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Antonio Ramos Maldonado
Domingo, 12 de marzo de 2017
En algún lugar debía de haber una copia, una imagen que debió servir de modelo para fabricarlos

¿Soy un robot? - II

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Noticia clasificada en: Narrativa

Se consideraba este principio, el de que debía de haber una copia, una imagen que debió  servir de modelo para fabricarlos, habida cuenta de que la materia prima contenía todos los componentes. ¿Pero dónde podría estar ese sitio en que se hallaba la copia que servía de modelo para la fabricación de los robots?

    La idea sobre esta figura no debía ser nueva cuando se dio el salto a fin de pasar de una figura a otra, a una de las más complejas en el sentido de que actuaban con algo de libertad.

 

     Ciertamente debía de existir la parte dirigente, la de las ideas, desde las simples hasta las más increíbles; todas las ideas, incluyendo las que no eran tenidas como ideas sino como reflejos. Si las ideas surgían de la parte más bruta o más caótica de la materia prima, se podría pensar que las posibilidades de liberar una partícula mínima, la mínima partícula o porción, eran casi imposible. Se entendía que se juntaban las cuatro entidades en la materia prima y que al final, la que ocasionaba la claridad se trasladaba a otro sitio con su cuerpo invisible, lo cual podría considerarse como la razón de todo y que la parte invisible que no producía claridad podría ser el alma del cuerpo que producía claridad. ¿Sería que, sucediera lo que fuese, se llegaba a esta condición, la de un cuerpo invisible de mayor relevancia que el que producía claridad? De manera que la liberación absoluta de la mínima porción, en este caso el robot, era casi imposible dadas las condiciones, la naturaleza, el origen. Caso contrario, la liberación suprema era infaltable al final de cuentas, sin la intervención del robot. La liberación suprema ocurría con la desconexión del robot, lo que indicaba que todo robot desconectado pasaba a convertirse en los tres últimos procesos; así no se viera, así no se vieran el fuego ni la claridad. Por esta razón se le llamaba gas al cuerpo de mayor relevancia; se le llamaba gas por la intervención del fuego; fuese con la primera muerte, fuese con la última muerte, conociéndose que con la primera muerte se continuaba con vida gracias al rebrote, al rebrote que  se daba miles de veces, hasta cuando llegaba la última muerte o desconexión definitiva.

 

    ¿Quién iba a imaginarse que el fuego era causante de muerte y causa de vida si el fuego era controlado? ¿Quién iba a pensar que el fuego contenía a los otros cuerpos, los más importantes? ¿Quién iba a imaginarse que el gas se hallaba en la materia prima?

 

     Para esto se los fabricaba, a los robots, para transformar la materia prima en gas. Esta era la definición más acertada.

 

     ¿Se hallaban todos los datos en la materia prima cuando todavía no se había procedido con la autotransformación? ¿Surgió de la nada la idea como tal o surgió de la materia bruta donde se encontraban en cantidades mínimas los otros cuerpos, los visibles y los invisibles? ¿No existiría ninguna copia o modelo robótico en ninguna parte? ¿Existiría solamente en la idea el diseño completo? ¿Desde cuándo? ¿O se comenzaría a procesar sin tenerse una idea concluyente? ¿Estaría todo el diseño robótico y los otros diseños en el fuego o estarían en las cenizas? Obviamente fue en las cenizas donde se inició la autotransformación, porque el fuego realizó el proceso anterior. Después de las cenizas surgió el agua; el gas desempeñaba una ayuda importante. ¿Será que la idea como tal era compartida entre el gas, el fuego y la claridad, para transmitirse luego a las cenizas? El fuego activaba el fuego, incluso el fuego que no se veía ni se sentía, que era el que se hallaba oculto. ¿Por qué el agua no interactuaba con el fuego? El fuego extraía la humedad de los cuerpos, el agua que contenía el sabor, ya que el fuego, al experimentar el sabor, extraía el agua; era como un gancho; se utilizaba el sabor a fin de la extracción de los líquidos. Eran sucesos que ocurrían donde quiera que hubiera fuego; no se percibía esta función, pero se daba.  Este mecanismo fuego-agua se conocía como atracción. Obviamente la radiación térmica o electromagnética se hallaba en todas partes y actuaba sobre los cuerpos en busca del sabor que proporcionaba el líquido; era lo que se conocía como fuerza atrayente. El gas que se desprendía de la interacción fuego-líquido sin sabor-claridad era lo que más ayudaba a los robots para dejar de ser robot y alcanzar un estado mayor.

 

II

 

     Los fabricantes de robots habían establecido unas normas para aquellos robots que desearan alcanzar la condición humana; para esto, debían conseguir por sus propios medios la sanación de sus ojos, la cual consistía en darse cuenta de que realmente eran robots y no algo que estaba por encima de éstos. Conseguir curarse de los ojos no era fácil.

 

     Estas normas eran tan antiguas como los primeros robots. No obstante poco habían servido pues los robots no fueron acondicionados para que las entendieran sin prepararse para ello; además, todo robot “nacía” defectuoso, por lo que muy pronto se contagiaban con las costumbres dañinas del mundo. Sin embargo estas costumbres dañinas eran necesarias a fin de que quedaran como recuerdos de las malas  acciones y del peligro que representaban. Esto en cuanto a los robots que lograban interpretar las normas, ya que la mayoría de ellos buscaba de manera torpe el remedio para sus ojos a pesar de que se la pasaban escudriñando las normas, pero sin entenderlas correctamente pues los fabricantes de robots manejaban las cosas de una manera que resultaba inaceptable para los robots, razón por la cual éstos desechaban la lectura incomprensible  y se quedaban con la que ellos creían interpretar.  De forma que un porcentaje alto del  contenido de las normas no se las consultaba. No obstante, algunos robots se consideraban maestros en interpretar estas lecturas, las consultadas, y creaban centros de enseñanza para los robots que desearan hallar la cura y, con esto, los “nuevos” ojos. Estos robots maestros adquirían grandes fortunas debido a que exigían una paga por sus servicios.

 

     A través de la historia del mundo de los robots, pocos robots habían logrado la cura, pero  de eso hacía muchísimo tiempo; tanto, que muchos robots consideraban que estas historias obedecían a engaños. De entre esta pequeña lista, aparecían unos que habían existido hacía unos dos mil años, ocho mil años después del penúltimo de la lista.

 

    De estos se decía que habían conseguido curarse después de un proceso largo de vaivenes que debieron soportar a partir del día que salieron en busca de la medicina. Se decía que no volvieron a verlos durante muchos años en su lugar de origen, pero sabían de ellos y de sus andanzas gracias a las informaciones que llegaban por medio de los robots cazadores de patos y de otros animales. Estos hablaban de que los habían visto viviendo en los pantanos, casi siempre metidos en el agua buscando peces y culebras para alimentarse. Uno de los robots cazadores dijo que habían perdido el habla y se comunicaba con gestos y sonidos guturales, sin embargo se entendían mejor con las bestias y los pájaros. Fue esta la época en que se pensó que estaban locos. Otros robots aseguraban haberlos visto en las montañas boscosas, trepados en los árboles, donde mostraban una agilidad impresionante de desplazamiento. Para entonces, ya se tenía la idea firme de que eran robots salvajes, que presentaban peligro en caso de que se acercaran a los poblados.

 

     No obstante, treinta años después, aparecieron en su pueblo y volvieron a sus actividades del pasado, la agricultura (Continúa).

 

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