras y humanas.

 

Por la compasión, Aquiles deja un poco de lado su ira y deja a su amigo Patroclo participar en la guerra.  Desgraciadamente, Héctor, líder de los troyanos, se ve ebrio de poder por todas las victorias y comete el exceso de matar a Patroclo, atrayendo para sí la terrible ira de Aquiles de la que luego verá que no podrá escapar.

 

La ira de Aquiles pasa de Agamenón a los troyanos.  Se lanza al campo de batalla sediento de sangre y mata a troyanos como a patos.  Todos huyen ante él y su explosiva rabia; sólo Héctor permanece a las puertas de la ciudad, sintiéndose responsable por haber devuelto al combate a Aquiles y por haberle provocado su ira incombustible y destructiva.  Vacila en lucha con él, pero finalmente hace frente a Aquiles y muere.  Es consumido por aquello que él mismo ha provocado, ésa es la tragedia de Héctor.

 

Sin embargo, la cólera de Aquiles no se disuelve con la muerte de Héctor.  La furia es un deseo que no puede ser satisfecho nunca, es un fuego que, cuando es alimentado, aumenta.  Aquiles ata a Héctor a su carro y lo arrastra todos los días.  La venganza no hace remitir su dolor y la sigue alimentando queriendo inútilmente conseguir remitir su dolor.

 

La ira no se templará alimentando más ira, solamente podrá rebajarse siendo sustituida por algo más positivo y que canalice su dolor.  Únicamente la compasión hará que se equilibre su atormentada mente.  El padre de Héctor se arriesga a pasar al campamento aqueo a pedir el cuerpo de su hijo para darle exequias, Aquiles ve el dolor del rey de Troya, se identifica con él y el compartir un dolor similar hace que se consuele su dolor y se diluya la cólera. 

 

La Ilíada es la historia de la cólera de Aquiles y termina cuando su ira desaparece, a través de la compasión.

 

La prudencia de Ulises

 

Así como Aquiles es un ser pasional y sufre por los errores que comete por dejarse llevar por las emociones desbordadas, Ulises logra sobreponerse sobre las pasiones y puede actuar de forma más prudente. Su actitud es más sabia que la de Aquiles.

 

La Odisea cuenta la historia del regreso de Ulises a su tierra, tras la guerra de Troya. Es un viaje que nos evoca al “viaje de la vida”, es un viaje que se puede interpretar que es similar a la vida: llena de retos y dificultades.  El texto nos enseña que en nuestra historia personal nos podemos encontrar con muchas cosas que nos superan, que nos hacen darnos cuenta de nuestra finitud mortal; pero también nos enseña que el ser humano, gracias a su inteligencia y a la moderación, puede superar las dificultades con las que nos encontramos en la vida.

 

Ulises vaga en su odisea por los mares, encallando en islas llenas de tentaciones y de peligros.  Gracias a su astucia y a no precipitarse, a no dejarse llevar por la ira, logra superar todos los retos que se le presentan.  Monstruos de todos tipos con poderes especiales, capacidades de seducción y otros recursos, son vencidos por llevar a cabo astutas estratagemas en el momento oportuno y con prudencia, sin precipitaciones propias de las excesivas pasiones.

 

Finalmente, Ulises llega a su tierra y recupera su posición, haciendo uso de su inteligencia y prudencia.  Lo que nos enseña que en “el viaje de la vida”, hay que intentar mantener la calma, ver posibilidades, no dejarse abatir por el tamaño de las dificultades y actuar con decisión y equilibrio para lograr sobreponerse a los retos a los que nos enfrentamos.


-Homero, [2000]: Ilíada, Barcelona: Editorial Gredos.

-Homero, [2000]: Odisea, Barcelona: Editorial Gredos.

-Redfield, J. M.  1992: La tragedia de Héctor, Madrid: Editorial Destino.


 

 

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