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Martha Leticia Martínez de León
Sábado, 8 de abril de 2017
¿por qué el cuerpo tiene que separarse del alma?

Jesús nunca pidió ser adorado

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Las enseñanzas de Jesús en la Biblia, se encuentran muy alejadas de lo que se predica, se  ha enseñado a tener miedo, a temerle a Dios, a sentir culpa del cuerpo y de la sexualidad, a creer que se deben intercambiar actos para  obtener beneficios de Dios, a chantajearlo.

Hablar de Jesucristo es complicado, principalmente porque sus enseñanzas han sido pisoteadas, acomodadas a conveniencia del poder tanto de la Iglesia católica como de las Iglesias protestantes, se ha tomado la imagen de Jesús para dominar,  crear fundamentalismos, dogmas y fanatismos, aunado a esto se ha hecho que la persona tenga miedo de Dios, se ha adoctrinado su espiritualidad y se le ha extraviado de su camino interior que lo llevaría a tener seguridad y paz.

 

Regularmente se habla de este proceso donde el creyente tiene que confesarse, pedir perdón y sentirse culpable de su humanidad, pero, todo esto es completamente lejano a lo que es en sí mismo Jesucristo y la esencia del Cristianismo. La Biblia como Libro Sagrado se fundamenta en las enseñanzas, no en la historia, es claro que su lectura ayuda a comprender situaciones históricas, antropológicas y sociales, pero el punto central de quienes lo escribieron no es dar una lección de historia o historiografía sino ofrecer una enseñanza ética que guíe, aconseje y lleve a reflexionar, porque la espiritualidad y el encuentro con Dios no puede enseñarse, pero sí se guiar a través de la reflexión e interiorización personal.

 

En su esencia, el Cristianismo tiene como base y a partir de la Encarnación enseñar a la persona que su encuentro con Dios es consigo mismo y con la naturaleza porque a partir de esto la persona se conocerá y podrá sanarse a sí misma y ayudar al otro. Reconocer en nuestro interior quién es Dios ayudará a percibir quienes somos nosotros y al mismo tiempo quienes son las personas que nos rodean.

 

Un punto central de las enseñanzas de Jesús, es que él nunca pidió se le adorase, Jesús hablaba de Dios y dijo, cuando queráis hablar con Dios, ve a una montaña y ve al cielo, no seas como esos hipócritas.  Jesús nos mostró las bondades de Dios, la seguridad que trae amarlo y creer en El, valoró el cuerpo, la sexualidad, el Silencio, el escuchar, porque a lo que le des valor ahí estará tu corazón.   Jesús denunció a todos aquellos que se escudan en la fe y en los Libros Sagrados para condenar y sentirse superior al otro, hizo saber que no sirve adorar a Dios si no ves a quien tienes al lado, Dejen que los muertos entierren a sus muertos y preocúpense por aquellos que están muertos en vida, es decir, salte del templo, deja de adorar a un Dios que tu has fabricado y cuida a esa parte de Dios que está a tu alrededor. Denunció a los mercaderes del Templo, no a vendedores, sino a todos aquellos que dan discursos sobre Dios y llenan la mente y el interior de ideas falsas evitando que la persona conozca a Dios desde su propia esencia, esos son los mercaderes más peligrosos, aquellos que negocian y ganan apoderándose de la espiritualidad de la persona.  Jesús creó un sendero para amar a Dios no para amarlo y adorarlo a él, dignificó a la mujer, a los niños y a todos los considerados marginados, hizo milagros, no de manera mágica, sino en el sentido de que es un milagro el cambio y renovación de la persona, y regresó la vista a los ciegos, no desde un acto físico, sino le devolvió la luz interior para ver la vida, para valorarla, lo guió y lo acompañó en su proceso, Jesús escuchó y al hacer que la persona encontrará a Dios lo hizo encontrarse a sí mismo, por eso deja de ser ciego, no de manera física sino espiritual, hizo caminar al paralítico,  a ese ser que ya no tiene ganas de seguir caminando, al escucharlo, al tomarlo en cuenta le devuelve las ganas de vivir, de construirse un camino, y los resucitó de entre los muertos, no a los muertos físicos porque eso sería una especie de zombie, sino a los muertos de espíritu, aquellos que llamaríamos actualmente deprimidos, esos son los milagros de Jesús y de Dios, retornar a la plenitud a quien se siente perdido, ciego, extraviado y muerto.

 

Las enseñanzas de Jesús jamás condenan al cuerpo, no separan la carne del alma y del espíritu, ¿por qué el cuerpo tiene que separarse del alma?, ¿ a caso Dios nos dio un cuerpo para despreciarlo y para sentirse culpable de lo que siente?, Jesús era judío, y el pueblo hebreo-judío no condena la humanidad ni la sexualidad, como tampoco lo hace el Hinduismo, el Budismo y el Islam, el cuerpo y la sexualidad son sagradas porque son la manera de continuar la creación, no se puede separar la carne del alma, el cuerpo hecho con máximo cuidado y belleza es una muestra de la perfección de Dios para el creyente, el cuerpo y la razón son excelsos e incomprensibles incluso para el no creyente, entonces, ¿por qué lo creado por Dios y bajo la perfección se tiene que juzgar y culpar como algo que nos separa de lo espiritual?, este Maniqueísmo que tiempo atrás fue juzgado por la Iglesia es el mismo maniqueísmo utilizado ahora para tener sujeta a la persona y esclavizada a través de la culpa y el pecado.  A partir de san Agustín, el Cristianismo bíblico dejó de ser espiritual y ético para convertirse en maniqueo, dualista, critico y moral, despojando y corrompiendo las enseñanzas de Jesús.   

 

El cuerpo es sagrado y todas sus manifestaciones interiores, exteriores y físicas nos hacen tener en nuestro interior belleza y plenitud no darnos cuenta de esto nos lleva a sentir culpa.  La caída de los primeros padres, nos muestran que al tener libre albedrío estamos propensos a equivocarnos, y que al caer nos costará más trabajo seguir pero Dios siempre estará con nosotros, esta caída convertida en pecado se vuelve moral con san Agustín y se nos dice que caímos y que el acto de haber tropezado nos costará y que nunca podremos recuperarnos si no es obedeciendo, pero, ¿es lógica esta obediencia cuando se obedece por miedo al castigo? La esencia del Cristianismo es ayudar a la persona a conocer a Dios, a que se enamore de Él en su diversidad de manifestaciones y que el comportamiento humano debe ser armónico porque así se desea no por miedo, sino porque se busca la paz y la armonía.

 

Jesús nunca pidió ser adorado

 

Lo que se hace por miedo al castigo ya no es puro es hipócrita, por ello se castiga a los santos, por ejemplo, a san Antonio se le pone de cabeza, o sea, no me consigues pareja, te quedas ahí atormentado. El creyente ha perdido su espiritualidad y se fundamenta en el chantaje religioso, me porto bien para no irme al infierno no porque quiera, entonces el amor a Dios no es puro es para obtener algo, por ello la Iglesia primitiva tiene como su origen al pecador, es decir, aquél que se ha equivocado, porque es quien realmente busca a Dios no para obtener algo sino para encontrar paz, Benedicto XVI dijo, Pedro es la cabeza de la Iglesia no porque sea un gran santo sino porque es el más grande pecador. Pedro traicionó a Jesús, pero en su dolor y arrepentimiento buscó sinceramente a Dios.  Antes de seguir es importante decir que pecador es quien está propenso a equivocarse, por ello todos somos pecadores, así el tomar decisiones que no dañen a los otros y siguiendo un camino que no dañe a terceros nos vuelve santos, budas, avatares, porque nos volvemos parte de la perfección de Dios, todos podemos serlo porque podemos decidir tener un camino puro que nos lleve a Dios, pero este sendero debe de ser porque así se desea no por miedo al castigo y al infierno, concepto que se creó para provocar miedo alejando al Hombre de poder desarrollar un amor puro por Dios y para crear una dependencia. Jesús murió por nosotros, esto nos enseña lo dicho en un proverbio hindú salvar a una persona es salvar al mundo o como dice el sagrado Corán “atar a una persona es matar a la humanidad entera.

 

Las enseñanzas de Jesús en la Biblia, se encuentran muy alejadas de lo que se predica, se  ha enseñado a tener miedo, a temerle a Dios, a sentir culpa del cuerpo y de la sexualidad, a creer que se deben intercambiar actos para  obtener beneficios de Dios, a chantajearlo.

 

Las enseñanzas de Jesús enseñan que amar a Dios y hablar con Él, tiene como fundamento interiorizar, y  deja en claro que una religión no funciona si se separa de la espiritualidad a través de dogmas, porque el dogma asesina la escucha y el dialogo, lo impuesto mata a la palabra y pisotea el amor de Dios y su Silencio el cual tiene un valor teológico porque el Silencio de Dios lleva implícito el amor y el respeto a la libertad humana.  Las religiones son formas de vida, deben mostrar un camino ético que dignifique, pero no deben sustituir a la espiritualidad, en el momento en el cual se impone una doctrina y se sobrepone a la espiritualidad ha perdido su camino.

 

Los Evangelios enseñan a profundizar en la vida de Jesús pero no para adorarlo sino para comprender que sus palabras son un camino hermoso para llegar a nuestro interior, al del otro y por ende a Dios, el evangelio de Marcos, por ejemplo,  tiene como fundamento la pregunta, ¿Quién es Jesús?, porque no se puede comprender la Buena Noticia si no se tienen claro tres puntos, -quién es Jesús, -quién creemos que es y sobre todo, -qué hemos hecho con su persona y sus enseñanzas.

 

Marcos habla especialmente a los no judíos, y responde a las enseñanzas de Jesús de una manera Pastoral y catequética, escrito entre los años 60 y 70 después de Cristo, y a través de él se le nombra a Jesús, hijo de Dios, como una manera de mostrar que el ser humano está formado por ambos puntos, y por ende la humanidad y la espiritualidad forman una unidad la cual no puede segregarse ni ser juzgada, esta humanidad hace al ser humano divino y esta divinidad que lo hace ser parte de Dios lo hace humano, por ello, decir que la materia no permite a la persona acercarse a Dios va en contra de la esencia de las enseñanzas de Jesús, pero este misterio se tiene y se resguarda en Silencio. En el evangelio de Marcos la divinidad de Jesús se oculta, él mismo solicita no se diga que es el hijo de Dios, porque primero el hombre tiene que interiorizar y percibir su humanidad, ¿cómo podría comprender su espiritualidad si no acepta, ama y valora su humanidad?, por ello el islam menciona, Jesús hablaba al espíritu, pero nadie comprendió, a eso ha venido Mahoma, a enseñar la importancia de la humanidad para que después se pueda comprender a el espíritu. San Marcos enseña que el encuentro con la espiritualidad se manifiesta en la valoración de sabernos materia, personas y no separándola, como también lo dice el Hinduismo.

 

Jesús nunca pidió ser adoradoOtro punto fundamental es  nunca  dejar de preguntar ¿quién es Jesús? Porque la respuesta  llevará a comprender quien se es, de ahí la importancia al orar y decir que Dios es grande, por ello, cuando los musulmanes dicen, En el nombre de Allah, el compasivo el misericordioso, o cuando se menciona la voluntad de Dios, o Dios es grande, no sólo es una afirmación, sino una invitación a preguntar, ¿si, Dios es grande, compasivo, misericordioso, quién soy yo, como soy? Entonces, comienza a cobrar sentido el mandamiento, No dirás el nombre de Dios en vano, el cual no tiene como punto central jurar y hacer testigo a Dios de una falsedad sino conlleva una responsabilidad al hablar y ser coherente con los actos, es decir, ¿puedo hablar al otro de Dios?, ¿mis actos, mis palabras, lo que yo soy me permiten nombrar el nombre de Dios? Si no actúo con amor, compasión y misericordia, ¿no estoy nombrando en vano el nombre de Dios?

 

Jesús nos enseña a ser discípulos pero no de doctrinas y dogmas sino del Amor, se nos habla de un Jesús Mesías, el Cristo, no el Mesías esperado por el pueblo de Israel que era de cierta manera un guerrillero, sino un mesías que predica la paz a través de desterrar las leyes religiosas que catalogan al ser humano en castas, en jerarquías y las cuales sobreponen las leyes a la dignidad humana y hace reflexionar a través de la pregunta, ¿para qué tienen ojos si no ven y oídos si no escuchan?, en esta pregunta se abre un mundo, ¿de qué sirven los sentidos si no vemos, valoramos y cuidamos a quienes tenemos enfrente?, ¿de qué sirve plegar los ojos al cielo o escuchar y decir rezos si ignoramos a quien sufre y juzgamos y criticamos a quien se sale de nuestro ideal? Por ello dice, Devolvedle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, es decir, devuelve a Dios su imagen y su semejanza a través de tus actos, no a través de predicaciones y discursos como lo hacen los gobernantes y fariseos, y también por eso menciona, Cuídense de que nadie los engañe porque muchos hablaran en mi nombre, este cuidado invita a no dejarse llevar por el miedo y el castigo, un verdadero creyente y amante de Dios reflexionará, no permitirá fundamentalismo y nunca olvidará preguntarse ¿quién es Jesús?, porque en ello con lleva la respuesta de quién es él mismo para el mundo, sabrá desde su interior y hará suyas las palabras de Jesús, Todo aquél que no está en contra de vosotros está a vuestro favor, con lo cual rompe cualquier pretensión de absolutizar a Dios y de apropiarse de la verdad.

 

Jesús enseña que ser un creyente no implica fundamentalizar enseñanzas, imponer doctrinas, encerrarse en un templo, o pelear por quien tiene el poder de la palabra de Dios, nos guía para interiorizar, para hacer del cuerpo un Templo de Dios, no sólo para él sino para nuestra paz y para la convivencia con el otro, porque sólo a través del encuentro con el cuerpo se llegará al espíritu, porque sólo a través de la consagración de la materia, la naturaleza y la humanidad se podrá crear un verdadero Reino de Dios el cual tiene su comienzo en este Aquí y Ahora que hace al ser humano unidad, dualidad-al encontrarnos con el otro, y Trinidad, es decir el yo unido al otro tiene su encuentro con Dios, sólo así la unión del Padre -Dios - y del Hijo- la humanidad- se unirá a través del Espíritu Santo, - Amor-.

 

La Trinidad demuestra que el Reino de Dios se cumple en la consagración del cuerpo con el espíritu, divinizando lo humano, alejando la idea de que la Carne impide la plenitud del Alma, porque lo creado se fundamenta en el Espíritu de Dios es decir, en el Amor.

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