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Redacción
Domingo, 12 de marzo de 2017
el humor es una cosa muy seria

Wodehouse contra la amargura moderna

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Noticia clasificada en: Crítica literaria

La risa moderna se caracteriza por ser cínica y déspota, con algo más de odio que de alegría, y por  ser algo forzosa, como si el que la estampa en su rostro quisiera con ello demostrar que ya no es un niño. Cuanto peor suenen las palabras, cuanto más maleducadas, tanto mejor.

   El mundo moderno está convencido de poseer más humor que cualquier otra época en la historia de la humanidad, ¿pero es realmente así? Un niño puede estar convencido de que se divierte más cuando llega a tener la edad para decir palabrotas sin que le ragañen por eso, pero un observador imparcial observará que es precisamente la edad en la que comienza a no divertirse. Así sucede con el humor moderno. Está tan ocupado con la transgresión, la acritud, la provocación, y la crítica política y religiosa, que se ha olvidado de algo esencial: hacer reír.

 

   La risa moderna se caracteriza por ser cínica y déspota, con algo más de odio que de alegría, y por  ser algo forzosa, como si el que la estampa en su rostro quisiera con ello demostrar que ya no es un niño. Cuanto peor suenen las palabras, cuanto más maleducadas, tanto mejor.

 

Exactamente como el niño que quiere demostrar con ello que ya no es un niño. El mundo moderno rie así de mal, así de triste; no puede reir como un niño, pero tampoco como un adulto. Fruto de esta impotencia, se dedica a hacer una mueca que resulta algo confusa, como cuando no sabemos si un actor está llorando o riendo en pantalla. Casi siempre está llorando.

 

P.G. Wodehouse   P.G. Wodehouse se sacrificó por el humor. Algunos han observado, y estoy de acuerdo con ello, que si hubiera puesto su prosa al servicio de otro tipo de literatura habría sido recordado entre los grandes escritores ingleses de la historia. Pero cometió el error, para algunos imperdonable, de querer hacer reír a la gente. He leído críticas en las que se califica a sus libros como "ligeros", en el sentido de intrascendentes. Esas críticas suelen provenir de personas que después se atreven a decir cosas como que «el humor es una cosa muy seria» y otras paradojas por el estilo. Pero cuando alguien se atreve a ser realmente un humorista, y hacerlo con una prosa brillante y técnicamente perfecta, resulta que acusan al autor de no escribir cosas más serias. Cierto: Wodehouse no escribía novelas rusas sobre personajes siempre al borde del suicidio, en una crisis existencial angustiosa; tampoco se interesó por intrincadas novelas psicológicas, ni escribió una novela histórica recreando la crudeza de la guerra; no se propuso ser polémico a la fuerza, describiendo escenas obscenas o satirizando situaciones políticas. Escribió sobre criados sacando de apuros a sus señores, clubs de zánganos con problemas triviales, condes que no soportan a sus hermanas y jardineros, tíos que meten en líos a sus sobrinos, tías insoportables a las que se intenta evitar, noviazgos amenazados por malentendidos, etc. Y todo ello en una atmósfera edénica, pura, donde la violencia y el sexo brillan por su ausencia. Si esa es la acusación contra Wodehouse, es culpable. Pero si esa acusación pretende llevar implícita la idea de que fue un escritor menor, debe ser rechazada categóricamente, sin objeciones. Y si alguien nos dice que sobre gustos no hay nada escrito, tendremos que responderle, con Julio Camba, que ya va siendo hora de que alguien escriba algo.

 

   Las historias del genial ayudante de cámara Jeeves y su señor Bertie Wooster no sólo contienen eso que el mundo moderno rechaza mientras asegura poseer, sino que contiene una prosa por cuya perfección estarían muchos escritores de libros solemnes, "modernos" e intelectuales, dispuestos a donar un órgano o dejar de saludar a su madre. Hay quien no reconocería una frase de Shakespeare en el prospecto de un medicamento, y es el mismo tipo de persona que no reconoce a un gran escritor cuando sus libros no responden a su idea sobre la solemnidad de la literatura. Mientras algunos le reprochan escribir tan bien y con tanto humor sobre temas tan poco graves, otros le estaremos eternamente agradecidos por tomarse el humor con humor, y por haber reconciliado la risa con la buena escritura. Muy bien, Wodehouse.


 

 

 

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Alonso Pinto Molina
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