Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Ricardo Fernández Esteban
Domingo, 12 de marzo de 2017

Los encabalgamientos versales

Guardar en Mis Noticias.
Noticia clasificada en: Poesía

Los encabalgamientos son desajustes entre las pausas versales y las sintácticas

En los pasados artículos he hablado de los elementos básicos de la métrica: el ritmo, la longitud silábica y la rima final (o su ausencia). Con estos elementos, y respetando la sintaxis de las oraciones, se construyen los versos que son las unidades que conforman una estrofa; y la suma de estrofas, si hay más de una, da lugar a un poema completo. Los versos, y aún más las estrofas, están separados por pausas versales que deberían acomodarse a las estructuras sintácticas.

 

Sirva como ejemplo la primera estrofa del poema “Adelfos” de Manuel Machado:

 

Yo, soy como las gentes que a mi tierra vinieron

-soy de la raza mora, vieja amiga del Sol-,

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.

Tengo el alma de nardo del árabe español.

 

Se trata de una estrofa de versos alejandrinos (14 = 7+7 sílabas) constituidos por dos hemistiquios separados por una pequeña pausa interna llamada cesura y con rimas alternas consonantes (que se denomina Serventesio). Los versos de esta estrofa respetan la sintaxis de lo expresado y aconsejan en el recitado pausas versales al final del verso y más leves en los hemistiquios. Si continuásemos el poema observaríamos que las pausas estróficas son más acusadas y similares a los puntos y apartes de un escrito en prosa.

 

Los encabalgamientos constituyen una excepción a lo dicho anteriormente, al ser desajustes entre las pausas versales y las sintácticas, por lo que hay que escoger qué pausa se efectúa al recitar. En general, si escogemos la pausa sintáctica y diluimos las pausas de la estructura de los versos, ha de ser porque existen otros elementos que mantienen el formato del poema, tales como la rima o una clara estructura basada en la longitud y ritmo del verso.

 

Antonio Quilis, uno de los mejores tratadistas métricos, define el “sirrema” como “la agrupación de dos o más palabras que constituyen unidad gramatical perfecta, unidad tonal, unidad de sentido, y que además forman la unidad sintáctica intermedia entre la palabra y la frase.” La ruptura del “sirrema” entre dos versos consecutivos es lo que daría lugar a un encabalgamiento. Se denomina “verso encabalgante” al primero de ellos y “verso encabalgado” al segundo. Cuando en este segundo verso el encabalgamiento ocupa menos de cinco sílabas sería “abrupto” y si ocupa más, o todo el verso, sería “suave”.

 

Quilis cita los “sirremas” típicos del español:

sustantivo y adjetivo: la casa blanca

sustantivo + complemento de nombre: la casa de Juan

verbo + adverbio: vive bien

tiempos verbales compuestos: él había vivido

perífrasis verbales: tenía que venir

palabras con complemento preposicional: salir con Juan

oraciones adjetivas especificativas: los alumnos que han estudiado aprobarán

pronombre átono, preposición, conjunción o artículo con su elemento siguiente:

lo siguió; por casa; aunque vino; la casa.

 

Veamos algunos ejemplos:

 

La muerte es un suplicio

banal, si se compara

con este andar a tientas

tras una sombra vaga. (Nicolás Guillén)

 

En la estrofa hay un encabalgamiento abrupto, porque se divide entre dos versos el “sirrema” (artículo + sustantivo + adjetivo) “un suplicio / banal” con sólo dos sílabas en el encabalgado. Al tratarse de versos heptasílabos y con rima asonante en los pares a-a, se diluye algo esta ruptura sintáctica y yo recomendaría mantener una ligera pausa versal.

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales. (Antonio Machado)

 

Hay un primer encabalgamiento abrupto (artículo + sustantivo + adjetivos + complemento de nombre) “Una tarde parda y fría / de invierno” con tres sílabas en el encabalgado. Luego un encabalgamiento suave: “Monotonía / de la lluvia en los cristales” ya que ocupa todo el verso encabalgado. Dado que son versos octosílabos con rima alternada consonante, esa fuerte estructura de metro y rima hace que el verso pueda recitarse casi de corrido, con levísimas pausas versales que permiten la coherencia sintáctica de las oraciones.

 

Luz de mis ojos, yo juré que había

de celebrar una mortal belleza,

que de mi verde edad la fortaleza

como ensalzada yedra consumía. (Lope de Vega)

 

En este caso “que había / de celebrar” es un encabalgamiento abrupto, pero la existencia del complemento posterior “una mortal belleza” lo rebaja y le da más suavidad. Así mismo, la estructura de endecasílabos y la rima abrazada consonante da solidez a la estrofa.

 

También puede hablarse de encabalgamientos entre hemistiquios como en estos versos de Ruben Darío:

 

Era un aire suave, de pausados giros;

El hada Harmonía ritmaba sus vuelos;

e iban frases vagas y tenues suspiros

entre los sollozos de los violoncelos.

 

Son versos dodecasílabos compuestos (6 + 6) y en el último se rompe el “sirrema” del nombre y su complemento “entre los sollozos / de los violoncelos”. En este caso el encabalgamiento es muy leve al ocupar todo el hemistiquio y, a mi entender permite la leve cesura. Rubén tiene otros versos alejandrinos con encabalgamientos más abruptos que veremos en un ejemplo de un artículo posterior.

 

En los versos de estructura más libre los encabalgamientos son de más difícil aceptación práctica en el recitado y muchas veces tienen sólo una función estética de presentación del poema. Sirva de ejemplo este inicio de un poema de J. Rodríguez Marcos:

 

Recuerda el paraíso. Era un lugar sin agua

caliente. Una cortina

partía en dos la casa (el horno de carbón

a este lado —sin funcionar—

y al otro aquel televisor en blanco y negro)

 

Se hace difícil recitar los dos primeros versos ya que el sirrema “sin agua caliente” se ha de pronunciar continuo y la estructura versal, tal como se presenta, solo tiene un leve soporte de versos impares de 7, 9 y 5 sílabas que no es suficiente para dar consistencia a ese encabalgamiento abrupto.

 

En resumen, hay que tratar con prudencia los encabalgamientos, sobre todo los abruptos, y deben estar sostenidos por la estructura métrica del poema (longitud, ritmo y rima). Bien tratados estos encabalgamientos puede quitar monotonía a las estructuras versales muy rígidas. Los que se efectúan en poemas de verso libre son  más difíciles de aceptar en el recitado por la carencia de la mencionada estructura de soporte.

 

Ricardo Fernández Esteban

Todas las entradas de “Vamos a hablar de métrica”


 

Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress