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Ariel Till
Miércoles, 19 de abril de 2017

Evolución

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En otros tiempos, no era común que en las familias alguien tuviera una cámara fotográfica. Era un aparato sólo accesible para los profesionales, no sólo por el costo, sino también por la complejidad de su uso. En ese entonces, el hecho de ver una persona con una cámara ya lo identificaba como fotógrafo.

Evolución

 

Para tomarse una foto, había que recurrir a un estudio para contratar a un fotógrafo. Y en las plazas estaba el “minutero”, con su fácilmente identificable cámara de madera, que tomaba la foto y la revelaba en el momento, dentro del mismo artefacto.

 

Cuando el acceso a la fotografía se popularizó, aún se podía distinguir al conocedor, sea profesional o aficionado, por lo voluminoso de su equipo réflex, con varios objetivos colgando, frente a las sencillas cámaras familiares, en su mayoría de tipo Instamatic o pocket, según la época.

 

Aún estaba el minutero en las plazas, más como tradición o curiosidad, ya que para asegurarte una foto decente en los sitios turísticos había un fotógrafo con una cámara Polaroid para hacerte una instantánea, que se revelaba sola en unos minutos.

 

Con la llegada de la fotografía digital las cosas siguieron cambiando. Como antes, en las vacaciones cada familia llevaba su cámara compacta, mientras algunos alardeaban de sus réflex digitales, para demostrar sus conocimientos en el tema.

 

Los fotógrafos turísticos reemplazaron sus Polaroid, por equipos digitales, y en un puestito con una computadora y una impresora te entregan la copia en el momento.

 

En las últimas vacaciones casi no vi cámaras fotográficas. Todo el mundo saca fotos con sus teléfonos. Si alguno andaba por ahí con un equipo fotográfico, sea grande o chico, antes que asociarlo con un especialista, pensás que es un anticuado, qué se quedó en el tiempo, o que se le agotó la batería a su iPhone.

 

Pero parece que montar una voluminosa cámara de mediados del siglo pasado en un trípode te hace parecer fotógrafo, ya que, mientras intentaba fotografiar una cascada, una pareja que no quería malograr su recuerdo fotográfico de ese paraje, me eligió entre todos los turistas que allí estábamos para que les sacara una foto. Con su teléfono, por supuesto…

 

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2 Comentarios
Fecha: Miércoles, 19 de abril de 2017 a las 23:26
Ariel Till
Gracias Ricardo!
Exactamente. Yo me resisto a usar el teléfono para fotos que quiero conservar. Pero es cierto que no sabemos cuál será el siguiente paso...
Un abrazo
Fecha: Miércoles, 19 de abril de 2017 a las 19:32
Ricardo Carrena
Muy bueno el artículo! Si, una evolucion darwiniana, que en un momento la sociedad de consumo reorientó, pero no sabemos hacia donde...abrazo

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