Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Carmen Teijeiro González
Jueves, 2 de marzo de 2017
CHAMUYO POÉTICO (PURO VERSO)

Verónica Boletta

Guardar en Mis Noticias.
Noticia clasificada en: Crítica literaria

Verónica Boletta es una escritora argentina (Santiago de Estero, 1970) que acaba de publicar su primer poemario bajo el sello editorial Peces de Ciudad. Éste lleva por título Chamuyo poético (puro verso) y reverencia al lector oculto tras unas tapas de color entre rojizo y asalmonado.

[Img #8259]Cuando lo recibes piensas que un libro de esta poeta no podía vestirse sino de encarnado, pues ella es torrente y pasión concentrada sin atavíos de recato. Los versos se suceden como flechas de bravura ante los ojos del lector, certeros a la sensibilidad inconmensurable del ser genial que los impregnó vibrantes de íntima elocuencia.

 

Pero sus balas alcanzan también la ternura, el coloquio con musas invisibles, la reanudación de su inspiración, metalírica, libertad con manos llenas, sensualidad y sexualidad. De sueños y láminas candentes figuran sus páginas, que centellean como el fuego perenne de su autora.

 

Leí acerca del término chamuyo, pues no es vocablo acostumbrado en habla hispana. Forma parte del argot lunfardo argentino, al parecer, y dicta un susurro de seducción o la conversación intrascendente que llena los huecos silenciados. Intuyo que Boletta se decanta por el primer significado para bautizar a su primer poemario, pues de intimidad pura se pinta el rostro de su identidad literaria.

 

Se inicia desatada, pero precisa. Verónica llora dardos de poesía. Educa al verso mismo en brevedad, en exagerada aglutinación de multitud de nociones y sentidos. El truco consiste en dejar sin palabras por la tromba de despertares que ella convoca, pero con la maestría de prestarse parca al sustantivo. De modo que cabe la infinita interpretación y, lo más valioso, cada lector hará suyo el poema que recorre su mirada y que abastece atinando hasta la piel.

 

Más: piensas tras leerla. ¿Cómo concentra lo más relevante del mundo en estrategia de silencio? Empiezas a descifrar el chamuyo poético sin necesidad de preámbulo, pues ella hasta se permite el lujo de ejercitar reflexión y pausa en lo acelerado. Calma entre prisa. Paradójica, insólita, con una destreza que envenena y embelesa. Se contradice y, confiesa, ama los contrastes. No leo otra cosa que densidades en vacío, lo insondable bien atado y toda la sapiencia derramada como por casualidad y sin aparente esfuerzo.

 

Debate, pulso, tensión punzante en lo que ella quiere decirte. Porque, con la inspiración de su mano, cuenta lo que quiere en albedrío soberano.

 

Se divierte con el verso libre y se permite jugar con las formas que insinúa su dote artística. Es difícil no caer rendida a las siluetas que va tejiendo con soltura y que dejan entrever una sacudida a modo de coda. Escribiría que Boletta se siente adictiva en aquello que tan bien maneja: su lenguaje, su delicadeza brusca, su sostenido fluir de ingenio e incomprensible desnudo de emociones que todo el tiempo pronostica acertando.

 

Aparte del lenguaje paradójico, Verónica Boletta regresa una y otra vez al sexo y a la tristeza. A los vericuetos de sus lexemas, a sus piruetas estilísticas. Como si quisiera tornar indisociable lo dulce de lo amargo, a veces entremezcla. Y casi siempre logra un viaje extraño y espontáneo.

 

Deduces la compasión en sus terrenos y recorres los campos fértiles de imaginaciones que la poeta siembra justo donde conviene hacerlo para no ser como el resto. Para diferenciarse y destacar, aunque no la propulsase tal pretensión.

 

Una libertad la va guiando entre sensualidad efervescente, rayo de violencia, la mansedumbre de perder o estar perdida, las metáforas, lo malsonante que tan bien suena de su boca, de su pluma indomable.

 

La poeta se entretiene en su estilo propio y danza con las palabras como una bailarina que ya no compite, sino que por placer baila. Y baila.

 

Leer Chamuyo poético (puro verso) constituye un deleite para los sentidos, un desafío a la inteligencia, una invitación al amor, una ardiente fantasía consumada, un apetito por desentrañar lejos u hondo – a elección del lector –, un colapso torneado con letras, un estallido de mimo, un galimatías con sentido propio, un disfrute por entero.

 

Palpamos de un don, su regalo: néctar sugerido.

 

¿Quién despeina el cielo?

 

Cada nube precipitará en tierra sus gotas

como derramas en mí

todas tus letras.


COMPRAR LIBRO

Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios. Acceda desde aquí para comentar como usuario registrado. Ser usuario registrado tiene muchas ventajas. Una de ellas es la posibilidad de guardar sus noticias y comentarios.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Las nueve musas
Las nueve musas • Política de Privacidad
© 2017 • Todos los derechos reservados - ISSN 2387-0923
Powered by FolioePress