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Ignacio Fernández Candela
Domingo, 19 de febrero de 2017
Miserables todos

España se nos va de las manos

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La mayoría de los problemas que asuelan nuestro país podrían ser abordados más allá de la complejidad del discurso político, o la estupidez de los que lo esgrimen, con un mínimo sentido común.

Pero la coherencia en el sencillo discurrir parece haberse boicoteado con esa oleada masiva de engendros que hoy pululan sin sentido del ridículo, con carencia de formación intelectual y graves fallas del sentido de equilibrio mental inherente a una moral estrambótica, cínica y sectaria.
 

Ocurre con los que se oponen al orden establecido por sistema creando corrientes antisistema, con los que reivindican fanáticamente  el aborto, matar seres inocentes por derecho social, con los que reivindican las democracias venezolanas o cubanas;  persiguen la abolición de costumbres y tradiciones hondamente arraigadas en el concepto de la libertad que unió a los españoles con una Carta Magna que funcionó, milagro,  durante cuarenta años, o pretenden una independencia que la mayoría de una población, aburrida y desgastada, aborrece hasta el hartazgo.
 

Con sentido común se perciben las excrecencias racionales que conlleva el pensamiento único y delimitado de cuantos ejercen inteligencia bajo mínimos, ausentes de la realidad que desdeñan, normalmente anclados en supuestos sociales y políticos que han rendido todo tipo de miserias y problemas de dimensiones históricas. Son la anormalidad de una sociedad que aspira a vivir en convivencia de consenso. Son así, en esa sutil hipocresía que los amalgama en torno a una justicia social extraña y beligerante que pretende romper la estructura de convivencia para imponer criterios totalitarios bajo la premisa falaz de la libertad. Siempre han existido como minorías anecdóticas pero ahora se han convertido en una secreción insana que amenaza el futuro de todos los ciudadanos.

 

España es un país maravilloso de tierras pobladas por malnacidos de todos los colores políticos.

 

Los pedazos de territorio no hablan, desgraciadamente quienes los habitan sí. La idea política que se profesa importa poco para determinar el desastre conjunto siendo todos de la misma esencia pútrida. Va con este excelente país convertido en basura del siglo XXI por sus políticos, chusma desbordante que lastra al resto. Recelosos por mediocridad, cretinos, mezquinos, mediocres de mierda, envidiosos, la fauna política va a por lo suyo reivindicando embusteras consignas cívicas.

 

Los politicastros de nueva hornada —tan vieja como el estalinismo que a nadie engaña ya— se quejan de vicio porque no se soportan si no es en el protagonismo de sus vulgares identidades. El submundo social accede a la cúpula del poder y todo se hunde.  No nos engañemos, tenemos lo que merece un país sensacional poblado por hipócritas que venden muy cara cualquier aprobación de actitudes o luchas por lo que supuestamente interesa a todos. Los que callan pudiendo decir algo merecen la basura que se engendra con absoluto desprecio de la integridad, de la dignidad, del honor, de la incapacidad de ser honestos siendo todos un cúmulo de gentuza que mira egoístamente importando un pito lo plural a no ser que convenga en el interés personal, pues entonces se vuelcan con falsedad solidaria a ver si se pilla del pastel de lo influyente... o del contribuyente.

 

 Bazofias. En España ha nacido mucho soplagaitas y gilipollas que han seguido los pasos desintegradores  de Zapatero —la estafa de Bankia es responsabilidad suya con  un Banco de España sumiso a las órdenes gubernamentales que entramparon a 300.000 inversores— y compañía y que lo harían en cualquier situación con tal de succionar parasitariamente con la excusa de la lucha social. Rajoy pudo impedir mucho pero las vueltas de campana, en coche y helicóptero,  parece que lo aturullaron sine die.

 

Mucho malintencionado y totalitarista, mucha mente insana, mucho ego y pocas luces. España se nos va de las manos, no sus hermosas tierras sino la gentuza que la desmoraliza y empobrece. Pero los que han podido evitarlo siguen impávidos contemplando cómo se precipita un país hacia la incertidumbre de las radicalidades fielmente acogidas por los ignaros que las aclaman. Luego nos quejaremos de la suerte maldita cuando habría que haber empezado a mirar lo más podrido que representamos por desidia y conformismo. 

 

Se equivocan quienes se confían que con el ejemplo del fracaso en Grecia y Venezuela  va la penitencia de lo podemita. En este país habita mucho necio y aspirante a vivir del cuento de la renta universal; aunque ya no se contemple, el discurso demagógico sigue haciendo estragos entre los inconscientes.

 

Basuras todos los que predican moral sin tener un ápice de decencia, aquí todo el mundo es algo responsable de esta deriva sin norte específico. Los políticos deberían reflexionar antes de que los linchen por la calle: "Empecemos por irnos al carajo nosotros, por incapaces, por recelosos, por falsos, por cínicos, por ser inmundicias que protestan sin saber que protestamos contra nosotros mismos. Hipócritas. Y cuando hayamos asimilado la severa y necesaria lección de la autocrítica, asumir la de la supervivencia porque a este paso nos hundimos todos en el mismo océano de estupidez destructiva; unos por impulsarla, los otros por permitirla".

 

Miserables todos.

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