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Carmen Panadero Delgado
Domingo, 19 de marzo de 2017
Trajano y Adriano nacieron en Itálica —hoy Santiponce, Sevilla—

Influencia Bética en la antigua Roma

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El glorioso pasado de la Córdoba musulmana contribuyó a que fuera subestimado su pasado romano. Cuando en el año 206 a.C. fue conquistada por Roma, inició su decisivo papel en la Historia; más adelante fue refundada después del equinoccio de otoño del año 169 a.C. junto a la población turdetana precedente y sobre el castro romano anterior o cuartel de invierno con puerto fluvial.

Influencia Bética en la antigua Roma

 

Pero fue tras las guerras civiles entre Cesar y Pompeyo cuando Córdoba comienza su trascendencia en el devenir histórico. Según Plutarco, en esta ciudad sufrió Julio César su primer derrame cerebral (o ataque de epilepsia, según otros). La victoria de Cesar propició la grave destrucción y descenso demográfico de la ciudad, que había tomado partido por Pompeyo, aunque no perdió sus privilegios anteriores. Recibió entonces estatuto de colonia y convirtiose en capital de la recién creada provincia Bética tras las reformas administrativas emprendidas por Augusto, recibiendo en el 27 a.C. el título de Colonia Patricia Corduba. Es entonces cuando se inscribe a sus habitantes como miembros de la tribu Sergia, una de las 35 tribus romanas, a las que había que pertenecer como condición indispensable para poder ejercer el derecho de voto; en el año 14 a.C. se fundó su Ceca para emisión de moneda con la leyenda Colonia Patricia. Augusto la dotó hasta convertirla en la gran ciudad digna de su nuevo rango, que solo ella en Hispania poseía.

 

A lo largo de los tres primeros siglos del Imperio logró notable pujanza, debido a su función de capital. Se fundaron escuelas de alto nivel y varios entre sus ciudadanos alcanzaron la dignidad de senadores en Roma. Córdoba era el punto de origen de los correos oficiales hacia otras urbes y sede de los archivos administrativos. La construcción de la Via Augusta, que atravesaba la ciudad y unía la Bética con los restantes asentamientos hispanos dio enorme impulso al comercio de aceite, minerales y productos agrícolas. El teatro romano de Córdoba nos da idea de la auténtica dimensión que esta llegó a alcanzar; su excavación arqueológica demuestra que midió 125 m. de diámetro, y esta medida lo convierte en el mayor de toda la Europa romana _solo superado por el de la misma Roma_. Este dato prueba lo muy poblada que llegó a estar la ciudad.

 

A partir de entonces se generó un influyente grupo de presión, integrado por varias familias, emparentadas entre sí, que incidieron decisivamente en el decurso de la Historia de Roma; incluso forzaron a la elección de emperadores de su propio círculo.

 

Séneca El ViejoEl padre de Séneca, Marco Anneo Séneca el Viejo, gran conocedor de Platón, pensaba, como el filósofo griego, que el intelectual debía alcanzar puestos de poder porque el mundo progresaría sólo "cuando los sabios se conviertan en gobernantes o los gobernantes en sabios". Un ideal de buen gobierno que encarnó tal vez el emperador Marco Aurelio un siglo después. Séneca el Viejo, de familia indígena autóctona turdetana, que llegó a desempeñar el cargo de procurador romano, fue hombre de enorme cultura y talento, a quien su hijo Lucio Anneo Séneca el Filósofo, en la cumbre de su poder, ensalzó. Reconoció que no era menester la publicación de las obras de su padre para que alcanzara la gloria. Séneca el Viejo ya había logrado un puesto destacado en el ámbito cultural de Roma cuando la República agonizaba y el Imperio se anunciaba. Hombre de preclara inteligencia y excepcionales facultades, habíase distinguido ya por la elegancia de su prosa, su talento, su buen estilo y fina agudeza como crítico literario. Fue un virtuoso en retórica y un testigo excepcional de aquellos convulsos tiempos.

 

Marco Anneo Séneca el Viejo conoció y trató a todos los intelectuales de su tiempo; además, su vasta cultura, su profundo conocimiento de la Historia de Roma y su larga trayectoria vital lo capacitaron para escribir una obra histórica que debió de ser excelente, pero que por desgracia no se preservó. Debió de ser incómoda su visión crítica e independiente de los hechos históricos; por ello, los primeros emperadores procuraron silenciarla. Él mismo escribía sobre cómo la verdad era falseada y tergiversada, cómo el Imperio imponía formas autocráticas de gobierno y cómo perseguíase a los disidentes intelectuales y políticos de Roma. Muchas obras históricas de este periodo —suyas y de otros autores contemporáneos— fueron condenadas al fuego. Pero no lograron impedir la principal labor de Séneca el Viejo: la creación y dirección en Roma de un círculo de intelectuales, poetas, escritores, oradores e historiadores; un grupo de opinión y presión integrado sobre todo por cordobeses, béticos e hispanos en general y algún galo de la Narbonense, además de dos insignes romanos, Polión y Mesala.

 

Ese círculo fue ganando en influencia. Muchos fueron los cordobeses poderosos que se establecieron en Roma en tiempos de Tiberio: poetas como Sextilio Ena, oradores como Porcio Latrón, políticos de éxito como Junio Galión (hijo de Séneca el Viejo y hermano de Séneca el Filósofo), o bien hombres de negocios, entre ellos el más rico de Hispania y uno de los más ricos del Imperio: el cordobés Sexto Mario. Este influyente grupo de presión logró convertir a Séneca el Filósofo y a su sobrino el poeta Lucano en intelectuales de primera fila en la Roma del momento. Séneca, el famoso filósofo cordobés, alcanzó dignidad de cónsul y gobernó Roma en los años de minoría de edad de Nerón. Llegó a las cimas del poder, y con él todos los Anneos cordobeses, por medio de un nuevo método de ascenso, inédito hasta entonces: la cultura. Los Anneos cordobeses y su grupo optaron por una vía opuesta a la de la guerra y el prestigio militar, que había sido la usual hasta entonces: frente a la barbarie, cultura; frente a la violencia, elocuencia; frente a las armas, la palabra.

 

Séneca el filósofoSéneca el Filósofo contrapuso a la violencia un ámbito conceptual y ético: el estoicismo. Lideró una corriente disidente de una efectividad admirable frente al régimen. Pero la relevancia de su figura como político e intelectual ensombreció a los demás autores cordobeses que antes habíanle abonado el terreno para el éxito. Su mismo padre, Séneca el Viejo, había empleado toda su vida y esfuerzo en la preparación concienzuda de sus descendientes (sus tres hijos y su genial nieto Lucano) para desempeñar los más elevados papeles de dirección cultural y social en la Roma de su tiempo. Por su parte, la eminencia del nieto, Marco Anneo Lucano, queda probada por su ingente obra en tan corta vida (murió a los 26 años). Dejó escritas "Iliaca", "Saturnalia", "Silvas", la tragedia "Medea", catorce libretos de Pantomimas para baile, un escrito para su esposa Pola Argentaria y, sobre todo, su magna epopeya en diez cantos "Farsalia".

 

Es evidente que Séneca el Viejo logró su objetivo, pero la tiranía de Nerón impidió que fuera duradero.

 

Los miembros de la familia de los Anneos no fueron los únicos autores cordobeses de notable influencia en el universo sociocultural de la antigua Roma; hubo muchos más. Gracias a la obra conservada del padre de Séneca tenemos noticia de  importantes escritores, oradores, retóricos y poetas cordobeses que fueron claros precedentes de estas notables figuras y ocuparon también un lugar eminente entre la presencia cultural cordobesa en la Roma republicana y de principios del Imperio. Además de los ya citados, destacaron también otros cordobeses, como Lucio Julio Paulino, Cayo Valerio, Lucio Cornelio, etc.

 

 

Pero la influencia de la Corduba y la Bética romanas en el devenir del Imperio siguió manifestándose en los siglos que siguieron. Los grandes emperadores del siglo II, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio o bien eran originarios de la Bética, actual Andalucía, o bien estaban relacionados con ella, ya fuera por matrimonio, por adopciones, etc. Trajano y Adriano nacieron en Itálica —hoy Santiponce, Sevilla—. Marco Aurelio era oriundo de Úcubi (actual Espejo, Córdoba). Adriano facilitó el trono a Antonino Pío, que era narbonense, a condición de que adoptara a Marco Aurelio y le nombrara su sucesor. Cumplió Antonino Pío esta orden sin reparos, pues no tenía hijos varones y Marco Aurelio era sobrino suyo. Antonino estaba casado con Faustina, tía carnal de Marco Aurelio, y gracias a su matrimonio con aquella cordobesa de Espejo consiguió ser nombrado emperador de Roma.

 

puente romano

 

Adriano, uno de los mejores emperadores de la Historia, amante del arte y la cultura, había nacido en Itálica como ya avanzamos. Su familia poseía plantaciones de olivares en la actual Lora del Río (Sevilla) —próxima al límite con Córdoba— así como molinos de aceite y una fábrica de ánforas donde se envasaba ese codiciado aceite de oliva bético. Adriano tuvo familia cordobesa porque, en aquel tiempo, los linajes más importantes de la Bética estaban emparentados entre sí. Es decir, seguían desde antiguo una política de matrimonios de conveniencia que permitía tener parientes en los principales linajes béticos. Para investigar sobre la familia cordobesa del emperador Adriano es clave un documento epigráfico, testamento de un tal Dasumio, natural de Córdoba.

 

Este hombre, muy influyente y rico, fue cónsul en Asia en época de Trajano. Lucio Dasumio poseyó en Roma tierras por valor de seis millones de sestercios. Sus amigos eran todos personajes muy poderosos del mundo de la política y la cultura en época de Trajano, entre ellos Plinio y Tácito; además mantuvo excelentes relaciones con el emperador. Su testamento, escrito en el 108 d.C., es famoso por derivarse de él cuestiones jurídicas de derecho hereditario importantes para el conocimiento y análisis de determinados aspectos de la legislación romana (CIL VI 10229).

 

Según di Vita, la riquísima familia de los Domitii procedía por línea materna de la no menos rica familia cordobesa de los Dasumii. Domitius Tullus, no tuvo hijos y adoptó como tal a su sobrina, hija de su hermano Domitius Lucanus, que se llamó Domitia Lucilla; está plenamente atestiguado que ella fue la abuela materna del emperador Marco Aurelio. Según esta versión, Domitia se casó en primeras nupcias con Publio Elio Adriano, con lo que además de abuela materna de Marco Aurelio habría sido la madre del emperador Adriano. En segundas nupcias tomó por esposo a Publio Calvisio Ruso Tulio, cónsul en el 109. De este último matrimonio nació una hija en torno al año 100, a la que llamaron también Domicia y que se casó con Marco Anneo Vero, de la influyente familia de los Anneos de Úcubi (Espejo, Córdoba), padre del emperador Marco Aurelio. La boda entre Domicia y Anneo Vero y, por tanto, el nacimiento del emperador Marco Aurelio serían el resultado de la unión de dos de las familias cordobesas más importantes que conocemos, los Anneos y los Dasumios.

 

Di Vita afirma que el cognomen Áfer que llevó el emperador Adriano sería herencia de Domicio Áfer, el abuelo por adopción de Domicia Lucila, la abuela materna de Marco Aurelio. En este caso las familias Dasumia, Aelia y Ulpia estarían emparentadas por vía carnal o adoptiva y hay fuentes históricas que corroboran este parentesco. Esto es muy importante porque indica que la abuela de Marco Aurelio fue también la madre de Adriano. Adriano sería por tanto tío de Marco Aurelio y estaría emparentado con familias cordobesas. Baste decir que en la Historia Augusta se explica que el gran emperador Marco Aurelio, aunque nació en Roma, procedía de Hispania, concretamente dice ex ucubitano municipio, es decir, de la ciudad de Úcubi, que no es otra que la localidad de Espejo, en Córdoba.

 

Marco Aurelio

 

Con esta política de matrimonios, adopciones y alianzas nos encontraríamos ante una verdadera "dinastía" Bética. El influyente grupo hispano, fundamentalmente bético, que aparece en Roma desde principios del Imperio y que lideran los cordobeses Séneca el padre, Porcio Latrón o Junio Galión, tuvo continuidad con la inigualable figura de Séneca el filósofo, que dirigió el Imperio magistralmente durante los primeros años de Nerón. Los influyentes hispanos continuaron alcanzando cotas de poder en Roma e invirtiendo esfuerzo y patrimonio, especialmente durante la dinastía de los Flavios, de suerte que, a partir de Nerva, los emperadores béticos alcanzaron la cúspide del Imperio, aportando a Roma el poder militar y el talento cultural; de hecho a Marco Aurelio se le conoce como el "emperador filósofo", quizá uno de los mejores y más sabios gobernantes de la Historia.

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