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Mateo Nicolau
Domingo, 19 de marzo de 2017
sobre el guión

La Isla Mínima

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Noticia clasificada en: Cine

La Isla Mínima es un thriller ambientado en las marismas del Guadalquivir durante 1980, en plena transición española. Juan y Pedro, dos policías de Madrid apartados por diferentes motivos a esas tierras lejanas tienen que resolver el caso de dos niñas desaparecidas.

La Isla Mínima

 

Pronto descubren que las niñas han sido brutalmente asesinadas. Las posteriores investigaciones acaban encontrando a dos de los responsables de las muertes mientras que otros implicados se esconden en la sombra.

 

Puede definirse este guión como cine político porque los guionistas, Rafael Cobos y Alberto Rodríguez quieren mandar un mensaje claro: algunos crímenes perpetrados durante el tardofranquismo quedaron impunes. Esto puede verse en la trama principal, donde se sugiere que algunos personajes importantes relacionados con la justicia, como son el Juez del pueblo y los guardias civiles están encubriendo a gente, y un importante terrateniente parece haber estado implicado. Aunque sobre todo se aprecia en el personaje de Juan, personaje imprescindible para la resolución del caso, pero que también había sido un torturador a las órdenes de Franco, que incluso había matado a una mujer en una manifestación y nunca será juzgado.

 

La Isla Mínima tiene una estructura clásica en tres actos. El guión empieza con el detonante de la acción, que es la llegada de los dos policías de Madrid al pueblo de Villafranco para resolver la desaparición de unas adolescentes, Estrella y Carmen. Durante este primer acto se presentan algunos personajes como los guardias civiles, Jesús, los padres de las adolescentes, una breve insinuación de Quini, su novia Marina… pero sobre todo los dos personajes principales Juan y Pedro. En la escena 9 quedan claros los principales rasgos diferenciadores de los dos personajes: Juan es un policía de métodos moralmente dudosos, no muy entusiasta con la democracia, castigado con asignarle a ese pueblo por sacarle dinero a putas y a bares; y Pedro, honrado y fuerte defensor de la democracia, quien también ha sido castigado pero por haber criticado a un general, a quien consideraba un facha, en un periódico.

 

En este primer acto también se muestran las primeras pistas que ayudarán a resolver el caso, como son el Citröen Dyane 6 blanco donde vieron a las niñas por última vez, los negativos eróticos donde salen Carmen, Estrella, un chico con un triángulo dibujado en una mano y otro señor quien se ve borroso, o la publicidad sobre cursos de mujeres para trabajar en hoteles.

 

En la escena 24, dos cazadores que nada tienen que ver con los protagonistas descubren los cuerpos de las niñas. En la escena 25 los policías ya están donde están los cuerpos de las adolescentes, produciéndose el primer punto de giro y metiendo la historia en el segundo acto ¿Conseguirán los policías averiguar quien es el asesino? En esta escena aparecen por primera vez el Juez Andrade y Martínez, el periodista que tiene que acabar proporcionando una información muy relevante sobre Juan.

 

Durante este segundo acto se sabe que hubo otras dos chicas, Beatriz, a quien encontraron ahogada en el río y Adela, quien se fue hace cinco años para trabajar en un hotel y no volvió. Todas tenían publicidad de cursos para trabajar en hoteles y habían salido con Quini. Adela tenía una carpeta también con una pegatina de la discoteca Pamela de Málaga, una mujer con una pamela.

 

Aparece Quini poniéndole una navaja en el cuello a Pedro, mostrándose como el criminal que es desde el principio. Tiene un triángulo tatuado en una mano.

 

Se sabe que el padre de Carmen y Estrella le debía dinero a un traficante de drogas y estaba prostituyendo a sus hijas.

 

La Isla Mínima

 

Juan sigue a Quini y Marina hasta la casa del coto y allí ve a un hombre alto con un sombrero.

 

Aparece sucintamente por primera vez el guardés en la escena 70.

 

El traficante de drogas a quien el padre de las adolescentes le debe dinero dice que no ha matado a nadie. Uno de sus hombres les da la información de que el Dyane 6 blanco tenía una pegatina de una mujer igual que la que tenía Adela en su carpeta.

 

La madre de Adela les habla de un amigo que tenía su hija, un tal Sebastián, quien le regaló toallas del hotel Mediodía.

 

Pedro le pide a Martínez que averigüe quien es el hombre que sale borroso en las fotos con las adolescentes. Martínez le revela que ya sabe quien es Juan, un policía que trabajaba en La Gestapo de Franco, mató a una mujer en una manifestación.

 

Marina le confiesa a Juan que a parte de Quini participó otra persona en las orgías, no le vio la cara pero olía muy bien y tenía las manos finas. También confiesa que la noche que desaparecieron Carmen y Estrella Quini no estuvo con ella toda la noche.

 

Pedro va al hotel Mediodía donde encuentra mucha información sobre cursos de mujeres para trabajar en hoteles en la maleta de Sebastián. Averigua que está en busca y captura por agresión sexual a una menor.

 

Aparece Alfonso Corrales con un sombrero, un terrateniente. Juan le saluda, le da la mano y se la huele.

Pedro se topa con un Dyane 6 blanco por la carretera. Descubre que Marina está dentro.

 

Pedro se enfrenta al juez Andrade porque piensa que está encubriendo a gente importante. Se enfada también con Juan por no apoyarle, le hace saber que sabe lo del asesinato a la chica en la manifestación. Juan lo niega, fue un compañero.

 

Juan y Pedro escuchan una grabación del teléfono pinchado de la casa de Marina. Ésta ha quedado con quien le había engañado con un trabajo en un hotel. El número marcado era de la casa del coto.

 

En la casa del coto se produce el segundo punto de giro importante, cuando la mujer confiesa que el guardés se llama Sebastián y está en la casa abandonada del coto. Empieza el tercer acto.

 

Juan, Pedro y Jesús encuentran más evidencias en la casa abandonada, como sangre, ropa de niña, la cruz de Caravaca de Adela, la gafas de Beatriz, contratos para trabajar en el hotel Mediodía.

 

Siguen un Dyane 6 blanco hasta una estación de bombeo. Jesús, Pedro y Juan acaban heridos pero Juan consigue matar a navajazos a Sebastián y sacan a Marina del maletero.

 

La guardia civil se lleva esposado a Quini.

 

A Pedro, como recompensa, lo van a destinar a Alcobendas, cerca de su mujer.

 

Martínez no consigue averiguar quien es el hombre que sale borroso en las fotos, sólo se le adivina un reloj caro en una muñeca, pero le entrega otras fotos a Pedro donde sale Juan con una pistola en una manifestación. Le llamaban El Cuervo, torturó a más de cien personas y mató a aquella mujer en la manifestación. Pedro acaba rompiendo esas fotos y no le dice nada a Juan. Se marchan del pueblo con el caso parcialmente resuelto.

 

La Isla Mínima

 

La trama principal consiste en la investigación en sí y en la resolución parcial del caso. Cabe destacar la subtrama que trata de esclarecer quien es en realidad Juan. Es la que manda el mensaje más contundente que quieren mandar los guionistas: muchos crímenes ocurridos durante el franquismo se quedaron sin resolver durante la transición. Es decir, para que la democracia pudiera llevarse a cabo, fue necesario esconder muchos abusos perpetrados por los franquistas.

 

Los personajes protagonistas son Juan y Pedro.  

 

Pedro es el policía presuntamente más brillante, aunque no parece más listo que Juan a lo largo de la trama. Es honesto y un poco taciturno, está convencido de los valores legales y democráticos, los defiende con valor, sin embargo durante la investigación lleva a cabo algunos procedimientos menos elegantes, como permitir pinchar el teléfono en casa de Marina, quitarle la guardia civil de encima a un traficante de drogas, detener a Quini sin una autorización judicial, retorcerle el brazo a una mujer inocente o pasar por alto el pasado de su amigo.

 

Juan es el poli de dudosa moralidad. Más simpático que Pedro, se presenta desde el principio como alguien a quien la democracia le trae al pairo. Es bebedor, utiliza cualquier método para conseguir lo que quiere y es un poco violento. Al final se descubre que ha sido un torturador franquista pero durante el guión se le ha visto como alguien inteligente, valiente, que ha perseguido un objetivo noble y que ha conseguido eliminar al asesino, liberar a la chica y salvar a su compañero Pedro. Por eso, al final de la historia, Pedro asiente cuando Juan le pregunta “Todo en orden ¿no?”.

 

Quini y Sebastián son los malos. Quini, guapo y letal, es quien consigue enganchar a las chicas. Queda claro que es un facineroso desde el principio. Sebastián es el personaje misterioso que va apareciendo y se descubre al final. Un psicópata quien tortura, viola y asesina.

 

Alfonso Corrales, el juez Andrade y los guardias civiles representan a esos personajes del tardofranquismo que todavía están al servicio de una manera de proceder autoritaria, injusta y oscura.  Alfonso Corrales es el terrateniente que se aprovecha de los débiles trabajadores y que tiene tanto poder como para ser protegido por un juez. Él ha estado implicado en los crímenes pero no se sabe cómo. El juez Andrade guarda bien las apariencias democráticas pero encubre a Corrales. Los guardias civiles avisan a los pescadores cuando van a ser registrados por Pedro.

 

Cabe mencionar que, aunque los guionistas insinúan que estos personajes forman parte de un sistema hermético que encubre la verdad y protege delitos, no es algo que quede evidente.

 

Las niñas, tanto Adela, Carmen, Estrella, Beatriz como la que todavía está viva, Marina, son las víctimas. Son fiel reflejo de la esperanza truncada en una sociedad estancada, inculta, salvaje y pobre que niega la libertad y la felicidad a los más jóvenes con ganas de volar. Está especialmente bien traído que sus sueños de libertad pasaran por trabajar en un hotel, pues el turismo fue lo que salvó a España de su pobreza y su estancamiento e impulsó su modernidad.

 

Jesús es el personaje simpático de la historia. Es un pícaro con un buen fondo. Ayuda a los policías a atrapar al asesino e incluso sufre un disparo en un hombro.

 

Este no es un guión donde abunden los diálogos. Los personajes, en general, empezando por los protagonistas son parcos en palabas. En el pueblo la gente habla poco, tal y como lo hace una sociedad dominada por el miedo y el malestar. Las características dialectales propias de los personajes de la Andalucía profunda están bien conseguidos, sobretodo en Jesús.

 

El tono de este guión es el propio de un thriller con sus consiguientes momentos de tensión y misterio, giros y descubrimientos que mantienen la expectativa y el interés.  Es de especial relevancia el ambiente en el que tiene lugar la historia, casi se podría hablar de que funciona como un personaje más. Un pueblo donde abundan los recuerdos franquistas (Villafranco), las marismas donde las casas están aisladas, el ambiente es salvaje, los habitantes hoscos, incultos y pobres tienen miedo de los poderosos, legales e ilegales y domina la omertà. Todo ello confiere a la historia una atmósfera misteriosa e interesante. Escenario ideal donde pueden ocurrir crímenes que no se resuelven. 

 

Es también muy apropiado como se aprecia el momento de transición en las marismas, donde muchos trabajadores ya reivindican sus derechos.

 

 

En mi opinión, el guión de La isla Mínima, premio Goya 2014, es un trepidante y sólido thriller. No cae en giros huecos ni pistas tramposas, es sencillo y está bien construido.

 

El hecho de enmarcar la historia en las marismas del Guadalquivir es una gran idea porque ayuda a crear una atmósfera de misterio en el Far West andaluz.

 

Los personajes están bien construidos, especialmente el de Juan, más interesante aunque sólo sea por esconder un pasado vil y tener un carácter más pasional. Uno representa el franquismo y otro la democracia, y eso es muy acertado dado que se pretende hablar de los momentos difíciles y no siempre muy éticos de la transición.

 

Me parece que introduce de un modo inteligente y sutil un mensaje político que seguro hará las delicias de los espectadores más de izquierdas.

 

Hay algunas secuencias que crean una tensión muy bien conseguida, como el interrogatorio a Marina o la persecución en coche por los arrozales.

 

En general los diferentes elementos del guión están bien pensados y son necesarios para resolver las tramas aunque hay algunos aspectos que no me acaban de agradar como por ejemplo, la insinuada e inacabada relación entre Juan y Rocío, el misticismo tarotiano de Angelita que ve los muertos de Juan, las dolencias físicas de Juan que supongo que tratan de añadir profundidad al personaje pero quedan muy al aire al no estar metidas en la trama, el postureo metafórico de la relación entre los pájaros y Juan que parece que tratan de… ¿Anunciarle la libertad y la democracia?

 

El personaje de Pedro a veces resulta muy soso y no demuestra gran inteligencia pese a haber anunciado su brillantez al principio.

 

El guión tiene un parecido sorprendente con True Detective en el escenario de la historia, la atmósfera amarga y taciturna, los personajes protagonistas, los hechos ocurridos, el complot entre poderosos y autoridades en el pueblo para encubrir los asesinatos, etc…

 

Me hubiera gustado que la complicidad entre las autoridades del pueblo para encubrir la verdad de los hechos ocurridos hubiera sido más clara. Entiendo que los policías no puedan esclarecerlo, de eso va en gran parte el guión pero los espectadores sí que podríamos saberlo.

 

El descubrimiento de Sebastián podría haber sido más ingenioso.

 


 

 

 

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