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Ignacio Fernández Candela
Miércoles, 29 de marzo de 2017
una nefasta clase política

Incompetente SEUR e imprudente Coca Cola

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Con el trascurrir de los años se ha configurado un ataque contra las clases medias como base social a la que se ha perdido el respeto en tanto se ha hecho de todo para mermar su influencia y poder adquisitivo

 . No es casualidad que la inoperancia empresarial vaya de la mano de esta crisis provocada contra los consumidores que antes parecían poseer peso específico en las estrategias empresariales. Sigue siendo así en la captación del cliente pero no en el seguimiento y la oportuna satisfacción una vez realizada una adquisición. En realidad no solo existe esa merma de la riqueza que ha sido recortada en un cuarenta y tres por cien, sino que además se ha rasado al potencial cliente por mismo rasero de la masificación que tiende a aglutinar este multiculturalismo sin distinciones que ahorra muchos respetos a las empresas incompetentes que tratan a los compradores como mansos expuestos a la despersonalización de sus necesidades individuales. No solo es descuidada la atención, sino que se multiplican los abusos con una política de cobro sistematizada y descuidada. La satisfacción importa poco si se ha abonado de antemano un producto o servicio.

 

  La diferencia entre la diligencia competente y la negligencia chapucera en el ámbito empresarial durante una crisis económica, es una línea muy gruesa que solo los ineptos traspasan demostrando una incapacidad exponencial de gestión. Actualmente, los consumidores están al tanto de los hábitos de ineficacia que grandes empresas y PYMES practican en un intento de ahorrar inversión en detrimento del servicio y la calidad de producción; calidad  mermada estos últimos años por directivos con poco empaque profesional, según el agravio comparativo de tiempos pasados en que la imagen empresarial importaba mucho más, con implícito respeto al criterio del consumidor. Esta crisis económica ha dejado en evidencia las carencias de hoy en día frente  la otrora competitividad por ofrecer un mejor producto. Y no es casualidad que sea así. Se ha perdido ese respeto al adquiriente escatimando garantías en busca de beneficios sin escrúpulos con explotación del trabajador.

 

   Sirva de paradigma nefasto el acumulado de quejas que una empresa de transportes como SEUR está multiplicando mes tras mes con una continuada y masiva protesta de clientes insatisfechos que copan las redes sociales y que perjudica no solo la imagen empresarial sino también la de grandes empresas distribuidoras como Amazon que confía el reparto de productos a tan nefasta logística.

 

  En el colmo de la estupidez e inoperancia SEUR se manifiesta a través de las redes sociales con nuevas ideas de promoción que son contestadas con la denuncia permanente de los enojados clientes.

 

La empresa es una trampa laberíntica donde los maltratados clientes extravían sus paciencias sin que la empresa de logística haga nada por mejorar las condiciones de servicio.

 

    ¿Por qué han cambiado estas diligencias que con el paso de los años se han deteriorado, incluso con la sospecha de que los fabricantes crean productos contemplando el factor de la obsolescencia programada? Por la tendencia a aglutinar, masificar, mistificar el derecho del ciudadano español en aras de cortar por el mismo patrón de la mediocridad una clase media de alto poder adquisitivo trasformada en una masa informe de mediocridad clientelar.

 

Incompetente SEUR e imprudente Coca  Cola

 

   De esa consideración de mediocre clientela parte la aspiración empresarial de producir sin garantizar un servicio, con las mismas exigencias que en el pasado eran preocupación determinante en la presentación de un producto o servicio que llevaba aparejada  el atento seguimiento: el garante de la satisfacción asegurada.

 

   Porque no hay ya seguridad en satisfacer sino un empeño en captar potencial cliente en tanto no sea expuesta públicamente la causa de una queja generalizada. Un exponente de este ejemplo es SEUR pero abundan otras sociedades cuya generación de malestar entre clientes insatisfechos se siente ya en el conjunto de la razón de ser consumista, advertida de que todo lo que reluce publicitariamente no es ni de lejos lo que aparenta.

 

  Coca Cola ha comprobado que el cliente manda sobre los designios de empresa, cambiando el hábito consumista cuando le contraría una decisión arbitraria y poco prudente como fue adherirse al proceso secesionista catalán. Bajaron de inmediato las ventas, tal cual sucedió antes con Codorniú que cedió su campo de beneficios a los viñedos extremeños o a su competidor Freixenet.

 

   Algunas empresas como SEUR y Coca Cola requieren esa cura de humildad necesaria para abordar las situaciones con una inexcusable dosis de realidad como alternativa a la endiosada predisposición directiva de apoltronarse en la cómoda mediocridad de la ignorancia sobre los problemas que aquejan al consumidor.

 

  Lo mismo debería pasar con los políticos, inútiles ensoberbecidos que juegan con la vida de los ciudadanos restándoles el respeto debido que como españoles se merecen por contribuir a la marcha históricamente democrática de cuarenta años transcurridos sin dejar de pagarlos. Son clientes de tercera con politicastros que les roban la herencia de una vida con un abusivo impuestos de sucesiones; impuestos al sol; multas y contribuciones sacadas de la manga para engrosar las arcas de un Estado que vive de prestado con el PIB superado por el déficit presupuestario que nos hipoteca sine die y sin visos de solución económica. Empresas estatales por doquier y paniaguados como los 40.000 sectarios y enchufados que la Junta de Andalucía, el pesebre de corrupción que dura 30 años, pretende fijar sin considerar el derecho al trabajo en la función pública de terceros.

 

  Marcos de Quinto abandona Coca Cola después de treinta y cinco años en la compañía; las imprudencias se pagan sobre todo cuando hay poderosas rivalidades con la heredera del imperio Daurella. Pero el director general de operaciones de SEUR continúa al frente de una gestión muy deficiente y los políticos siguen recortando los derechos de los españoles además de esquilmar sus legítimas herencias y la capacidad adquisitiva.

 

España está vendida a los peores postores.

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