VER EN VERSION CLASICA
Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Humberto Robles
Sábado, 1 de abril de 2017
los artistas se concentran en conseguir becas gubernamentales

Teatro en tiempo de canallas

Guardar en Mis Noticias.
Noticia clasificada en: Teatro

En México vivimos una realidad en las calles, los barrios y los campos, y otra muy diferente en los escenarios teatrales. Si uno se asoma a la cartelera pensaría que en este país no pasa nada y que todo es color de rosa.

Teatro en tiempo de canallas

 

"Hacer teatro es implicarse en la vida social

y comprometerse en las luchas de esa sociedad"

Alfonso Sastre

 

Parece que el teatro comercial, el institucional y muchos de los artistas viven en un universo paralelo acompañados de un soundtrack meloso o de uno que, en su afán por ser vanguardista, termina siendo snob.

 

En febrero de este año se llevó a cabo la entrega de los premios Goya a lo mejor del cine español. Previo a la premiación, Mariano Rajoy afirmó que no había visto ninguna de las películas nominadas, "Pero sí que leo novelas", dijo para justificarse. Al respecto, Pedro Almodóvar dijo al gobernante que "una buena manera de conocer la realidad es ir al cine".

 

Después de leer lo anterior pensé que quizás eso suceda en España, mas no en México… al menos no al ver la vasta cartelera teatral de la capital. Tanto el teatro institucional como el comercial – incluyendo dos corrientes tan en boga como el Micro Teatro o el stand-up- se muestran ajenos a la más terrible realidad nacional. Desde hace años México es señalado por quebrantar los derechos humanos de lunes a domingo; ejemplos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, las masacres de Tlatlaya y Nochixtlán, la pandemia de feminicidios que asola a México, el incremento en los crímenes de odio, el asesinato impune de 49 bebés en la Guardería ABC, presos políticos, asesinatos de activistas y periodistas, los 31 mil desaparecidos en “democracia”, por citar algunos casos recientes.

 

De espalda a la realidad y contagiados por la fiebre de las comedias musicales, los productores privados nos traen “El hombre de la Mancha”, “El Rey león”, “Billy Eliot”, “La jaula de las locas” o “Rent”.

 

Mientras tanto, en el teatro oficial se apoya a los artistas que pretenden romper paradigmas y los modelos tradicionales del teatro; están sumamente preocupados por la forma y muy poco por el fondo. Por otro lado, las instituciones culturales del oficialismo despilfarran los recursos, como en la Ciudad de México, caso documentado por Las Reinas Chulas y Derechos Humanos A.C. Y por si esto fuera poco está por votarse una ley sobre cultura que “pareciera haber sido redactada por un clon de Donald Trump”.

 

Teatro en tiempo de canallasEntre las excepciones de obras que abordan temas sociales, se encuentran “El cielo de los presos”, de Mauricio Bañuelos, que aborda el tema de la masacre de Tlatelolco en 1968; El asesino entre nosotros” de Mauricio Jiménez, basado en el libro “Huesos en el desierto” de Sergio González, sobre los feminicidios en Ciudad Juárez; “La gente”, de Juli Disla y dirección de Jaume Pérez, ambos españoles, la cual busca una reflexión sobre el presente político y social de México. Como siempre y una vez más en el cabaret se hace presente la crítica como en “Dos copetes de cuidado” con Cecilia Sotres y Andrés Carreño, un duelo político y satírico entre Peña y Trump, y  “Quique y Angie, la pareja imperial” de y con Leticia Pedrajo, inspirada en la actual impresentable pareja presidencial.

 

En el teatro infantil, es indudable que quien dicta las tendencias es Walt Disney; bajo esta directriz se pueden ver diversas obras como “Pinocho”, “La Cenicienta”, “Blanca Nieves”, “La sirenita”, “Las princesas”, “El libro de la selva”, “Peter Pan”, entre otras más. Existiendo dramaturgos mexicanos dedicados a escribir para niños y adolescentes, como Berta Hiriart, Verónica Maldonado o Enrique Olmos de Ita, su presencia en los teatros no es la que merecerían.

 

Uno supondría –debido a otros ejemplos de la historia- que en tiempos de crisis, los creadores estarían ocupados y preocupados por llevar a escena las problemáticas sociales, ya sea para reflejar la realidad o como un martillo para darle forma, como diría Bertolt Brecht. Pero en México eso sucede muy esporádicamente. En una entrevista a Eugenio Barba, creador del Odin Teatret, manifestó que “En los años 70, 80 y 90 la gente se juntaba, se ligaba a una ideología, a una visión del mundo que generaba una afinidad entre las personas”. Desde mi punto de vista, hoy en día en México los artistas se concentran en conseguir becas gubernamentales, una tras otra, para vivir plácidamente, con una ideología individualista, mirándose el ombligo. Me aventuro a pensar que tal vez evitan un discurso crítico y social a fin de no incomodar al estado que los provee y promueve.

 

Para incrementar nuestro pesimismo, en una reciente encuesta sobre el teatro que más agrada a los mexicanos se observó que “un 22.9 por ciento de los participantes señalaron el musical, le siguió con un 20 por ciento el de comedia, mientras que un 17.1 por ciento sugirió el de ópera. Entre las incidencias más bajas de la encuesta, se encuentran con un 14.3 por ciento el drama, le siguió con un 11.4 por ciento la tragedia y un 8.6 por ciento el teatro de monólogo.” De esto infiero que los productores comerciales han logrado su objetivo, transformar el gusto del espectador haciéndole creer que el único teatro digno de ver es el melodioso Made in Broadway; la colonización cultural ha surtido efecto una vez más en este país. Nos siguen cambiando espejitos por cuentas de oro. Incluso el hoy extinto Conaculta realizó una encuesta en 2010 donde resultó que el 67% de los mexicanos nunca ha asistido a una obra de teatro; por lo tanto las políticas culturales del oficialismo han fallado estrepitosamente.

 

Teatro en tiempo de canallas

 

A pesar de las dictaduras impuestas en muchos países, siempre ha habido grupos que hacen teatro en resistencia. Al verse forzados al exilio, México se nutrió de los creadores españoles y uruguayos, por citar a algunos, como la compañía española El Retablo Rojo que durante la Guerra Civil recorrió el país brindando funciones para las brigadas de las fuerzas republicanas; ya en el exilio la actriz Ofelia Guilmain trasladó el grupo a México; y otro caso emblemático es el del Teatro El Galpón que, tras el último golpe de estado en Uruguay, también se afincó en este país. En contraste y frente al régimen que estamos viviendo ahora en México, los creadores hacen como los célebres simios: cierran la boca, los ojos y los oídos ante las atrocidades cometidas por el estado. Eduardo Galeano expresó que “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”. Yo añadiría: a la complicidad.

 

En el marco del Día Internacional del Teatro, todo indica que en México los teatristas tenemos muy poco que festejar y mucho por hacer. Tenemos varias deudas y cuentas pendientes con el teatro, con los espectadores y con la sociedad. 

 

(portada “El cielo de los presos”, de Mauricio Bañuelos)

 

 

Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios. Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress