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José Ramón Ponce
Jueves, 30 de marzo de 2017
CIRCUITOS NEURALES Y SISTEMA PSÍQUICO III

Construcción de la consciencia y procesos inconscientes

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Consciencia no es solo definir o comprender, sino saber que sabes, sentir que sientes, saber qué necesitas, pensar lo que piensas, recordar que recordaste o no pudiste recordar; en fin, saber que existes.

Construcción de la consciencia y procesos inconscientes

 

El interés por definir lo que es la consciencia ha sido problema cardinal en el estudio de la psique humana. Este asunto despierta curiosidad desde la Edad antigua y el Medioevo, pero el pensamiento en torno al tema alcanza maduración con la axiomática frase de Renato Descartes, escrita en su libro El Discurso del método: “Pienso, luego existo.

 

La conciencia permite incorporar subjetivamente la realidad en la psique en un grado de apropiación que rebasa la simple adaptación.

 

Consciencia no es solo definir o comprender, sino saber que sabes, sentir que sientes, saber qué necesitas, pensar lo que piensas, recordar que recordaste o no pudiste recordar; en fin, saber que existes.

 

Con el surgimiento de monos antropoides se suceden en el mundo cambios naturales, climáticos entre otros, que hicieron variar sus condiciones de subsistencia. Según últimos y cruciales hallazgos arqueológicos, unas especies de monos antropoides se separan del mundo animal a través de un escabroso salto cualitativo hasta llegar a convertirse en humanoides.

 

Pero estos cambios no se producen por igual en todas las nuevas especies, anatómica y fisiológicamente unas estaban mejor preparadas que otras ante el medio, y por consiguiente, algunas fueron desapareciendo hasta quedar la más adaptable; hombre moderno. Por ejemplo, al Cromañón le favorecían posibilidades para subsistir como el aparato vocal, lo cual permitía la adquisición de lenguaje hablado, pero esta anatomía le estaba vetada al Neanderthal.

 

De cualquier manera, se requería entonces de transformación del entorno para facilitar la alimentación, defensa y abrigo. Esto implicaba el dominio, la producción, y el manejo de instrumentos. Ya no se trataba de la simple obtención de medios de vida apoyado en los modelos innatos de conducta como en las anteriores especies, sino de su creación.

 

Estas circunstancias obligaban a comparar, recordar, saber a qué temer, y de quien defenderse. A ello se agregaba la necesidad de agrupación y comunicación con los demás congéneres para lograr subsistencia. En consecuencia, el individuo comienza a sentir que existe como un ente separado de lo que le rodea; empezaba a conocerse a sí mismo.

 

De ese modo la psique deviene consciente por medio de la acción, y surge el lenguaje hablado. Las señales modeladoras de la realidad, al ser recibidas por aquellos primeros hombres, se reproducían subjetivamente, y sin darse cuenta, el nuevo ser inicia comparación de estas señales, visualiza el ensayo-error, y se percata de la acción eficiente. Con ello la conducta deja de ser instintiva.

 

Construcción de la consciencia y procesos inconscientesA partir de ese momento, la señal sensorial recibida por aquellos primeros hombres, implica la representación psíquica de una configuración arcaica del objeto. Esta se hacía paulatinamente más compleja, enriquecida y definida por medio de la sucesiva reiteración, acumulación y yuxtaposición de las nuevas señales recibidas.

 

Al mismo tiempo estas señales se diferenciaban, estratificaban, y articulaban entre sí. En el cerebro del humano no se producía entonces una mera acumulación como en el animal, sino unas unidades de información servían de referencia a las posteriores. Por consiguiente, las imágenes se hacían racionales, y por ende se generalizaban. Ello era complementado y reforzado por la satisfacción de las necesidades.

 

Cada acto, casual y fortuito que condujera a la satisfacción de impulsos instintivos, implicaba la intención de reproducir el evento. Su imagen quedaba en los circuitos neurales dada la impronta afectiva de satisfacción. En consecuencia, objeto, acontecimiento y entorno, tendía a evocarse espontáneamente en memoria. Las imágenes por consiguiente, se cruzaban entre sí para generar otras nuevas. Se intentaba hacer realidad el evento placentero, obligando a pensar, aunque aún por medio del pensamiento concreto. Por ejemplo, conocer el fuego lo impulsaba a reproducirlo y a controlarlo.

 

En la medida que se reforzaba cada esquema de conducta en la mente, este terminaba, reiteración tras reiteración, por nutrir su imagen hasta hacerla humanizada. La incipiente imagen racional adquiere entonces el papel de plataforma para la anticipación, prevención, y preparación para la defensa y subsistencia individual.

 

A partir de la imagen representada, el humano primitivo quedaba obligado a razonar para resolver problemas inmediatos y cotidianos, por lo cual desarrolla la conceptualización y abstracción. En consecuencia, la psique se expande cada vez más, el individuo conoce el medio circundante, y este se fija como experiencia; finalmente, llega a conocer y controlar a plenitud su propia existencia.

 

Este logro conducía a la comunicación verbal, lo cual le permitía agruparse, coordinar y cooperar para facilitar alimentación y defensa. Al mismo tiempo, aún con una consciencia rudimentaria, y a diferencia del animal, la satisfacción de unas necesidades generaba otras, dejando su desarrollo de ser instintivo para adquirir carácter social.

 

En consecuencia, la contradicción entre individuo y su entorno comienza a resolverse en la asimilación y conversión de uno en otro, la realidad se humaniza y el hombre integra su realidad. En este salto cualitativo la adaptación pasiva deviene en transformadora, y por lo tanto, la interacción ambiente-psique deja de ser natural, espontánea, para ser controlada por el propio individuo consciente.

 

En otras palabras, el hombre, en su acción sobre el medio, imprime a la realidad su sello particular, por lo cual el medio exterior, en su transformación, refleja la impronta dejada por la acción humana. Al mismo tiempo esa realidad, objetiva y subjetiva, delinea la forma y contenido de la psique individual o colectiva del humano, le deja su huella, y se reproduce dentro de ella. Realidad y psique son contrarios, se inter-penetran entre sí, el individuo es expresión del mundo donde vive, y éste es exponente del humano; cada uno supone, y es condición, de la existencia del otro. Según Hegel: “La conciencia solo sabe y concibe lo que se halla en su experiencia” (Fenomenología del espíritu).

Paralelo al estudio de la consciencia ha marchado su contraparte, el inconsciente; aunque ninguno de los dos ha terminado de definirse por la ciencia. La evolución supone el surgir de psique consciente, pero no excluye la no-consciente.

 

Construcción de la consciencia y procesos inconscientes

 

El funcionamiento adaptativo de la corteza cerebral implica la cualidad consciente de la información que circula por sus circuitos cuando coadyuvan condiciones integrativas y suficientes, pero solo en el sector cuyo sentido afectivo es, o ha sido, pertinente al individuo.

 

La información se acumula y procesa en el plano no-consciente a diferentes niveles, y sus resultados pueden manifestarse involuntariamente en un momento dado. Pueden influir subrepticiamente sobre el funcionamiento consciente, o incluso no manifestarse nunca. Esta polaridad en la dimensión de la consciencia se observa en la evidencia ofrecida por la investigación experimental, y la práctica clínica, pero además, por diferentes hechos dentro del desenvolvimiento humano (Bassim, 1972).

 

El inconsciente, como antítesis de la conciencia, ha sido objeto de polémica a través de la historia. Unos filósofos se han inclinado a su existencia pero otros no; por ejemplo, Descartes, el cual lo excluye. William James, refutando la existencia del inconsciente, expone que “…a la par del campo de la conciencia, el campo de las huellas mnesicas de los pensamientos y los sentimientos que estando más allá de la conciencia, son hechos de conciencia de un tipo especial capaz de revelar sin errores la realidad. Ninguna otra conquista lograda en el campo psicológico puede ser considerada de importancia similar.” (Citado por Bassim, 1972).

 

Construcción de la consciencia y procesos inconscientesOtros autores, por el contrario, afirman la existencia del inconsciente. Entre ellos Leibniz (1646-1716), el cual expuso su concepto de Percepciones sin conciencia. Friedrich Wilhelm Joseph Schelling (1775–1854) considera inconsciente al contenido mental el cual existiendo, aún no ha ingresado a la consciencia. Arthur Schopenhauer (1788–1860) expuso su concepto de voluntad inconsciente. Y Johann Friedrich Herbart (1776–1841), expuso la representación perceptual por debajo del umbral de conciencia, mientras que posteriormente Gustav Theodor Fechner (1801–1887) aportó su concepto de las Percepciones subliminales. Wilhelm Maximilian Wundt (1832–1920) expuso independencia funcional del inconsciente.

 

En Rusia, en la primera mitad del siglo XX, también estudiaban detalladamente el problema de conciencia-inconsciencia. Entre ellos Ivan Mikhaylovich Sechenov (1829-1905), quien se refirió a sensaciones recibidas bajo diferentes grados de vigilia del individuo. Este autor escribió acerca de re-elaboración de impresiones gruesas, estabilizadas en el fondo de la memoria, fuera de la conciencia, y por lo tanto sin que intelecto y la voluntad participen. Otro autor ruso, Vladimir Mikhailovich Bekhterev (1857-1927), consideraba inconsciente al reflejo de la realidad independiente de la voluntad del individuo.

 

Iván Pavlov puntualizó la coexistencia de las funciones conscientes e inconscientes en la psique. Según este: “En las zonas de los hemisferios cerebrales, que tienen una excitabilidad óptima, fácilmente se forman nuevos reflejos condicionados y con éxito se elaboran las diferenciaciones. O sea, que de esta manera se puede decir que en el momento dado éstos son los sectores creadores de los hemisferios cerebrales.

 

Otros segmentos, otras zonas de los hemisferios cerebrales, que tienen una excitabilidad disminuida, no tienen esta capacidad y estas zonas pueden funcionar a lo más únicamente a expensas de los reflejos condicionados creados anteriormente. Estos reflejos aparecen de una manera estereotipada siempre que se presente el estímulo. La actividad de estos segmentos de la corteza cerebral es lo que nosotros, subjetivamente, denominamos actividad inconsciente o automatizada” (Los reflejos condicionados aplicados a la psicopatología y la psiquiatría).

 

Víctorov, en la segunda mitad del mismo siglo, define el inconsciente como actividad nerviosa superior que no concientiza sus resultados. Dmitrii Nikolaevich Uznadze identifica plenamente el inconsciente con la actitud: “La actitud no puede ser un acto de la conciencia del sujeto, ella no es más que el modo, el estado del sujeto entero. Si hay alguna cosa en nosotros que podemos creer que se produce inconscientemente es la actitud” (Uznadze, 1979).

 

Quien destaca el inconsciente como pieza clave en la psique fue Sigmund Freud. Según este autor, el concepto de represión consiste en el desplazamiento de la información traumática del ámbito consciente. Otros conceptos se relacionan con la función inconsciente según Freud, entre ellos, catexia, actos fallidos, imágenes oníricas, entre otros.

 

Según Uznadze, el aspecto más débil en la concepción de Freud sobre el inconsciente, es que lo describe como un ente separado de la consciencia, mientras Uznadze considera que la estructura y funciones de uno y otro es lo mismo, solo que el inconsciente no es regulado por la consciencia durante la interacción con la realidad (Uznadze, 2009) (Imedadze, 2009).

 

Cook et al. (2011) reconocen la no-consciencia, pero con la diferencia de que en la recepción de los mensajes que alcanzan ser conscientes se reciben también influencias no racionales, sugestivas, que ejercen su efecto fuera de la consciencia.

 

El sueño ha sido estudiado en torno al inconsciente. Se ha observado el efecto de los estímulos externos e internos sobre imágenes oníricas mientras la persona duerme, también el despertar a una hora preconcebida, o el despertar de una madre cuando siente el llanto de su hijo pero que no despierta ante un sonido intenso. Se evidencian también soluciones a los problemas y cambios de actitud durante la fase REM del sueño. Otros fenómenos que apuntan al inconsciente son el insight, o cuando se siente determinado estado anímico y no se puede definir, o no sabe, la causa.

 

Según Bassim (1972), las imágenes circulantes durante la vigilia, desencadenan una inercia que al llegar el individuo al nivel REM del sueño, continúan como imágenes oníricas. Junto a estas se integran otros contenidos sensibles, subyacentes fuera de la consciencia.

 

Pigmalión y Galatea, por Angelo Bronzino (1530)Otra manifestación de la psique no-consciente es el efecto Pigmalión (Rosenthal & Jacobson, 1992), que consiste en la influencia inconsciente e imperceptible de un individuo sobre otros, las cuales implican cambios inconscientes en el comportamiento; ha sido este hecho estudiado en el ámbito educacional, laboral y social.

 

La conciencia no posee límites discretos, sino que es una dimensión cuyos polos opuestos marchan desde el funcionamiento inconsciente más profundo, hasta la nítida y plena consciencia. Los diferentes niveles de esta dimensión están determinados por el grado de excitación de la corteza cerebral. Ejemplo de ello es la transición entre sueño y vigilia; el sueño es principalmente estado inconsciente, y del cual no se sale ni se entra, aunque así parezca, de forma brusca sino paulatina. El propio mecanismo fisiológico de la conciencia determina que incluso en este estado se produzcan resultados que se tornan conscientes o no.

 

De cualquier manera, la relación consciencia-inconsciencia se inserta como parte de la estratificación psico-cerebral. Este sistema se erige, crece y se desarrolla a través de una intrincada madeja de interacciones. Estas tienen lugar entre, y dentro, de los diferentes estratos que se construyen y superponen uno tras otro, desde el tejido neuronal hasta los eventos más subjetivos de la psique. Es decir, este sistema no es un contexto homogéneo, monolítico, sino que está constituido por niveles, con características particulares en cada uno. De ello resulta que la relación del individuo con su entorno es extensión de su dinámica interna.

 

En consecuencia, el individuo se conduce, siente y piensa según cómo interactúan entre sí estratos subyacentes del sistema psico-cerebral para refractar información operante. En otras palabras, recepción, evaluación, y elaboración de la respuesta final, atraviesan internamente por múltiples “filtros” reguladores, llegando incluso a nivel fisiológico; por citar solo un ejemplo, la producción de estrógenos y los eventos neuroquímicos en la mujer propician las cualidades de su respuesta social (Cacioppo & Berntson, 1992).

 

No obstante, la relación entre procesos encefálicos y funciones psíquicas no es directa ni equivalente; o sea, reacciones similares del individuo pueden estar fundamentadas en diferentes movimientos neurales. El funcionamiento de la psique trasciende la fisiología que la fundamenta, un nivel neural no se reproduce de modo idéntico en función psíquica, aunque estructuras más complejas incluyan menos complejas. Además, la modificación estructural puede originarse en diversas causas, transitar por diferentes cauces, y estar fundamentada en múltiples niveles (Koehler, 2011) (Cacioppo & Berntson, 1992). Por ejemplo, diferentes zonas cerebrales intervienen de modo inespecífico en la memoria (Breedlove, Watson & Rosenzweig, 2010).

 

El surgimiento del sistema psicocerebral está dado por la necesidad adaptativo-defensiva a través de la evolución, operando y modificándose a sí mismo en la interacción con la realidad. Su estadio básico, y fuente generadora, es la fisiología cerebral. De este emana la psique como su superestructura subjetiva (Koehler, 2011). El cerebro y la psique constituyen dos planos de un mismo sistema, y como subsistemas, se componen de estructura y funcionamiento propio. Cada uno a su vez, se organiza en estamentos, estructuras, las cuales se superponen unos sobre otros, desde lo fisiológico hasta la plenitud de consciencia.

 

El funcionamiento de este sistema deja como huella la tendencia de sus procesos a operar según un contenido y dirección determinado, abarcando lo fisiológico y lo psíquico, aunque con características diferentes cada uno. Estas tendencias se fijan, consolidan y son las que devienen estructuras reguladoras a su vez del funcionamiento. Es decir, la estructura no es más que la tendencia a funcionar en una forma particular de recibir, procesar, y elaborar información; de ese modo se modifica a si misma además.

 


 

Bassim T. N. (1972) El Problema del inconsciente. Buenos Aires: Editorial Granica

Breedlove, S. M., Watson, N. V., & Rosenzweig, M. R. (2010). Biological psychology: An introduction to behavioral, cognitive, and clinical neuroscience, (6th ed.) Sunderland, MA: Sinauer Associates, Inc. Publishers.

Cacioppo, J. T. & Berntson, G. G. (1992) Social Psychological Contributions to the Decade of the Brain, Doctrine of Multilevel Analysis. American Psychologist, 47, 8, 1019-1028

Eliava, N. L. (1963) Una contribución al problema del papel del set y la actividad en los procesos perceptuales. Traducción de la versión inglesa del original ruso. Soviet Psychology and Psychiatry, 16-21

González Martin, D. (1975) Cerebro Cognoscente. La Habana: Ed. Academia de Ciencias de Cuba.

Imedadze, I. (2009) Uznadze’s Scientific Body of Work and Problems of General Psychology. Journal of Russian and East European Psychology, 47, 3, 3–30. DOI 10.2753/RPO1061-0405470301

Koehler, B. (2011) Psychoanalysis and Neuroscience in Dialogue: Commentary on Paper by Arnold H. Modell, Psychoanalytic Dialogues, 21, 303–319. DOI: 10.1080/10481885.2011.581114

Pavlov, I.P. (1966) Los reflejos condicionados aplicados a la psiquiatría y a la psicopatología. Instituto cubano del libro, La Habana. 

Ponce, J. R. (2013) Hipnosis y relajación emocional. Editorial PAX: México

Ponce, J. R. (2016) Método Integral de Reducción del Estrés. Estudio clínico y experimental. Editorial Publicia: Alemania

Rosenthal, R. & Jacobson, L. (1992). Pygmalion in the classroom, Expanded edition. New York: Irvington.

Uznadze, D. (1979) Principios esenciales de la teoría de la actitud. Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.

Uznadze, D. N. (2009) The Psychology of Set (1886–1950). Journal of Russian and East European Psychology, 47, 3, 67–93. DOI 10.2753/RPO1061-0405470304

Valiente, M. (2006) El uso de la visualización en el tratamiento psicológico de enfermos de cáncer. Psico-oncologia, 3, 1, 19-34


 

 

 

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