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Ignacio Fernández Candela
Viernes, 10 de marzo de 2017
Trece años después.

11-M oscurantista e irresuelto

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Una vicisitud oscurantista. Una más, de la dolorosa historia de España en esta democracia manipulada por hilos invisibles que disponen la tragedia y su ocultamiento con el libre albedrío de una profunda corrupción a espaldas de los más que engañados ciudadanos.

11-M oscurantista e irresuelto

 

       Durante  el año 2004 y siguientes me impliqué en la investigación del 11-M desde un blog  con más de cien mil lectores únicos-firmado con seudónimo-que fue en su momento una referencia obligada para entender cuanto estaba sucediendo acerca de la matanza y sus posteriores consecuencias socio-políticas. Entonces formaba parte de un foro influyente y muy determinante  denominado Los Monclovitas .

 

    Otros  convirtieron las investigaciones periodísticas en un circo de intereses propios y un mercantilismo execrable, sacando partido de la tragedia, que  finalmente pasó factura a la credibilidad moral de los que empuñaban los micrófonos y escribían en los periódicos para hacer caja. Tristemente pasó al olvido público la resistencia contra una versión oficial  plagada de falsedades.

 

   Aún con los últimos coletazos del zapaterismo en el año 2009 publiqué un libro intitulado: La afilada navaja de Ockham II. Usar el sentido común ante la evidencia criminal.  Una obra examinada por miles de lectores que sigue en boga y forma parte de numerosos listados con referencia a aquel día aciago  en la memoria desangelada de España. De haberlo titulado 11-M, usar el sentido común ante la evidencia criminal, su impacto editorial habría sido mayor pero pagué la novatada del segundo libro que publicaba sin un consejo serio y  profesional de editores que miraran más allá de la ganancia inmediata. Porque ese título que no fue, directo y sin ambages, resumía la realidad de lo acontecido según la premisa de que ante varias hipótesis la más sencilla es la verdadera. Y según esto con un despliegue de reflexiones ceñidas a la realidad, atinadas y lógicas sobre lo acontecido, había que preguntarse sobre quiénes eran los beneficiados de esta desalmada matanza. Cui prodest scelus, is fecit.

 

  La primera consecuencia del  11-M fue una tensión social que justificó la radicalización política. Fructificó el pretexto en el alevoso Pacto de Tinell  y el llamado cordón sanitario contra un  Partido Popular que hasta entonces parecía digno incluso para sus propios votantes.

 

  El tiempo corroboró que Zapatero, ETA, el nacionalismo latente que se trasformó en crónico; medios de comunicación y lobbies en las sombras fueron los que sacaron tajada de un crimen que en sus posteriores investigaciones estuvo cuajado de inexactitudes evidentes, chivos expiatorios, falsas pruebas y testigos, declaraciones públicas basadas en la mentira rastrera; chapuzas manipuladas y prevaricaciones de jueces que supeditaron vergonzosas sentencias al estímulo y la coacción de un gobierno sospechoso de muchos amaños, muy pendiente de las resoluciones en lo que resultó un macro juicio como lavado de cara y blanqueo de circunstancias que iniciaron sus retorcidos despropósitos cuando fueron destruidos, a los dos días de perpetrarse la masacre, los vagones de la muerte conculcando la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Asimismo desaparecieron los objetos personales y enseres de las víctimas con el deliberado propósito  de que no se pudiera investigar el tipo de explosivo usado que muchos expertos militares –al ver los efectos en las fotografías-achacaron al de tipo C4.

 

   Se dio por cierta la versión de que estalló Goma 2 Eco cuando se probó la existencia de Tytadine e, incluso por las pruebas periciales, la existencia de otro tipo de explosivo. Inaudita por absurda pero dada por veraz fue la mochila encontrada en la Comisaría de Vallecas con el móvil con tarjeta que fue la excusa para efectuar las redadas y detenciones de numerosos sospechosos que después quedaron en libertad sin cargos. Por no mencionar como torpeza criminal cargar de tornillería aquella mochila cuando en ningún cuerpo de las víctimas fue encontrada esa metralla, o la aparición de la furgoneta Kangoo inspeccionada por perros sin encontrar nada y que, después de su paso por la Comisaría de Canillas, da lugar al descubrimiento con-milagro será- todas las pruebas que implicaban  los supuestos islamistas; los que después se suicidaron encontrando a uno de ellos con los pantalones puestos al revés en un piso pared con pared a la casa de un experto en escuchas policiales. O la aparición súbita de un Skoda para refutar que todos los terroristas no entraban en la Renault Kangoo. Prueba que se demostró falsa pero que el juez Bermúdez no se molestó en saber quién estaba interesado en poner otra prueba falsa y con qué fin. Y así, demostradamente, una tras otra.

 

   El mismo Zapatero parecía saber previamente,  durante la comparecencia de la comisión de investigación-el paripé público para afianzar las confusiones y justificar al islamismo como autor del acto terrorista-, la importancia de indagar sobre el explosivo utilizado, toda vez que tiempo después se intentaron lavar las trazas con agua y acetona incluso en el laboratorio donde se encontraban. Los mismos investigadores se llamaron a sorpresa cuando descubrieron el gran engaño, estupefactos y escandalizados,  al examinar algunas pruebas con un insospechado tipo de explosivo que echaba abajo la versión oficial y con ello la supuesta autoría de islamistas.

 

 

   La trama fue compleja por superponerse varias vías conducentes al posterior 11-M. Un plan perpetrado con anterioridad que conllevaba una maniobra de confusión y que en paralelo apuntaba a un intento de ETA por atentar contra una estación de tren en Madrid además de transportar media tonelada de explosivos incautada en una furgoneta accidentada que facilitó la detención de etarras sin que ofrecieran ninguna resistencia. Un cebo nada casual que alertaba sobre un posible macro atentado en espacios ferroviarios. En tanto, simultáneamente, ese mismo día los otros de la trama, supuestamente islamista, transportaban explosivos procedentes Mina Conchita. Confidentes de la Policía, para más inri. Un coche lanzadera y otro con explosivos que a pesar de ser parados por la Guardia Civil siguieron su camino sin obstaculizaciones.

 

  Casualidades no existen. Tampoco maestría en un demoniaco plan de chapuceros que fueron cambiando las manipulaciones de forma improvisada y exponencialmente torpe, pero al amparo de una influencia mayor que solapó el descaro incluso con rúbrica de sentencia judicial.

 

   Una vicisitud oscurantista, una más,  de la dolorida Historia de España en esta democracia manipulada por hilos invisibles que disponen la tragedia y su ocultamiento con el libre albedrío de una profunda corrupción a espaldas de los más que engañados ciudadanos.

 

   En esta España es fácil comprender su presente cuando se revisan los exordios oscuros del 2004 que han devengado tiempos de desorden y el reverdecimiento de los rencores guerra civilistas que hasta la llegada de ZP estaban olvidados por la mayor parte de los españoles. No existe la casualidad en la resurrección de los odios ni en la deriva secesionista. No fue fruto de la crisis el profundo hundimiento económico del país, ni los drásticos cambios de recorte de libertades contra los ciudadanos.  La victoria del terrorismo contra sus víctimas tampoco corresponde a un espontáneo devenir de negociaciones sino a una planificación orquestada desde las sombras con reuniones secretas que  desembocó en la masacre del 11-M que marcó el gobierno de Zapatero y con él un declive propiciado contra el equilibrio institucional y económico.

 

   Solo el desinterés y la indiferencia permiten que los canallas se salgan con la suya. España está dominada por el relativismo moral y el engaño de las sombras que realmente nos dirigen influyendo con el temor y la coacción sobre los dirigentes políticos y los jueces. No hay democracia limpia ni libertad sin subterfugios. No existe justicia terrena que damnifique a las víctimas, pero seguro que hay una que espera a los confiados depredadores del alma que sonríen por el plan maestro de sus malignidades. Deberían tener terror por la siembra de sus obras temporales.

 

   A esos les aguardan las ratas del infierno para devorarles las entrañas sin descanso y con la misma saña que mataron a 194 inocentes, justificándose tras las razones de un poder infecto que terminará despedazándoles allá donde sus espíritus diabólicos acaben. Malditos sean por siempre jamás.

 

   Millones de españoles no olvidan ni perdonan.

 

Trailer sonoro de LA AFILADA NAVAJA DE OCKHAM II


 

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