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Ignacio Fernández Candela
Domingo, 26 de marzo de 2017
Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta

El frente-populismo que emponzoñó a la II República (y II)

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Los primeros desbordados por la intoxicación ideológica y la práctica de la violencia indiscriminada, fueron los dignos pensadores que se alinearon con la República.

 José Ortega y Gasset exclamó “no es esto, no es esto”, cuando comprobó horrorizado lo que se escondía tras la apariencia constructiva de una Segunda República usada por asesinos despiadados para conseguir otros beneficios que nada tenían que ver con el orden democrático. El mismo Manuel Azaña criticó los intereses tabernarios de sus socios cuando descubrió el error de unificarse con ellos; bien se arrepintió de haber impulsado tan irresponsablemente  las hordas salvajes  que embrutecieron el país.

 

  En detrimento de la superioridad moral que esgrimen seres ínfimos de estos reductos de la democracia en que se han convertido los tiempos actuales-a imagen y semejanza de los prolegómenos guerra civilistas del siglo pasado- históricamente está demostrado que la actitud criminal del frente populismo  originó y provocó tumultos, asedios, persecuciones, revoluciones sangrientas, asesinatos, exterminios sistemáticos con intransigencias violentas y avasallamientos de intención aniquiladora. La intransigencia germinaba en  ellos  y se quejaron como víctimas cuando no hubo otra opción que la defensa por la vida. Depredadores sin honra pero camuflados tras la representación política y social. Intereses tabernarios del submundo social, alimentados con la avaricia y el recelo por subordinación a complejos propios de una malformación moral. Un totum revolutum de intereses radicales que pretendieron llegar al poder rompiendo toda regla democrática y atropellando sin escrúpulos humanitarios al adversario político y social. Solo la falta de sentido común y una moral desviada  explican cómo un grupo de beligerantes y resentidos  pretende ahora reventar la armonía social, imponiendo sus dogmas totalitarios, haciéndose pasar además por los inocentes y las víctimas de toda injusticia. Víctimas de falso que acusan de asesinos o fascistas a inocentes para repetir sus retorcidas intenciones que revientan cualquier paz social doquiera se vaya.

 

Manuel Azaña

 

  Desde 1934  no  había escapatoria ante la actitud totalitarista y la imposición cruel. No obstante España era presa de la incondicional degeneración del bolchevismo, instaurado en la Rusia zarista por la fuerza de las armas y la represión, como modo de imponer una dictadura del proletariado que el socialista Largo Caballero se encargó de preconizar en España.  Arrastró al PSOE junto a otras fuerzas que pretendían coaccionar la coexistencia socio política, con el fin de convertir el país en una prolongación ideológica de la maquinaria soviética.

 

   La Historia demostró, a través de sus testigos, que mienten aquellos que muestran sus afilados caninos, como los de entonces, entonando con victimismo la excusa de la defensa democrática ante el golpe del 18 de Julio contra una república frente populista ¿legitimada por las urnas? No. 

 

Fraude electoral y pucherazo. Ahora hay demostración documental de que todo ello era el bulo victimista de los que provocaron el enfrentamiento.

 

   Hoy prevalece un  romanticismo transgresor  que aboga por la imposición de la ideología y hasta de la violencia para conseguirla, remontando los años hasta el treinta y seis, con el objetivo de excusar cualquier acción conducente a la radicalización. El pretexto de  esa coacción permanente se basa en el levantamiento del 18 de julio por parte de la otra España que supuestamente arremetió contra una II República elegida mediante sufragio universal.  Una gran mentira que los propios republicanos de aquel ayer se encargan, en pleno siglo XXI,  de evidenciarla junto a la prueba de las actas.

 

   El Frente Popular fue la violencia instaurada mediante un plan de radicalización que Largo Caballero y otros exaltados se encargaron de sembrar, aduciendo que de no ganar en las urnas se iría a la contienda civil. Los tramposos, rastreros sin regla moral, fueron los que se victimizaron siendo los auténticos depredadores cruentos contra los que la otra España se defendió después de sufrir una escalada de violencia que posicionó previamente lo que serían los dos bandos enfrentados después.
 

 

   No todas las hipocresías son criminales pero sí toda criminalidad es hipócrita. Y en esa falsedad sin escrúpulos, los culpables de los desequilibrios sociales gritan a los cuatro vientos las injusticias ajenas, mientras justifican como jueces implacables los designios delictivos contra los inocentes. De ahí la intolerancia contra todo lo que no piensa como ellos y la enfermiza como malvada pretensión de atropellar a  cuantos no son de sus intolerantes agrados. Como entonces, hoy. Que haya o no una república les importa una higa, pero no que deje de haber una monarquía: con la primera están más cerca  de salirse con la suya. Que luego España plante cara es otra reincidente historia.

 

   De aquella contienda fratricida habían aprendido los españoles con la sangre y la tragedia para no repetir los mismos errores de unos y otros, hasta que parásitos de esa Historia decidieron aprovecharse y sembraron la cizaña de antaño, sacándose de la manga una memoria para desvirtuar los acontecimientos del ayer sanguinolento de un país que, hasta la llegada de Zapatero, había convivido sin resarcirse de sus rencores olvidados.
 

 

   No debemos dejarnos engañar porque nos jugamos la coexistencia pacífica: no han regresado las ideas-hay dignos pensadores y simpatizantes de izquierdas que no comulgan con la barbarie-, sino la intención dañina de jugadores de ventaja que pretenden conseguir su botín mediante el asalto al orden social. Delincuentes que buscan legitimar sus codicias  adueñándose de la voluntad de un pueblo engañado. No hay más tras el simplismo beligerante de los alborotadores y malhechores de siempre, lo disfracen de comunismo estalinista, nacionalismo o de tendencia bolivariana en el siglo XXI.

 

"Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta" Así definía Manuel Azaña a quienes se habían aliado engañosamente con la Segunda República izquierdista para buscar sus propios intereses delictivos. Intereses de botín los de entonces como los de ahora, tan perjudiciales  para cualquier sociedad civilizada.

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4 Comentarios
Fecha: Lunes, 27 de marzo de 2017 a las 16:14
Ignacio Fernández Candela
Eduardo Jorge Arcuri:
Agradezco su muy interesante comentario sobre el paralelismo de lo sucedido en Argentina respeto a España: una valiosa nación que arrastra desde entonces los perjuicios populistas del peronismo. Muy seguramente, la causa-efecto de las circunstancias socio políticas en ambos países marcó los destinos totalitarios con que culminaron los procesos de enfrentamiento.El populismo descrito pasa por ser uno de los grandes males de las sociedades que arrastran la lección mal aprendida de una historia digna de olvidar. Pero la memoria de la codicia, de la parasitación a costa de los ciudadanos, de esa política tabernaria del amiguismo, es un mal endémico por la falta de escrúpulos de distintas generaciones que no sueltan la carnaza del inmovilismo que tan buenos dividendos personales les dispensan arruinando a los pueblos que cometen la torpeza de apostar por sus demagogias.En Argentina se ha vivido un proceso de engaño que solo los argentinos pueden revertir. Lo mismo sucedió en España. Del tiempo y el pueblo dependen no cometer los mismos errores que lastran las sociedades a merced de desaprensivos que aprovechan las lagunas legales de las democracia.
Un saludo

Fecha: Lunes, 27 de marzo de 2017 a las 15:59
Ignacio Fernández Candela
Alberto Cifuentes:

Agradezco su comentario que entra en la lógica crítica y subjetiva acerca del estudio documental sobre el fraude electoral de 1936, por parte del frente populismo que fagocitó a la II República y al país entero.

Cierto es que, afortunadamente, la España del siglo XXI no guarda parecidos con la sociedad convulsa de aquellos años pre guerra civilistas, pero no menos cierta resulta la intención de algunos movimientos políticos por desenterrar los odios y las rencillas de entonces con el fin de constituir un régimen con ínfulas totalitarias atacando las tradiciones del país, la libertad de pensamiento ideológico y los cuarenta años de democracia consensuada olvidando los rencores del pasado. Esta sociedad no es como antaño, pero la intencionalidad de regresar a aquellos años tumultuosos es manifiestamente continuada, con parecidos objetivos, discursos incendiarios e instrumentos de desestabillización.

Es mi punto de vista que respeta, por supuesto, el suyo,; alabemos las excelencias de la democracia que nos permite explicarnos con distintos pareceres.

Un saludo.
Fecha: Lunes, 27 de marzo de 2017 a las 14:56
Alberto Cifuentes
El artículo me gusta; es necesario conocer la Historia basándose en escritores e historiadores honestos. Solo una objeción: las extrapolaciones que hace el articulista en referencia a la situación actual de nuestro país, están vistas desde una ideología, si se me permite la expresión, de derechas. Ni el PSOE de hoy es el de la República, ni los ciudadanos (incluyo a casi todos los políticas) tienen las mismas mentalidades, cultura, educación, etc.
Fecha: Lunes, 27 de marzo de 2017 a las 13:38
Eduardo Jorge Arcuri
Comprendo perfectamente este pesar. En Argentina se ha vivido y todavía se padecen los nocivos efectos del populismo fascista de Juan Domingo Perón. Aún después de muerto el viejo caudillo, otros perversos políticos autodenominados "peronistas", se hicieron cargo del poder y de las arcas nacionales. Todos los peronistas robaron desde el Estado y, desde ese lugar, hicieron uso de la prepotencia y la corrupción populista, sobre todo, la que dejaron los últimos dos gobiernos de los Kirchner (Néstor y su esposa Cristina) con un 29,7 % de pobres en Argentina (casi un tercio de la población) sumidos en una deuda interna descomunal. Hoy, con el gobierno de Mauricio Macri, no solo están saliendo a la luz aquellos delitos, sino que la ley está retomando el orden constitucional. Argentina es digna hija de España.

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