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José Manuel López García
Jueves, 30 de marzo de 2017
La educación estética del hombre

Schiller

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Es un filósofo y literato que nació en Alemania en 1759 y falleció en 1805. Es un pensador influido especialmente por Shaftesbury, Leibniz y Kant. Intenta introducir en sus reflexiones estéticas y morales el contenido sensible dado naturalmente.

Y afirma la validez del imperativo categórico de la filosofía moral kantiana. Para Schiller la libertad de la voluntad debe imponerse a la naturaleza pero sin sacrificarla.

 

En la actividad estética llega a su culminación el equilibrio y la armonía entre el hombre y la humanidad. En el estadio estético  el fundamento común de la perfección de lo bello en el ser humano  convierte  a lo sensible y limitado en  infinito y eterno. Como gran hombre de letras que fue considera que el estado estético es lo más valioso que se puede plasmar en la realidad humana.

 

La educación estética del hombre es la obra filosófica de Federico Schiller que le consagra como un pensador fundamental para entender la historia de la Estética como disciplina filosófica. Este libro fue famoso y muy alabado en su tiempo. Era la expresión de un excelente educador y está inspirado en el exaltado idealismo de su época. Según el pensador alemán es esencial que cada ser humano reciba una educación estética, ya que es el fundamento de la educación moral. El refinamiento de la sensibilidad y del gusto estético es algo sumamente necesario y valioso, a mi juicio. Como escribe Schiller: «Cuando gobierna el gusto y se extiende el reino de la apariencia bella, no valen preferencias ni despotismos».

 

Se puede afirmar  que las Cartas Sobre la educación estética del hombre  de 1795 es una obra teórica y establece como tesis fundamental que es posible y deseable el ennoblecimiento del carácter humano con una educación en  la belleza  en un estado verdaderamente racional. Porque la facultad racional y la sensible no están en contradicción en el hombre moral. Según Schiller la belleza se fundamenta en el juego que es la manifestación de la unión o de la plenitud  creada por la libertad. Desde mi perspectiva es la expresión de lo sublime entendido como la combinatoria de formas para el logro de lo bello, armonioso y profundo.

 

Schiller fue una de las figuras más importantes del romanticismo alemán y es verdad que inició una manera distinta de concebir la estética a finales del siglo XVIII  y principios del XIX.

 

Como también escribe Federico López: «De este modo, la belleza no  quedaría solamente relegada a un ámbito meramente teórico, sino que acorde al sentir de Schiller, encontraría la manera de existir en la propia cotidianidad de los hombres, gracias a ese carácter de la belleza que suscita no sólo reflexiones sino también sensaciones». En efecto, lo bello está presente en toda la realidad que nos rodea y en la que estamos inmersos. Y es, a mi juicio,  lo que da más sentido y significación a la existencia humana. O, al menos, la belleza es uno de los valores que inspira a los creadores, a los artistas y, de forma general, a todas las personas.


 

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