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Juan José Fermín Pérez
Jueves, 23 de febrero de 2017
Publicidad en el siglo XIX

Drogas (II)

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A grandes males, grandes remedios. Este refrán, tan rancio como la ideología de Marine Le Pen, puede aplicarse a la farmacopea del siglo XIX. Lo veíamos en el artículo de la semana pasada, y lo confirmaremos en éste. Después de haber probado –intelectualmente, señor agente. Guarde usted esas esposas– la marihuana, la heroína y el opio, nos queda hablar de la coca.

Las hojas de kuka, como la llamaban los quechuas, se han utilizado desde tiempos prehistóricos por sus propiedades estimulantes y analgésicas. Llegaron a Europa de mano de los conquistadores españoles, si bien no llamaron la atención hasta mediados del siglo XIX. En 1859, un químico alemán llamado Niemann, extrajo el alcaloide de las hojas de kuka para crear un compuesto que denominó cocaína. Los profesionales empezaron a probarla, todo por la ciencia, con mucho entusiasmo. Podemos leer la opinión de uno de ellos, que no quiso revelar su nombre, vaya usted a saber el motivo, en el periódico El imparcial, de 3 de Abril de 1876:

 

“Los efectos fisiológicos de las hojas de coca se revelan por el altísimo grado de vitalidad intelectual y física que producen: los ojos brillan […], la memoria aumenta, el entendimiento penetra arduos y difíciles problemas […], todos los miembros del cuerpo adquieren extremado vigor, así como energía y fuerzas incalculables. Nunca he llegado a mi noticia que el tomar coca produzca la muerte sino, al contrario, resulta que viven hasta avanzada edad cuantos consumen esas hojas”

 

Luego, el periódico añade:

 

Otro médico enumera casos sin esperanza de héticos, paralíticos, ciegos de gota serena, enfermos del corazón […] sanar radical y rápidamente,  tomando ya las hojas de coca, ya su principio activo: la cocaína

 

Parece un texto patrocinado por un cartel colombiano, pero recordemos cuándo se escribió: en 1876. Ese año, Toro Sentado y Caballo Loco le pegaron una patada en el culo a las tropas del general Custer, mientras Wyatt Earp estrenaba su placa de sheriff en la ciudad de Dodge City. En España, se dan por finalizadas las Guerras Carlistas, y Cánovas del Castillo pone su firma en una nueva Constitución. ¿Nos vamos situando?

 

[Img #8218]

 

 

En esos años, la coca se antoja la panacea universal. Sin embargo, la revista El Genio Quirúrgico, de 30 de Noviembre de 1864, nos aconseja evitar determinadas prácticas:

 

 

[Img #8219]

 

El Genio Quirúrgico era una publicación seria, orientada a profesionales de la medicina. Por lo tanto no estaba de guasa. Sí, en 1864, había tipos que usaban la cocaína como sebo. Pero no cerremos esa revista todavía. En la misma página encontramos otro recorte relacionado con la coca:

 

[Img #8220]

 

Ojito a esta noticia. Se redactó sólo cinco años después de haberse sintetizado la cocaína por primera vez. Por lo tanto, puede que se trate del primer caso documentado de sobredosis de coca de la Historia. De todas maneras, el texto me parece tan fiable como las predicciones de Sandro Rey. No soy médico, pero si no ha hecho la mili en Ceuta ni ha nacido en el País Vasco, dudo yo que un señor pueda sobrevivir a la ingesta de veinticinco gramos de coca. Pero quién sabe.

 

La cocaína se utilizaba para tratar los síntomas de numerosas enfermedades, como las de garganta, las del estómago e, incluso, para aliviar el dolor de los nuevos dientes a los recién nacidos. Aquí tenemos varios anuncios como ejemplo:

 

[Img #8221]

 La Época, 13 de Enero de 1889 

 

[Img #8222]

 Semanario farmacéutico, 28 de Agosto de 1887 

 

 

[Img #8223]

 Anuario Riera, 1901 

 

Pero la cocaína no sólo se emplea como analgésico. También se aprovecha sus propiedades estimulantes. Muchas veces, en combinación con kola, el extracto de una nuez que contiene cafeína. Coca y cola: ¿sabemos ya por dónde van los tiros?

 

John Stith Pemberton fue un farmacéutico estadounidense, nacido en 1831. Participó en la Guerra Civil, y recibió una fea herida de sable. Los médicos le trataron con morfina y le devolvieron a casa con un cuelgue tan gordo como el todos los protagonistas de Trainspotting. Deseando quitarse a ese King Kong de la espalda, Pemberton decidió crear una bebida que le sirviera de ayuda. Mezclando alcohol y cocaína creó una bebida llamada   Pemberton's French Wine Coca.

 

[Img #8224]

  Macon beacon (EEUU), 24 de Marzo de 1888 

 

En 1886, Pemberton eliminó el contenido alcohólico –cocaína vale y pase, le dijeron las autoridades. Pero el alcohol es cosa del Demonio–, y usó sirope, al que añadió nuez de kola. Así nació la bebida que todos conocemos: gracias a un caballero que no sabía que escapaba de Guatemala para meterse en Guatepeor. No sólo empeoró su dependencia a las drogas. Para mantenerse a flote, tuvo que vender los derechos de su nueva bebida. Moriría de cáncer de estómago, en 1888, sin sospechar los millonarios beneficios que generaría la Coca Cola.

 

En el primer anuncio que apareció en la prensa, se decía: “Pregunte a su vecino qué ha curado su dolor de cabeza y le responderá Coca Cola, pues ha curado más de cincuenta casos sin fallar en una sola ocasión.”

 

[Img #8225]

 The Memphis appeal (EEUU), 15 de Junio de 1887 

 

Sin embargo, Permberton no fue el primero que tuvo la ocurrencia de mezclar alcohol y cocaína. En España ya se fabricaban bebidas similares, como demuestra este recorte de El siglo futuro, de 9 de Diciembre de 1880:

 

[Img #8226]

 

O éste otro, del periódico La Unión, de 27 de Mayo de 1887:

 

[Img #8227]

 

Hay más. En 1880, tres socios fundaron una destilería en Aielo de Malferit, un pueblo de Valencia. Presentaron sus licores en diversos certámenes y exposiciones, consiguiendo bastantes premios. En 1885, un año antes de que Pemberton le cambiara el nombre a su French Wine Coca, los valencianos daban en conocer la siguiente bebida en el Certamen de Filadelfia, en Estados Unidos:

 

[Img #8228]

  Publicidad de 1904, aproximadamente 

 

No seamos malpensados. Las bebidas de coca y cola eran bastantes comunes en aquella época, y no parece sospechoso que aparecieran productos con nombres muy similares. Sí es cierto que en España nos falló la visión empresarial que sí tuvieron los estadounidenses. Por eso ellos son la primera potencia del mundo, mientras que nosotros vamos ya por la decimoséptima temporada de Gran Hermano, sin contar las ediciones VIP. También es verdad que no hemos votado a un tipo como Donald Trump, y eso equilibra la balanza.

 

Por cierto. Cuando Coca Cola desembarcó en España, en 1952, descubrió que no podía registrar su marca, porque se parecía demasiado a la Kola Coca valenciana. Los norteamericanos decidieron acercarse hasta Aeilo de Malferit, y comprar los derechos de la marca por treinta mil pesetillas.

 

El licor de nuez de kola, por cierto, se sigue fabricando. Sin coca, claro.

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